Giro geopolítico y energético tras el colapso del modelo chavista

Apertura petrolera y acercamiento a EE.UU. abren una ventana para recuperar la soberanía energética venezolana

El anuncio de la narcotiranía venezolana sobre la cooperación energética con Estados Unidos marca el primer cambio estructural serio tras casi tres décadas de ineficiencia, clientelismo y uso político del petróleo como herramienta de control social. La nueva orientación, lejos de debilitar la soberanía, podría devolverle al país capacidad productiva, inversión tecnológica y autonomía económica.

Apertura petrolera y acercamiento a EE.UU. abren una ventana para recuperar la soberanía energética venezolana
Delcy Rodríguez anunció apertura petrolera hacia inversión internacional en un "gobierno" tutelado por Donald Trump  lo que,  según su anterior narrativa, la convierte en "Cachorra del Imperio" 

La inesperada reorientación político-energética de la narcotiranía venezolana hacia Estados Unidos no solo representa un giro geopolítico, sino la primera oportunidad real en tres décadas para recuperar la soberanía energética, la eficiencia productiva y la capacidad financiera del país.

En su más reciente mensaje al país, Delcy Rodríguez, actual presidenta interina  —quien durante años fue una de las figuras más doctrinarias del chavismo— anunció la apertura del sector petrolero a inversión internacional y cooperación técnica estadounidense. El cambio, lejos de ser meramente ideológico, responde a una realidad innegable: el modelo de control estatal utilizado por el chavismo para administrar el petróleo fracasó, destruyó el aparato productivo y convirtió a PDVSA en una caja política clientelar, usada para premiar lealtades, financiar propaganda y mantener el control social sobre la población empobrecida.

Durante los años de la llamada narcotiranía chavista-madurista, el petróleo fue convertido en instrumento de control político, premio para lealtades partidistas y fuente de propaganda, mientras la infraestructura energética se deterioraba a niveles históricos. Refinerías paralizadas, fuga de técnicos especializados y caída drástica de la producción fueron el resultado visible de un modelo antiindustrial y clientelar.

La administración estatal jamás priorizó eficiencia ni productividad: priorizó obediencia partidaria y control social. La soberanía fue slogan, no política pública.

La apertura hacia Estados Unidos: modernización y técnica antes que ideología

El reciente giro del liderazgo chavista venezolano hacia Estados Unidos —incluyendo la venta inicial de 500 millones de dólares en crudo del gobierno venezolano, tutelado por  Donald Trump a empresas norteamericanas— implica por primera vez en décadas tecnificación, inversión, mercado y competencia, los elementos indispensables para que el petróleo vuelva a ser industria y no herramienta de dominación interna.

Lejos de significar una “entrega”, como insisten algunos sectores nostálgicos del chavismo, este alineamiento permite acceso a tecnología, financiamiento y capacidad operativa, condiciones básicas para recuperar producción y reinsertar a Venezuela en los grandes mercados energéticos.

Una soberanía real se construye produciendo, no declamando

Para amplios sectores sociales, empresariales y técnicos, el concepto de soberanía energética ha dejado de asociarse a discursos antiestadounidenses y pasó a vincularse a algo más elemental: autonomía económica y capacidad de generar riqueza.

El chavismo sacrificó ambas y dejó al país dependiente de importaciones, deudas y parálisis productiva. El nuevo enfoque, aunque surgido de la urgencia, abre una posibilidad inédita: despartidizar el petróleo, atraer talento, reconstruir infraestructura y hacer de la renta un motor de desarrollo, no de propaganda.

El desafío que viene: evitar que la nueva etapa sea capturada por viejas élites parasitarias

Los analistas advierten que el éxito del giro dependerá no solo de la relación con Washington, sino de impedir que la apertura sea secuestrada por los mismos burócratas, operadores políticos y redes de corrupción que destruyeron el sector. Si el proceso logra escapar del ADN clientelar del chavismo, Venezuela podría recuperar su principal industria y, con ella, su dignidad económica.

 

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