El PP de Casado es tan abortista como el de Aznar y Rajoy

El PP de Casado es tan abortista como el de Aznar y Rajoy

Así como suena. Por eso las palabras de Suárez Illana crearon tanto escándalo en las filas del PP y en medios, incluso de la derecha. La lluvia ácida va penetrando en la tierra tan poquito a poquito, que cuando queremos darnos cuenta, en cuestiones de moral, ya pensamos como la misma izquierda. Lo cierto es que al número dos por Madrid le cayó la del pulpo y tuvo que pedir disculpas, e incluso hacer una llamada “larga distancia, como se decía antes, para que en Estados Unidos le confirmaran la veracidad o la falsedad de la barbaridad expresada en la radio. Total, le dijeron que no, tragó el sapo y rectificó. Por si a algún lector se le escapó la noticia, me refiero a las palabras de Suárez Illana en relación al aborto. Dijo que ya lo practicaban los neandertales, solo que estos esperaban a que el bebé naciera para cortarle la cabeza; y añadió que en Nueva York se permitía matar a los niños después de nacer. Esto no es así exactamente, pero no va muy desencaminado. Creo que oyó campanas y tenía por ahí algunos datos sueltos sin integrar y los soltó. Pero la realidad de lo que ocurre respecto al aborto es aún peor, por mucho que estas progres, léase Susana Díaz, Irene Montero o Celia Villalobos, se avergonzaran de tales palabras. A no ser, claro está, que se deba a su ignorancia, que todo puede ser.

En Estados Unidos, en teoría, el tope para abortar está en las 24 semanas, pero, de facto, funciona el aborto a petición. Dentro de las modalidades, existe la denominada “aborto por nacimiento parcial”, legalizada durante la administración Clinton. Para ello se dilata el útero; después el abortero introduce unos fórceps y guiado por la ecografía sujeta al bebé por las piernas y tira de él hasta que extrae el cuerpo hasta la base del cráneo. A continuación le realiza un agujero en el cuello y succiona la masa cerebral; después trocea el cráneo que es extraído con fórceps. En otros casos, al bebé en gestación le inyectan digoxina en el corazón, una sustancia utilizada en cardiología, que le provoca una parada cardiaca antes de ser extraído del útero. Esto sí es de escándalo y no las palabras de Suárez Illana. Pero hay más: otra de las prácticas es el aborto salino. Muchos de estos niños nacen vivos y se les deja morir. Algunos sobreviven si caen en manos de alguna enfermera que, motu proprio, los prepara para la adopción. Hay algún caso estremecedor, como el de Gianna Jessen.

Las clínicas abortistas de la Planned Parenthood, cuyos negocios sucios con el aborto salieron a la luz hace dos años, gracias a una cámara oculta, se vanaglorian de realizar estos abortos tardíos y de vender bebés “enteros o troceados”, al gusto. Y confiesan, además, que cuando les succionan el cerebro, enseguida envían el contenido al laboratorio ¡PORQUE LOS INVESTIGADORES QUIEREN LAS CÉLULAS VIVAS! Por eso no les sirve la materia cerebral de los abortos espontáneos. Hay que provocarlos para obtener la materia prima VIVA. ¡Esto sí que da asco! ¡Esto sí que es escandaloso! Sin embargo, nadie habla de eso. Todos estamos calladitos, no vaya a ser que los progres y demás gente malévola nos dediquen unos titulares y tengamos que pedir perdón. ¡Váyanse al cuerno!

Es muy significativo que en las sociedades del bienestar –bienestar de cuerpo, malestar de alma— ya no nacen niños con síndrome de Down, porque en virtud de los cribados prenatales, a la mínima sospecha, se aconseja el aborto. En Inglaterra, cuando nace un niño con alguna malformación, se le coloca en la cuna un cartel con la instrucción “Nothing by mouth”, “No alimentar”. ¡Como si los angelitos no tuvieran derecho a la vida por no ser perfectos! Y luego se nos cae la baba y lloramos viendo “Campeones”. Es patético comprobar el grado de crueldad al que puede llegar una sociedad deshumanizada, hedonista y amoral. Lo llamativo es que los partidarios de estas aberraciones se indignen cuando establecemos comparaciones entre nuestras sociedades supuestamente civilizadas y los primitivos neandertales.

En Canadá, hace tiempo que ronda la idea de legalizar el infanticidio. Existe desde hace años un debate social abierto, lo cual quiere decir que ya hay una masa crítica en formación, indispensable para todo cambio. El profesor de Filosofía y especialista en bioética de la Queen’s University de Ontario, Udo Schuklend, considera moralmente aceptable eliminar a los niños que nazcan con alguna discapacidad. Asegura que los padres deberían poder decidir, puesto que podría considerarse como un “aborto post-natal”. ¡El eufemismo se las trae!

El término aborto post-natal, para referirse al infanticidio, fue acuñado por Alberto Giubilini y Francesca Minerva, de las facultades de Filosofía de Milán (Italia) y Melbourne (Australia). Sostienen estos mendas que un feto y un recién nacido son dos seres “moralmente equivalentes”, y que las mismas razones que justifican el aborto son válidas para defender el infanticidio. En efecto, estoy de acuerdo con ellos, pero desde la posición contraria. No al aborto y no al infanticidio. No se puede matar a un niño ni antes de nacer, ni después. El derecho a la vida es el gran derecho con mayúsculas, anterior al derecho positivo.

Súarez Illana, creo que se quedó corto en sus expresiones, a pesar de las respuestas de las vocingleras de turno, pero está en el partido equivocado. En VOX hubiera podido decir lo que dijo y nadie le habría obligado a retractarse, porque el “partido de extrema necesidad” sí defiende el derecho a la vida, con orgullo y convicción. VOX sí defiendo valores con los que una gran mayoría de españoles de bien nos identificamos. Una semana le duró a Casado la promesa de la defensa de la vida, la renovación, la vuelta al PP clásico. Han renovado personas, pero no actitudes, que es donde está la esencia. El incidente de Suárez Illana fue muy oportuno para recordarnos que el PP de Casado sigue siendo un partido abortista, tan abortista como el de Aznar y el de Rajoy. Por eso y otras cosas se ganó el titulito de “derechita cobarde”. Siento pena cuando escribo esto, porque he sido muy del PP, de corazón, antes de que Rajoy nos dieran la puñalada por la espalda. Que dejen ya de darnos la matraca con el voto útil. Es pretencioso e inmoral. El voto útil es el que obedece las señales de la conciencia y el corazón. Un binomio que nunca falla.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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