El Abanico – Estrella Morente: «La diva» del flamenco


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Fue ella, Estrella Morente, la única que se atrevió a decirle a la cara a Rajoy, en la fiesta madrileña del 2 de Mayo, lo que la mayoría de los españoles pensamos: «Estamos hartos de que en España no haya diálogo». Palabras que cayeron como un jarro de agua fría en el semblante sonriente del presidente en funciones y que denotan la fuerte personalidad de una mujer que no tiene miedo a decir lo que piensa, entre otras razones porque se gana la vida con el único arma que la naturaleza puso a su disposición al nacer: una voz prodigiosa y un arte que no se puede aguantar. Así se puso de manifiesto la noche el miércoles en el Auditorio de Madrid donde ofreció un recital de homenaje a Manuel de Falla, bajo la dirección de José R. Pascual-Vilaplana y la orquesta de la Universidad Católica de Murcia.
Dos horas, durante las cuales la cantante demostró no solo que sabe cantar y bailar como las grandes, como la «diva» del flamenco que es, también por sus dotes interpretativas, que el público aplaudió en cada una de sus canciones, con gritos de «guapa», «bravo», «eres única» y que ella agradeció saludando al director pero también a todos y cada uno de los miembros de la orquesta.
Le acompañaban a Estrella su tío el gran guitarrista José Carbonell «Montoyita» así como Antonio Carbonell y José Angel Gabarre, tres grandes artistas, compañeros inseparables desde su presentación en sociedad a los dieciséis años.
Casada con el diestro malagueño Javier Conde, con quien tiene dos hijos -Curro y Estrella- juntos forman uno de los matrimonios más sólidos del mundo del espectáculo. Y eso que no eran muchos los que apostaban por una relación entre artistas que siempre despierta recelos pero que en este caso ha dado sobradas muestras de que el amor, el amor al flamenco y al arte, les ha unido más que cualquier otra cosa. Prueba de ello es la admiración que se profesan, la ayuda que mutuamente se prestan, haciendo posible algo que para otras muchas parejas es una meta imposible de alcanzar, la conciliación familiar.
Sin embargo, tal y como dicen los viejos del lugar, no hay felicidad completa. Y a la familia Morente-Conde les ocurrió algo que no esperaban y que les sumió en la desesperación y el dolor: la muerte de Enrique Morente, el padre de Estrella, de Soleá y de José Enrique. Un referente del flamenco, un hombre que vivió por y para su familia, un artista al que todos respetaban y querían, desde los más jóvenes a los clásicos, por su humildad, por su solidaridad con los más desprotegidos. Respeto que se había ganado a pulso no solo porque tenía una voz privilegiada, también por su sentido de la ética y de la estética, del honor y de la justicia. Cualidades que han heredado sus hijos, y que es fruto de una educación, de una forma de vida y que para Estrella se ha convertido en el guía que le mueve, a ella que aprendió a cantar entre los brazos de su padre, bajo su experta batuta, hasta convertirla en la gran estrella que hoy es.
Estrella es la única mujer que dirige una Cátedra de flamencología, donde tiene la oportunidad de trasmitir todo lo que ella aprendió de sus mayores, que no se ciñe solo a lo puramente artístico, sino también a su forma de comportarse dentro y fuera del escenario, pues de sobra sabe que todo lo que hace se mira con lupa, siendo como es la hija mayor de un genio. Por ello le gusta decir a quién le pregunta: «Trabajo para merecer el legado que me dejó al morir». La única herencia que han recibido y que su mujer y sus hijos administran con devoción, pensando siempre que Enrique les está mirando desde algún lugar no lejano. Lo cual supone una responsabilidad para todos ellos, siendo como son tan jóvenes.

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