BATALLA EN LA DERECHA INDEPENDENTISTA

Los okupas, Badalona, Orriols y el ‘teletubbie’ Puigdemont: la disputa que revela la guerra fría independentista

El desalojo del B9 en Badalona provoca una intensa confrontación entre Sílvia Orriols y Carles Puigdemont, mostrando la lucha por el voto secesionista.

La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, y Carles Puigdemont de Teletubbie
La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, y Carles Puigdemont de Teletubbie. PD

La ‘derechona’ catalana anda afilando los cuchillos.

La escena es impactante: 400 inmigrantes desalojados de un antiguo instituto okupado en Badalona, vecinos movilizados, la Generalidad improvisando alternativas de alojamiento y, en medio de todo este tumulto, el independentismo enfrenta una crisis interna tras un desaire televisivo.

Este episodio ha transformado un problema social y de seguridad en un barómetro político de gran relevancia.

Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana y alcaldesa de Ripoll, ha aprovechado la situación del B9 para confrontar a Carles Puigdemont y mostrar, sin rodeos, cómo el soberanismo se ha volcado hacia un discurso más identitario, antiinmigración y abiertamente rupturista respecto al antiguo espacio convergente.

Del B9 de Badalona al “teletubbie”: análisis de un choque

El origen del conflicto es conocido. Un juzgado ordena el desalojo del viejo instituto B9 en Badalona, donde residen aproximadamente 400 inmigrantes subsaharianos. El alcalde, el popular Xavier García Albiol, lleva a cabo el desalojo apoyándose en un vecindario que expresa su hartazgo por las okupaciones, inseguridad y actividades ilícitas alrededor del edificio.

La Fiscalía solicita un informe para determinar si el Ayuntamiento ofreció alternativas habitacionales, ya que la orden judicial exigía garantizar una salida mínimamente digna para los ocupantes. La Generalitat de Salvador Illa activa rápidamente recursos de emergencia para evitar que el grupo considerable de personas que dormían bajo el puente de la C-31 continúe expuesto a la intemperie bajo la lluvia.

En este escenario, Puigdemont irrumpe desde Waterloo con una solemne “declaración institucional” grabada. Sin mencionar a Orriols, critica a Albiol por sus “actitudes incendiarias” y reprocha a Illa su “incomparecencia” y su “dimisión del liderazgo”. Exige que no se vulneren los “derechos más fundamentales” de los desalojados y propone la receta habitual de Junts: más competencias para la Generalitat y un cambio en el modelo de gestión migratoria.

La réplica de Sílvia Orriols es directa como una flecha, lanzada desde las redes sociales: “¿Os los enviamos a la Casa de la República?”, pregunta aludiendo a la residencia simbólica de Puigdemont en Waterloo.

Basta ya de discursos teletubiescos. Ustedes son corresponsables del sufrimiento que vive Cataluña. No tienen credibilidad ni soluciones. Son parte del pasado. Los catalanes exigimos nuestro futuro”.

Con este mensaje contundente, Orriols convierte el drama del B9 en un verdadero plebiscito interno del independentismo: o bien se opta por un soberanismo “blando” y garantista como el de Junts, o por uno identitario y firme como el que ella representa.

La derecha independentista, a cara descubierta

Lo que está en juego es mucho más que un cruce ingenioso de tuits. Se trata del liderazgo dentro del espacio secesionista por parte de la derecha.

Aliança Catalana gana terreno en las encuestas a expensas de Junts, con un discurso centrado en temas como la inmigración, seguridad y “sustitución demográfica”.

Orriols se posiciona como portavoz de los llamados “catalanes de a pie”, quienes ven tanto la okupación como la inmigración irregular como amenazas directas a su convivencia.

Junts intenta mantener un equilibrio complicado entre su relato sobre los derechos humanos, las críticas hacia Albiol y la necesidad urgente de no perder apoyo ante un electorado cada vez más inquieto por la inseguridad.

La reacción del entorno cercano a Puigdemont evidencia cierta inquietud: sus seguidores critican a Orriols por sus palabras sobre el “presidente en el exilio”, aunque ya es demasiado tarde para evitar el daño político causado. La líder de Aliança no solo se mantiene firme; remata con un contundente “soy alguien que desgraciadamente le creía”, una frase que sella definitivamente la ruptura entre el independentismo tradicional y esta nueva ola más identitaria.

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