Rajoy traicionó a los muertos.


Curiosamente, en el 2004 publiqué en El ojo crítico un artículo que titulé “Zapatero traicionó a los muertos”, frase acuñada por Mariano Rajoy en uno de los primeros debates sobre el estado de la nación de la primera legislatura socialista. Estas eran mis reflexiones de entonces:

“ETA se ha dedicado por espacio de veinte años a matar gente para amedrentar al Estado y forzarlo a que se siente a negociar. El Estado, al igual que todos los gobiernos avanzados, hasta ahora se había negado a dialogar con los asesinos. Pero el atentado del 11-M, perpetrado por islamistas –muy conectados con ETA aunque el Gobierno no quiera reconocerlo—les ha aflojado las piernas a los que en este momento llevan las riendas del país, y han cedido ante el chantaje de la banda. Y ahí los tenemos, sentados frente a frente, dispuestos a hacer una transacción. Los asesinos ponen sobre la mesa sus mil muertos, el dolor y el desasosiego sembrado en la ciudadanía en estos veinte años de bombas y asesinatos. El Gobierno no sabemos qué es lo que va a poner porque lo mantiene en secreto. […] ETA no se va a vender barata, porque mil cadáveres son muchos cadáveres y, con toda seguridad, seguirá exigiendo aquello por lo que ha venido matando gente durante todo este tiempo: la independencia de Euskadi”.

Bien, pues, después de trece años de camino trazado y allanado por los socialistas, con una sociedad macerada en el relativismo moral y cada vez más anestesiada ante todo aquello que no toque su bolsillo –también hay que entenderlo—, aquí tenemos al flamante PP de “Zapatero traicionó a los muertos”, repitiendo la jugada. ¿O no? Desde aquel día, en plena campaña electoral de las generales, cuando ETA emitió el babeado comunicado de abandono de la lucha armada –aire fresco para un Rubalcaba tan asfixiado, que ni eso consiguió reanimarle—, estábamos a la espera de la reacción del Gobierno-PP en materia terrorista. Ya en su día tildamos de tibias las declaraciones del entonces candidato de la derecha respecto al contenido del comunicado, pero a su vez quisimos ser benévolos; estábamos en campaña, las encuestas prometían, y no había necesidad de crispar. Razonable hasta ahí, pero siempre nos mantuvimos a la expectativa por si había una estrategia oculta o surgían tentaciones de cambio en esta materia. Y apenas a los cinco meses, irrumpió la noticia de las concesiones a ETA por parte de este Gobierno, en forma de “plan integral de reinserción de los terroristas”, que incluye a grapos, yijadistas y demás angelitos del crimen organizado, estos últimos para desviar la flecha que apunta a nuestro gran enemigo, la banda ETA.

Parte de sus reivindicaciones ya las han conseguido; incluso están en las instituciones, parlamentando de tú a tú con los demócratas, enemigos de las pistolas aunque sean de agua. Este nuevo “pacto de paz” del Gobierno, vuelve a revolver a los muertos en sus tumbas; un plan llamado eufemísticamente de reinserción, cuando se trata de un plan de impunidad terrorista y que a diferencia del suscrito por el PSOE de Zp, en el que se hablaba de pacto abiertamente, en el de Rajoy se dice que no hay tal, y que no se va a modificar la política penitenciaria. “La posición del Gobierno es la misma de siempre, que ETA tiene que desaparecer –no hay más camino que ese, y el cumplimiento de la ley”, Mariano Rajoy dixit, y añade que nunca han negociado con la banda terrorista ni lo van a hacer. No entendemos esto. Curiosamente nos pasa como a Mayor Oreja. Menos mal que para atenuar sus penas, los asesinos, podrán asistir a cursos donde se les diga que han sido unos niños malos y que tienen que arrepentirse, conditio sine qua non para acercarse al terruño primero, y a casita después. Es decir que, dentro de poco, Ortega Lara, que entregó su carné de militante cuando ya no pudo soportar más las náuseas que le producía la nueva línea, y María San Gil, apartada por las Cospedales del nuevo PP, se encontrarán cara a cara con los terroristas antes de lo que pensamos. Y lo mismo las esposas, madres, padres, hermanos, hermanas, hijos e hijas de los muertos. ¿Cómo se nos quedó la cara a quienes tantas palabras, habladas y escritas, destinamos a criticar las iniciativas suicidas de Zapatero en materia etarra? Pues nos quedamos pasmados, con cara de bobos solemnes porque no entendemos nada. “Demasiado para mi body”, dice Dávila. Pues para el mío, ni le cuento; la concentración de incongruencias peperas ha alcanzado la saturación.

¿Dónde se quedan aquellas manifestaciones multitudinarias encabezadas por el PP –el PP clásico, digamos—y las víctimas, en las que se leían emotivos manifiestos dejando claro que a ETA, ni agua, y de concesiones, ninguna? ¿Y cómo se les quedó la cara a las víctimas del terrorismo? Pues también están pasmadas e indignadas, y se niegan a aceptar estos planes siniestros. ¿Y las caras de Patxi López, del PSOE en pleno, de Amaiur y del PNV? Estos sí están festejando la lotería. Ni ellos mismos se creen que la entrega del Gobierno sería con tanta celeridad. Total que están de fiesta. Incluso ya están proponiendo que se rompa el pacto con el PP vasco y propiciar la unión con el PNV. Claro, de libro, todos ellos son expertos en árboles y nueces, y persiguen el mismo objetivo. Ahora, los asesinos de ETA van a volver a su entorno, con la particularidad de que ya no será necesario que pidan perdón a las víctimas. Solo tendrán que renunciar a la violencia y desmarcarse de la banda, es decir, nada. ¿Y cómo se le queda la cara a Rajoy cuando, en política terrorista, sigue los pasos de Z? ¿Por qué este plan de acercamiento de presos, cuando ETA ni se ha disuelto, ni ha abandonado las armas y, además, se sospecha que podría volver a la lucha armada? ¿Por qué el Gobierno del PP se parece tanto a lo que fue el Gobierno del PSOE? ¿Tiene ideología el Partido Popular o solo ansía el poder? En este caso, lo tienen, pero, ¿hasta cuando?

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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(28/4/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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