LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Santiago González avisa a Sánchez: «En el apareamiento con Podemos, será el macho de la mantis religiosa»

"Qué importa que se estén jugando el futuro de su partido. No digo el de España, asunto tan menor a estas alturas"

Santiago González avisa a Sánchez: "En el apareamiento con Podemos, será el macho de la mantis religiosa"
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. PD

La entrevista a Felipe González en El País el 28 de enero de 2016 provoca este 29 de enero de 2016 la reacción de varios articulistas en sus tribunas de opinión. Prácticamente todos coinciden en señalar que, pese a lo enmarañado de sus respuestas (en eso el expresidente socialista es todo un experto en ‘cantinflear’), la conclusión es que él no está bendiciendo un acuerdo con el PP, pero de seguro que lo que no quiere ver ni en pintura es a su partido, el PSOE, pactando con Podemos.

Arrancamos en El Mundo y lo hacemos con Santiago González, que al igual que Felipe González, ve en el acuerdo entre podemitas y socialistas la muerte política de estos últimos aunque sea disfrutando sus últimos días de los goces y los placeres del poder:

Hay algo raro en esta España cuando el pobre Luena sale en el programa de Ana Rosa para ¿contradecir, corregir, matizar? nada menos que a Felipe González. Sería como ver a un monaguillo discutiendo alguno de los escritos teológicos del Papa Ratzinger, no digo del Papa Francisco, que intelectualmente parece más accesible.

Luena dice que está de acuerdo en lo nuclear, a saber, cuando Felipe señala que hace falta un gobierno progresista y reformista. O sea, piensa Luena, justo lo que queremos hacer con Podemos e Izquierda Unida. No exactamente.

El proyecto reformista de Felipe es «un eje en el que no entran los que quieren acabar con esa realidad o ponerla en riesgo». Pregunta Antonio Caño al final por qué se le echa tanto de menos y responde el más ex de los ex, con una respuesta negativa, que porque les (nos) ha dado tiempo a olvidar sus errores, y una positiva, que porque siempre puso por delante los intereses de España.

Una tercera: por comparanza. Él mismo ha olvidado sus errores, aunque mantiene los agravios. Cita el «váyase, señor González» de Aznar, aquel 19 de abril de 1994. No recuerda que a finales de 1995 en la legislatura de los escándalos, Jordi Pujol le retiró su apoyo y le llevó a convocar las elecciones de marzo del 96. Jordi Pujol y por corrupción, manda huevos.

Detalla que:

Hay un hecho significativo: Felipe ha coincidido con el hombre al que más odia en política: José María Aznar, entrevistado en Diario de las Américas al mismo tiempo que González en El País. Los dos coinciden en su oposición radical a Podemos.

Felipe padeció en carne propia los insultos de Maduro elaborados por sus asesores y patrocinados españoles. Lo denunció en un mitin de campaña e insistió el 2 de enero con una tribuna: La destrucción de Venezuela. El fracaso de la revolución bolivariana (I). No hubo un (y II), lo que uno interpretó como una derrota del viejo líder.

Y señala que:

La continuación era probablemente la entrevista de ayer, pero el viejo león ya no es lo que era y los jóvenes barones sólo guardan respeto a quienes reparten el rancho. Alarmados por la situación, 60 antiguos dirigentes se reunieron a almorzar en el Puerta de Toledo para elaborar un comunicado que harán público entre hoy y mañana para advertir de lo que viene. Los barones no son partidarios de una alianza con los secesionistas catalanes, ni activa (con sus votos) ni pasiva (con su abstención) pero no ven malicia en el pacto con Podemos, aunque a Pedro, y al partido en su conjunto, les vaya a tocar en el apareamiento el papel del macho de la mantis religiosa.

En su ignorancia de los hechos, los resultados y las propiedades de la adición, proponen los barones una alianza tripartita entre el PSOE, Podemos y Ciudadanos, que no está por la tarea. Los que deben sus poderes autonómicos a Pablo Iglesias, ¿por qué no le iban a dejar pactar a Sánchez la Presidencia? Después de todo, les gusta más Carmena que Carmona (a Carmona también), qué importa que se estén jugando el futuro de su partido. No digo el de España, asunto tan menor a estas alturas.

Jorge Bustos asegura que le gustaría que llegase Podemos para acelerar entre los españoles que desean su llegada lo que será la mayor de las decepciones:

Por momentos, uno desea que gobierne Podemos para acelerar el «aprendizaje de la decepción» en que consiste la misma democracia, según Innerarity. Hay burbujas, como la inmobiliaria o la populista, que no se desinflan gradualmente: se pinchan cuando el principio adulto de realidad perfora el principio adolescente de placer. Atraganta a España una ilusión de cambio tan hinchada que los pedazos de promesa barata acabarán saltando hasta Bruselas como en una de Tarantino. O una de Tsipras.

