El pasado jueves por la tarde, bajo una lluvia incesante, los reyes Felipe VI y Letizia lideraron en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva la misa funeral en memoria de las 45 víctimas del trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, el más grave en la historia de la alta velocidad española. Este fatídico incidente tuvo lugar el 18 de enero en Córdoba, cuando dos trenes chocaron, provocando un saldo devastador: 28 fallecidos onubenses, numerosos heridos y un país sumido en la conmoción. Los monarcas, ataviados con vestimentas de luto riguroso, fueron recibidos con aplausos y vítores al descender del vehículo, pero un detalle registrado por las cámaras provocó revuelo: mientras Felipe VI se santiguaba con devoción al pasar ante el altar, Letizia inclinó ligeramente la cabeza como signo de respeto, sin realizar el gesto de persignarse.
Este acto, habitual para la reina según diversos antecedentes, no pasó desapercibido. En plataformas como X, muchos lo interpretaron como una falta de respeto o un rechazo a las tradiciones católicas. Recordaron episodios similares: desde el funeral de Isabel II en Westminster hasta la misa del patrón en Santiago de Compostela o incluso eventos con sus hijas Leonor y Sofía. Usuarios de las redes sociales destacaron esta «polémica recurrente», con ciudadanos indignados calificándolo de «desacato» en un momento tan solemne. No obstante, sus defensores argumentan que refleja una coherencia personal: Letizia, originaria de Asturias y periodista antes que reina, siempre ha preferido gestos sutiles en ceremonias religiosas, evitando actitudes que no reflejen su fe personal. El obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, no hizo referencia al asunto y elogió la «cercanía» mostrada por los reyes al saludar personalmente a los 336 familiares y supervivientes al final del acto.
La ceremonia fue oficiada por Gómez Sierra, junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, y el obispo emérito José Vilaplana, congregando a unas 4.350 personas, desde vecinos hasta autoridades locales. La vicepresidenta María Jesús Montero representó al Gobierno ante la ausencia del presidente Pedro Sánchez, mientras que el presidente andaluz, Juanma Moreno, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se situaron en las primeras filas. El altar estaba adornado con la imagen de la Virgen de la Cinta, patrona onubense, y un crucifijo bendecido por el papa Juan Pablo II. En un emotivo momento, Liliana Sáenz, hija de la fallecida Natividad de la Torre, conmovió a los asistentes pidiendo «verdad y justicia» desde una postura serena, criticando indirectamente la polarización política y agradeciendo a los servicios de emergencias y voluntarios.
