
Ni me atrevo, ni quiero hablar de Bankia, aunque es el tema de estos días. Y si bien en los círculos financieros de los Botines era un problema que había que solucionar, los que vivimos en los pisos más cerca del entresuelo, estábamos lejos de vislumbrar algo así. Al menos, yo; y he preguntado por ahí, y tampoco. Pero somos tan avezados que, en cosa de cuatro días, casi todos nos hemos doctorado en Bankia; un poco más de las dos tardes de Sevilla, después de todo. Dios mío, ¡qué barullo!, ¡cómo está el patio!, y no me refiero al parqué, que también. Economía, economía y más economía. Báñez, De Guindos, Montoro, otra vez De Guindos y continúa la serie. Ahora esperamos las mañanas de los viernes, no como agua de mayo, sino como helada de junio, de esas que abrasan los brotes verdes de la vid y la ilusión de los viticultores. “Más reformas cada viernes”, anunció don Mariano. Dicho y hecho, pero el monstruo de Bruselas no tiene bastante y hay que inmolarle más doncellas. Menos mal que todavía queda en España mucha carne y sangre fresca para el dios Mamón. ¡Pero cuidado! En el cuento, para saciar su voracidad, el dragón pide a la hija del rey, y eso ya es otro cantar. Las reformas de hoy obligan a los bancos a sacar de sus balances todos los activos tóxicos y ponerlos a la venta o alquiler a precio de mercado. Nada menos que 15.000 millones de euros del FROB para ayudas a los bancos, sin ningún tipo de coste para el ciudadano, según De Guindos. Las entidades deberán devolver este dinero en cinco años y pagar un interés del 10%. También deberán incrementar las provisiones desde el 7% al 30%, lo que supone la nada despreciable cifra de 30.000 millones de euros.
Aparte de los cuatro millones de euros que el Gobierno invertirá en una campaña para explicar la reforma laboral, tendrá que gastar otros tantos en convencer a los ciudadanos del agravio que sufren en relación con los bancos, en este momento de restricción de crédito, enemigos declarados de las pymes y los ciudadanos, víctimas a su vez de las malas prácticas, usura vergonzosa, cuando no atraco a mano armada, con la anuencia del Estado, léase participaciones preferentes y subordinadas, la vergüenza del siglo. Es de admirar la paciencia y grado de civilización de estas buenas gentes estafadas, en su mayor parte humildes ahorradores, de edad avanzada, sin perfil financiero y fáciles de engañar. Me extraña que no se tiren a la yugular de esos directivos con indemnizaciones millonarias, que ¡a ver si las devuelven!
El super rubio señor de los disgustos, Oli Rehn, acaba de decir que, a pesar de todos los recortes, no cumpliremos con el objetivo de déficit ni este año, que no bajaremos del 6,4% del PIB, frente al 5,3 previsto, ni en el 2013 que se estima que sólo alcanzaremos el 6,3%, muy lejano al 3% comprometido. Es el veredicto de la Comisión Europea, aunque el ministro De Guindos es más optimista y sigue diciendo que España sí cumplirá. Otra cosa es la tasa de paro: un 24% para este año y un 25% para el 2013 es preocupante. Como preocupante es el desencanto generalizado entre los ciudadanos; y no me refiero sólo a los proclives a dejarse manejar por Toxo, Valenciano y otros profesionales de la demagogia, sino a personas de otro perfil, de ideas claras y razonadas que ven en el Ejecutivo de Rajoy una continuación del Gobierno de Zapatero. Ah, pero con Cospedal, que manda casi más que Rajoy, y eso irrita a muchos y no es para menos. Que tenga cuidado el gallego, que la manchega es la ambición en estado puro, y al menor desliz lo manda a la reserva. No en vano está tejiendo su tela de araña en Génova y alrededores. Algunas moscas ya están siendo mareadas en el torbellino.
Y mientras todo esto ocurre y nuestros políticos se afanan en las grandes economías y en sus juegos de Monopoly viviente, las delegaciones de Cáritas de todas las provincias de España hacen sus cuentas a ver cómo pueden dar más platos de sopa con menos dinero. Y no sólo comida, sino ayudas para pagar el alquiler, la hipoteca, la luz, el agua y todos esos gastos corrientes del ciudadano. Cáritas ha sustituido prácticamente a los servicios sociales de las administraciones y, paradójicamente, éstas han disminuido considerablemente sus partidas económicas. Algunas comunidades gobernadas por la izquierda, como la andaluza, tienen en su agenda suprimir las subvenciones a Cáritas. Por fortuna, el número de contribuyentes que pone la “X” en la casilla de la Iglesia al hacer la declaración de la renta, crece cada día. Transeúntes y necesitados de los de siempre y nuevos pobres, que nunca pensaron serlo, llaman hoy a la puerta de la Iglesia, y ésta les abre los brazos como la gran Madre que nunca nos abandona.
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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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(11/5/2012)
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