Los libros de historia y las páginas salmón se inventaron para no tener que escarmentar siempre en carne propia, pero al censo electoral afluyen cada día nuevos ignorantes ayunos de imaginación (vaya si se puede estar peor) y sobrados de utopía. Si fueron precisos 40 años de franquismo para vacunarnos contra el extremismo de derechas, calculo que cuatro de populismo de izquierdas serán suficientes para aprender que las situaciones complejas no se arreglan con soluciones simples. Que «blindar» en la Constitución el derecho a un curro fijo y a una manta de cuadros en invierno no es lo mismo que crear empleo y regular el mercado eléctrico. Que los desahucios no siempre se pueden prohibir sin desproteger al propietario. Que la suciedad no se muda por cambiar el nombre a las calles. Que el paternalismo de Estado es el opio del pueblo en el siglo XXI, y que una economía esclavizada por el reparto de paguitas sustituye el Estado de Bienestar socioliberal por el «ogro filantrópico» que Octavio Paz descubría en los regímenes latinoamericanos.

Se pregunta sí:

¿Necesitaremos pasar por eso para renegar de mesías comprados en Alcampo? ¿Logrará la democracia domesticar al populismo o embrutecerá este a las instituciones? Serán incógnitas divertidas de despejar si don Sánchez, elegido por las bases y por ello el más básico de los líderes socialistas, persevera en su pacto de regreso.

Ahora bien. Esta ilusión populista, en su doble sentido de anhelo y de mentira, nace de otro estallido: el de la burbuja tecnocrática. En el momento en que Rajoy presenta una EPA indiscutible, también se le discute. ¿Por qué? Porque el marianismo, en el polo opuesto del populismo, no deja de representar una suerte de extremismo tecnocrático, de renuncia a la empatía que todo liderazgo que se quiera duradero debe dominar. El PP de Rajoy no ha sido un proyecto político sino una correduría de seguros, y aunque la economía española se ha beneficiado de un gobierno de técnicos, nadie entrega enamorado su voto a su dentista ni a su asesor fiscal. Cruel paradoja: el opositor Rajoy, tras aprobar con nota la materia económica troncal, acaba suspendiendo en el examen sorpresa de la política, que lo enfrentó a una marca comida por la corrupción y bloqueada por la afasia funcionarial.

Sentencia que:

Un partido en el poder no debe tan solo volcarse sobre problemas de orden gerencial: debe aspirar a construir un cierto modelo de sociedad, defendiendo una posición en la batalla de las ideas. Podemos combate por un proyecto social muy determinado. A esa arcadia siniestra el PP no opone otra cosa que una alarma fundada, pero escasamente sugestiva. Don Mariano arrasaría entre votantes como Pla, para quien vivimos en un valle de lágrimas corregido por un sistema de propinas. Pero en España ha bajado el número de sanos escépticos y ha crecido el de creyentes con baja tolerancia a la frustración que reclaman de la política lo que los niños esperan de la magia, y que no han descubierto todavía que la decepción es la premisa misma de la democracia.

Federico Jiménez Losantos también se centra en la entrevista que le hacen a González en el diario de PRISA:

Es triste, aunque fascinante como la caza de un asesino en serie, leer lo que cuidadosamente dictó anteayer Felipe González al presunto director del diario de Cebrián. Lo importante: el PSOE no debe dar al PP el tratamiento de un apestado dentro del sistema constitucional, aunque Rajoy apeste. Lo paradójico: es el tratamiento que González y Cebrián impusieron en el PSOE contra el PP -el dóberman- desde la tercera legislatura sociata, para no dejar el Poder y evitarle a Tigrekán el horizonte penal del GAL y la corrupción, a cuyo lado la del PP y hasta la del PSOE-A son naderías.

Apunta que:

Y lo terrible es que, descabalgados del Poder en 1996, González y Cebrián teorizaron el aislamiento del PP, rompieron el pacto PP-PSOE en el País Vasco (2001, Cebrián, El discurso del método), defendieron que el PSOE sólo debe pactar con comunistas y separatistas y lo explicaron en su libro El futuro no es lo que era, que propugna una «dictadura perfecta» como la masónica del PRI en la que la Derecha tendría vetado el acceso al Poder, como los católicos en México desde la Cristiada a Colosio. Y ZP, que empezó como Blair con Thatcher, dispuesto a heredar y matizar la bonanza económica de Aznar («bajar los impuestos es de izquierdas») se embarcó desde el fatídico 2001 en una oposición callejera y violenta al Gobierno y al PP, en campañas de deslegitimación de la Derecha como Nunca Mais y el No a la Guerra; o en apaños genuinamente golpistas: Perpiñán, Tinell, 11-M, diálogo con la ETA, nuevo Estatuto de Cataluña… y 15-M.

