VOX se muestra firme ante el PP en Extremadura y Aragón: no habrá acuerdos hasta conocer el desenlace en Castilla y León. María Guardiola, presidenta en funciones, se prepara para enfrentar las primeras votaciones de investidura sin contar con los 11 diputados de Santiago Abascal, que son cruciales tras las elecciones autonómicas del 21 de diciembre.
La tensión aumenta con exigencias claras que trascienden la mera búsqueda de cargos: quieren políticas efectivas o nada.
La táctica de Vox es evidente. Han decidido congelar las negociaciones tanto en Mérida como en Zaragoza hasta después del 15 de marzo, jornada electoral en la comunidad liderada por Alfonso Fernández Mañueco.
Si logran alcanzar un 25% de los votos, sus demandas se intensificarán. En Génova, hay temor a que este posible crecimiento confirme que VOX sigue en ascenso, complicando la situación para barones como Guardiola o Jorge Azcón. Mientras tanto, el PP sueña con gobiernos mayoritarios o abstenciones del PSOE, aunque nadie regala nada.
Exigencias que van al hueso
Ignacio Garriga, secretario general de Vox, establece el tono. No les basta con formar parte del Gobierno; exigen garantías para implementar su programa político. En Extremadura, sus demandas son contundentes:
- Eliminar el impuesto anual de 70 millones a la central nuclear de Almaraz, fundamental para cientos de empleos en la región.
- Control riguroso sobre la inmigración: eliminar plazas para menores extranjeros no acompañados, establecer pruebas de edad obligatorias y acabar con subvenciones que promuevan la «inmigración ilegal».
- Derogar la ley LGTBI regional y suprimir el Instituto de la Mujer, así como eliminar ayudas a sindicatos, patronal y entidades relacionadas con «ideología de género».
- Rechazar la Consejería de Agricultura ofrecida por el PP y solicitar dos carteras con presupuesto propio, además de un senador territorial que consideran innecesario. Prefieren tener un 16,8% del Gobierno, acorde a su número de escaños.
Estas solicitudes no son caprichosas, enfatizan desde Bambú. Representan un doble incremento en los resultados electorales, pasando de 5 a 11 diputados. Óscar Fernández Calle, líder regional de Vox, advierte: si Guardiola persiste con políticas relacionadas con género o una inmigración permisiva, mejor que se dirija al PSOE. El PP ofrece un pacto donde muchas «líneas rojas» están contempladas, pero ante esto, Vox se levanta: «No buscamos votos gratuitos ni papeles decorativos».
La misma historia se repite en Aragón. Azcón queda atrapado mientras Madrid toma decisiones. El primer mensaje enviado por WhatsApp desde el PP choca con un «esperad a Castilla y León». Aunque Guardiola presiona para realizar una investidura el 3 de marzo, en las filas de Vox lo ven como una estrategia vacía: «Se estrellará y estamos tranquilos».
Antecedentes de un tira y afloja eterno
Este enfrentamiento no es nuevo. Tanto Guardiola como Azcón adelantaron elecciones culpando a Vox por hacer fracasar los presupuestos, buscando así mayorías absolutas o acuerdos alternativos. Sin embargo, no lograron su objetivo. El PP liderado por Alberto Núñez Feijóo prefiere gobiernos monocolores como los vistos en Cantabria, donde cuentan con abstenciones del PRC; pero saben que Vox no se abstiene sin más.
En Castilla y León, ya ha comenzado el ataque por parte de Mañueco, quien sostiene que Vox carece de capacidad para gobernar y Alvise le resta dos puntos por provincia.
El bloqueo activa los mecanismos parlamentarios. Después de dos votaciones fallidas –la primera requiere mayoría absoluta el 3 de marzo y la segunda mayoría simple el 6– hay dos meses para intentar llegar a un acuerdo antes que surja la posibilidad de repetir elecciones. Desde Vox lo ven como algo probable y potencialmente beneficioso: su crecimiento tras los comicios en Extremadura y Aragón les da alas. El PP se encuentra atrapado en sus propias complicaciones mientras Vox responde con desplantes.
¿Qué pinta en el tablero nacional?
Este tira y afloja autonómico también afecta a Madrid. Feijóo tiende la mano hacia Vox, pero ellos piden proporcionalidad. En Extremadura han tenido tres reuniones pero han surgido pocas propuestas concretas según comenta Guardiola. Ella busca priorizar acuerdos con Vox aunque rechaza postulados extremos. El PSOE confía su futuro a la inestabilidad generada por estos pactos.
Si las elecciones en Castilla y León favorecen a Vox, es probable que el PP tenga que ceder más en Mérida y Zaragoza: vicepresidencias, control sobre Canal Extremadura o auditorías a ONGs podrían estar sobre la mesa. De no ser así, nadie desea una repetición electoral excepto los seguidores de Abascal, quienes ya huelen sangre.
Para finalizar algunas curiosidades: Almaraz genera el 10% de la energía extremeña y sostiene 3.000 empleos directos. Aunque Vox rechazó tener un senador porque «no aporta nada», sí busca controlar aspectos relacionados con seguridad para vigilar menores inmigrantes –Extremadura gestiona alrededor de 200 al año–. En Castilla y León competirán 131 listas, siendo Alvise oficializado en todas las provincias. ¿Quién dijo que la política autonómica era aburrida?
