Han salido a la luz unos audios donde el contable de los prostíbulos del suegro de Sánchez, Sabiniano Gómez, desvela sin tapujos la lógica mercantil del negocio: “Cuantos más ingresos, más comisiones para las putas”. La frase, pronunciada en tono coloquial y crudo, resume a la perfección la gestión empresarial que durante años marcó a la familia política del líder socialista.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, este escándalo conecta con una trama que lleva semanas alimentando titulares y rifirrafes parlamentarios. El asunto ha sido especialmente explotado por la oposición, que ve en los negocios sexuales del entorno de Sánchez un filón para atacar tanto su credibilidad personal como la coherencia ideológica del PSOE, partido que desde hace años abandera una cruzada abolicionista contra la prostitución.
Los hechos se remontan a los años 80 y 90, cuando Sabiniano Gómez dirigía varios prostíbulos masculinos y femeninos en Madrid y otras localidades. Estos locales funcionaban adscritos a la empresa San Bernardo 36 S.L., empresa familiar en la que también participaban otros miembros del clan Gómez. Entre los implicados aparece el nombre de Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, que según varios testimonios y documentos habría realizado tareas contables y administrativas en estos negocios. La gestión directa pasó a un tío de Begoña tras su boda con Sánchez en 2006, aunque los beneficios siguieron nutriendo el patrimonio familiar hasta bien entrada la década pasada.
Según narran antiguos empleados, las dinámicas eran tan directas como descarnadas. El encargado relataba cómo se repartían comisiones con las trabajadoras sexuales, cómo se invitaba a policías y cómo los pagos “en B” eran práctica común. Las tarifas tampoco dejan lugar a dudas: “15.000 pesetas el polvo”, según declaraciones recogidas en prensa reciente.
El escándalo ha adquirido tintes de tragicomedia nacional porque golpea donde más duele al PSOE: su discurso feminista y abolicionista. Mientras Sánchez defiende leyes para erradicar la prostitución, su entorno más cercano aparece vinculado al negocio sexual por excelencia. La ironía no ha pasado desapercibida ni para rivales políticos ni para medios internacionales: “¿Cómo puede Sánchez prometer acabar con los burdeles si su familia se enriqueció gracias a ellos?”, se preguntaba recientemente un columnista británico.
En el Congreso, Alberto Núñez Feijóo ha disparado con bala: “Sánchez es partícipe a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución”. La respuesta socialista ha oscilado entre el silencio incómodo y el intento de desacreditar las informaciones como ataques personales o bulos sin fundamento judicial. Sin embargo, algunas portavoces del PP han ido más allá, sugiriendo que incluso los pisos donde ha vivido Sánchez pudieron ser adquiridos gracias a los rendimientos de estas empresas familiares.
El asunto trasciende lo meramente económico. Audios filtrados atribuidos al excomisario Villarejo revelan que algunos locales gestionados por los Gómez habrían sido utilizados para grabar a personalidades influyentes —jueces, empresarios, periodistas— con fines presuntamente extorsivos. No existen pruebas judiciales concluyentes sobre este extremo, pero los testimonios alimentan teorías sobre chantajes políticos e incluso operaciones policiales encubiertas contra ETA con el visto bueno del propio Sabiniano Gómez.
Ascenso en política de Sánchez, cierre de los prostíbulos
Un dato curioso —y nada menor— es la sorprendente sincronía entre el ascenso político de Pedro Sánchez y la progresiva reconversión o cierre de estos negocios. Cuando en 2006 Sánchez da el salto al Congreso como diputado del PSOE y se casa con Begoña Gómez, Sabiniano cede oficialmente el timón empresarial. Poco después, los locales van desapareciendo o transformándose en salones de boda y espacios para eventos; una metamorfosis empresarial tan acelerada como sospechosa para muchos observadores políticos.
Actualmente, buena parte del patrimonio familiar proviene del alquiler de fincas para bodas o eventos sociales. Eso sí: la herencia inmobiliaria acumulada por San Bernardo 36 S.L. sigue generando ingresos nada desdeñables —alrededor de un millón de euros según estimaciones recientes— y mantiene propiedades repartidas por Madrid, Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares y Segovia.
Curiosidades jugosas sobre el caso
- El club Kilómetro Ochenta, gestionado por un tío político de Sánchez, fue objeto en 2016 de una redada policial tras una alerta diplomática rumana; allí llegó a producirse una condena judicial por forzar a una mujer a prostituirse.
- En foros online aún circulan reseñas nostálgicas (y picantes) sobre las saunas familiares: “Por solo 40 euros podías divertirte mucho con esos macizos”, reza uno de los comentarios rescatados recientemente.
- Los audios filtrados contienen bromas internas sobre las promesas electorales abolicionistas del propio Pedro Sánchez mientras su suegro regentaba “puticlubs”: “¡Vamos, no me jodas! ¡Es que hay que ser tonto a las tres!”.