Y concluye:

El PRISOE utilizó a la extrema izquierda y al nacionalismo contra el PP (y UPyD y C’s). Y ahora Felipe comprueba que lo que el felipismo ideó no sólo está a punto de liquidar al PP sino a ese PSOE que creyó regentar eternamente un régimen de odio en el que la derecha, que osó traer la democracia sin consultarles, no debía gobernar por ser eternamente franquista. Eso decían, aquí y en el extranjero, González y Cebrián, que, sin embargo, tiene en Soraya a su tesorera y copresentadora con Snchz de elpais.cat, mientras él presentaba a Rajoy ante la crema de la masonería gala. PRISA, inquilina de Pujol, es aún la legitimadora del separatismo catalán y del perroflautismo, que, convertido en lobo podemita, aterra a González. Es su monstruo, pero tiene razón: no sólo devorará al PSOE.

En ABC, Carlos Herrera hace suyas las palabras del expresidente González sobre los pactos:

Ya está dicho hasta por perifrástica: de las tres opciones que tiene el PSOE, la de pactar con Ciudadanos y con el PP -de una manera o de otra- es la menos mala. Las tres son malas, de acuerdo, pero las otras dos suponen navegar peligrosamente por la tragedia. Creo que eso lo ha dicho Felipe González: tiene razón, pero no fuerza. Pactar con Podemos es asegurarle al país una carrera de obstáculos en el momento en el que está recuperando el uso de las dos piernas, además de comportar el peligro de meter una cobra entre las sábanas de una difícil noche. Unas nuevas elecciones suponen, como le dijo Javier Fernández al Rey, ser borrados en determinados escenarios, como el asturiano, por ejemplo. La tercera escena comporta tragarse un sapo, pero estabiliza el país, puede dotarlo de una Ley de Educación consensuada, una Reforma Constitucional saludable y una estabilidad política imprescindible para el par de años que está pensado que dure.

Recalca que:

Pero Sánchez ha dicho demasiadas veces que no y lo ha hecho, además, de forma desabrida y maleducada, cual si la derecha democrática apestara. Yo sé que algo apesta -el último pasaje de corrupción no ayuda precisamente a que sea fácil pactar con ellos-, pero solo Ciudadanos no tiene manchas de sudor en sus axilas: no han gobernado en ninguna parte y se sienten virginales. Ya veremos lo que tardan en dejar de serlo. El PSOE de Sánchez, que es el de todos, también tiene sus cadáveres a medio enterrar en el jardín. El PP de Rajoy es el de los recortes, como dice Schz, pero el socialismo de política bonita de ZP nos llevó a un déficit infernal y, finalmente, también a recortes severos incluso en las pensiones. Nadie está libre de ERE, vengo a decir. La teatralidad de ese «NO» sonoro y seco despierta sospechas en algunos, pero básicamente contrasta con la carita de arrobo que puso después de la humillación a la que le sometió Podemos el pasado viernes. Cuando Rajoy le ofrece apoyarle en ciudades y autonomías, Sánchez se siente ofendido, pero cuando Iglesias le perdona la vida y le confecciona un gobierno sólo responde con ironía blandengue de arrobado novio consentidor. Ahí, por el contrario, no ve ningún impedimento en que Podemos sea la criatura iraní y venezolana que las evidencias demuestran, o que propugne políticas incompatibles con Europa, o que defienda el troceamiento de la Nación mediante consultas o refrendos no contemplados por la ley.

Y precisa que:

La gran esperanza blanca y andaluza de la España menos aventurera, Susana Díaz, ya ha aclarado lo que quienes la conocemos venimos diciendo hace semanas: la presidenta de la Junta de Andalucía no ha estado jamás por pactar con el PP. Es cierto que tampoco a hacerlo con Podemos. Lo que deja un único camino abierto a nuevas elecciones -un pacto con C’s es inútil sin el concurso del PP- y que sea lo que Dios quiera. El Rey está pensando en ello como mal menor y sopesando si hacerlo mediante la muerte lenta de los plazos establecidos en las reglas o mediante una disolución por incomparecencia de los candidatos. Es una mala solución para casi todos, pero supone repartir de nuevo cartas. A ser posible, cuanto antes. La extrema izquierda se frota las manos, ya que le ve la matrícula a Sánchez y quiere adelantarle mediante cualquier sistema, gobernando con él o yendo a por su gaznate en nueva convocatoria. Y estos chicos -y chicas- parecen dispuestos inopinadamente a darle gusto. De ser así, lo del Pasok griego va a ser una broma de Halloween comparado con la noche de Viernes 13 que les espera. Algunos dentro del socialismo español lo ven, pero no están de moda o tienen menos fuerza que un muelle de guita. Qué se le va a hacer.

Hermann Tertsch apalea al Gobierno del PP por haber consentido que la ultraizquierda haya manejado todos los medios de comunicación y ahora le estén pagando con la moneda de sacar y ampliar los casos de corrupción de los populares aquí y allá:

El titular de la noticia dada a conocer a las nueve de la mañana de ayer merecía entusiasmo. España creó en el pasado año medio millón de puestos de trabajo y recuperó los niveles de empleo de 2011. De esta forma, 2015 cerraba con 18.094.200 ocupados, el nivel más alto de empleo desde finales de 2011, y con 4.779.500 parados, la cifra más baja de desempleo desde finales de 2010. Esta noticia a todas luces soberbia, merecedora de ser celebrada por todos tras casi ocho años de brutal crisis económica, sucumbía apenas aparecer en las pantallas de los diarios digitales, «empujada hacia abajo» en su relevancia por una catarata de informaciones casi nimias sobre especulaciones y declaraciones sobre la formación de gobierno.

Dice que:

La buena noticia no importa. Como tampoco importan ahora, de momento, las malas que sugieren que ya hemos empezado a pagar la factura de la desestabilización definitiva del escenario político e institucional español. Mejor no alarmarse con lo que hay, porque nos llevaría al infarto con lo que va a llegar pronto. Las terminales mediáticas de la operación izquierdista de asalto y liquidación de la Constitución han desactivado hace tiempo cualquier posibilidad de que noticias positivas de la economía, aunque innegables, puedan debilitar la narrativa de descalificación total del gobierno, del sistema y del orden constitucional. Han contado con la colaboración del PSOE que bajo Pedro Sánchez alcanza nuevas cotas de deslealtad institucional, seducido por los cantos y éxitos del populismo revanchista y comunista. Y cuentan con la impagable aportación del gobierno del PP. Que dio las armas mediáticas y los argumentos a la ultraizquierda para que esta agresión se consumara. Y ahora, con la ciega obstinación de Rajoy por no retirarse y la impotencia del partido para obligarle a hacerlo, incrementan cada día que pasa la posibilidad de que un Frente Popular cristalice en una catástrofe nacional que pagarían generaciones. Quizás en una España rota en míseros estados fallidos y desgajados de una Europa en proceso de al menos parcial desmantelamiento.

Las buenas noticias no importan porque dejan de existir cuando solo se explican como trampas. Como mentiras de un Gobierno impotente, corrupto y falaz, cuyo partido e ideario son criminalizados a marchas forzadas en una deriva delirante que muy pronto puede plantear la amenaza directa para la seguridad de españoles cuyo único delito es ser identificados con una opción política no izquierdista. Los defensores de la Constitución española que sufren acoso, amenazas y represalias en el País Vasco y en Cataluña desde hace años, están hoy a la defensiva en toda España. Y la acritud, la agresividad y la disposición a la violencia crecen.

E insinúa que de seguir así las cosas, en este país puede acabar habiendo algo más que agitación:

Si la defensa de la Constitución era hasta ahora «inmovilismo», ya es ser «enemigo del cambio» y como tal «enemigo de la gente», luego una vez más «fascista» o cómplice de los mismos. Felipe González o a José Luis Corcuera por decir cuatro obviedades sobre el partido Podemos: que son comunistas que una vez en el poder destruirán a sus aliados socialistas como también la democracia. La verdad está cautiva. Quién la proclame es perseguido. La maquinaria de la agitación y propaganda que este gobierno dejó en manos de buhoneros sin escrúpulos y enemigos de la democracia es la artillería de la ofensiva de una minoría radical para imponer un Frente Popular que acabe con la Constitución y la Nación española. Y la mayoría asqueada con razón por la política, inane y no avisada, es incapaz de ver las amenazas. Estamos ante un disparate histórico de unas dimensiones tan terriblemente abrumadoras que solo puede compararse ya al delirio conjunto de los españoles de los tiempos finales de agonía de la II República.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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