¿Se está preparando un fraude electoral?

La pesadilla socialista de hoy, con un gobierno en funciones amigo de golpistas que ahora rinden cuentas en el Tribunal Supremo, y de personajes vinculados a la banda terrorista ETA, y comunistas financiados con el dinero del narcotráfico venezolano y otros orígenes, nos hace retrotraernos a aquellos años tristes y revueltos de los años treinta. El ambiente de la calle recuerda aquellos días grises de olor a carbón y manos en los bolsillos para proteger los sabañones. La diferencia es que hoy los protagonistas de la calle son los jovenzuelos ociosos y manipulados, bien comidos y bien bebidos, con exceso de derechos y vocación de vivir del cuento, a los que se suman unos cuantos jubilados al servicio de la izquierda, muchas hembristas con cuño, profesionales del odio a los hombres y muchos que llegaron en patera y se quedaron para gozar de una España que también quieren hundir para convertirla en algo similar a los países de los que huyeron. Es cosa de locos, pero, en síntesis esta sinrazón es la realidad que pesa sobre nuestras cabezas y nos quita el sueño porque, si no andamos listos, puede ser que nuestra nación la descuarticen y la vendan con todos nosotros dentro.

Para situarnos en el día de hoy, doy una ligera pincelada a una situación pasada y recién desenterrada, que ha fagocitado nuestra realidad democrática actual convirtiéndola en algo artificial a base de discursos vanos. No se entiende esta realidad sin aquella. En las elecciones del 16 de febrero de 1936 se produjo un fraude electoral vergonzoso y descarado. Ganó la derecha, pero la izquierda se las arregló para cambiar los resultados, hechos que tras semanas de disturbios, asesinatos y sinrazón dieron origen a la Guerra Civil. Guerra que perdió el bando de los “100 años de honradez” y que Zapatero se empeñó en resucitar, de la mano del espíritu de su abuelo militar –condenado por alta traición—, a través de la infausta ley de memoria histórica, que Rajoy nunca derogó habiendo podido hacerlo como había prometido. El problema es que en la transición/reconciliación la derecha perdonó, pero el perdón de la izquierda era falso, una estrategia para volver a las andadas. Por eso desempolvaron el franquismo y a partir de Zapatero hemos ido de mal en peor. Todo se ha desvirtuado y corrompido. Y no me refiero a las comisiones del tres por ciento o a los mangoneos políticos varios relacionados con el dinero, los chiringuitos, los asesores y esas mangancias de la casta. Me refiero, en especial, a la corrupción moral, al odio como bandera, a la mentira y a la calumnia institucionalizadas, a la corrupción de los medios de comunicación, que nacieron como servicio público y actúan, de facto, como ejecutores inquisitoriales al servicio del poder de la peor calaña. Y, para más inri, se les asigna el cometido de censurar los bulos. ¡Esto parece broma, pero es serio y grave! ¿Está claro que hablamos de la mejor periodista del mundo mundial –entiéndase la ironía—, llamada Ana Pastor, que vive de la mamandurria corrupta de la calumnia, la mentira y la tergiversación? ¿La periodista que se muestra valentona con la derecha, pero que se arruga ante la izquierda y babea de placer degustando el pago que vendrá o que ya vino? Porque, mucha izquierda y mucho pobre, pero la pasta les mola un montón. ¡Y encima le pagan a su Newtrola por embarrar todo lo que no sea la verdad de la izquierda! Ya sé que decir izquierda y verdad es una “contradictio in terminis”, pero era para completar la frase.

La realidad de ahora es que vivimos en una ampulosa mentira, mientras la gente normal ve gran hermano y esos programas de hígado y entrepierna que tanto bien social hacen, por lo educativos que son y los buenos sentimientos que inspiran. Mientras esto ocurre, nuestro presidente okupa, ahora en funciones, rodeado de una patulea de gente escogida –nunca habíamos visto un Ejecutivo en el que casi todos tuvieran empresas para desviar dinero fiscal, inmuebles no declarados, en fin, unos santos caraduras con diploma— para manipular y mentir. Lo peor de todo, y este es el motivo de este artículo, es que han llegado para quedarse. Ese es el fin. Por eso tanto decreto, tanto viernes electoral, tanta presión a la abogacía del Estado y tanto pacto con los enemigos de España que ahora Sánchez niega tener y que incluso amenaza con su ridículo “no es no”.

Nunca habíamos vivido en España tanta violencia consentida. Desde que Sánchez llegó a la Moncloa, la izquierda salvaje y la separatista, tanto catalana como vasca, se ha echado a la calle “a cazar carne” que decían los skinhead, a agredir al que pesquen por banda. España se ha convertido en un territorio sin ley, donde la izquierda tiene patente de corso para todo. Por eso tiene en sus filas a asesinas, como la de Ávila, nada menos que candidata a la alcaldía por Podemos. Menuda gente tienen estos, como la asesora de no sé qué de la infancia, que había secuestrado a sus propios hijos. Claro, siempre se puede recurrir a la acusación falsa. Y como “a la mujer siempre hay que creerla, sí o sí”, Carmen Calvo dixit… pues a aguantarse los varones.

Sánchez puede sacarle los colores al Partido Popular, pero a Vox no. Vox es virgen y está limpio. Por eso, el único recurso es manipular sus propuestas dándoles la vuelta, y ni con esas impiden que el partido verde esperanza siga subiendo. Porque Vox ha conectado con la “dignidad” de las personas, con esa parte de nosotros que hace “clic” y nos indica que estamos en el camino recto. Con Vox se acabó la farsa. Por eso izquierda y derecha tienen tanto miedo. No olvidemos que Casado está haciendo campaña para ser jefe de la oposición, no para ganar las elecciones. Por eso Sánchez y sus ideólogos no paran de inventar y sacarse de la manga estrategias para el pucherazo o el fraude. Y eso nos preocupa, porque no queremos repetir la historia.

Que se prepara el fraude es una realidad. Aunque se dice poco, no olvidemos la visita de George Soros a Sánchez en Moncloa nada más tomar posesión; visita de incógnito de la que no se informó a los medios, ni tampoco sobre su contenido. Aunque viendo la historia de este megalómano maléfico, expulsado de algunos países y declarado persona non grata en otros, donde no se permite que sus sociedades financien grupos para crear caos, se puede deducir que Sánchez es un buen peón. Recordemos que George Soros sostiene el entramado de las mafias de la inmigración. ¿Nos suena el espectáculo del Aquarius con foto incluida y cobertura mediática tamaño XLmegaplus Premium? ¿Y luego la visita de Merkel en Doñana para encasquetarnos sus inmigrantes? Volar en Falcon y codearse con la élite tiene su precio. Recordemos también que Soros volvió a Moncloa nada más convocarse elecciones y que también visitó a Albert Rivera. Ya de paso, recordemos también el cordón sanitario de Valls-Macron contra Vox, que también tiene relación.

De un presidente fraude, con tesis fraude, que falsificó un comunicado de Moncloa, que utiliza las instituciones según le peta, que no tiene vergüenza, que miente más que habla, y que es un psicópata de libro, intentar un fraude electoral no parece muy descabellado. Su idea es apartar a la derecha para siempre, haciendo real aquel viejo sueño de Felipe González, tal como dijo en Panamá, aludiendo al plan de una especie de PRI en España, con un PAN en la oposición, recordando a los socialistas de los años treinta.

Hace semanas nos llegó el chivatazo de que desde Moncloa se preparaba algo gordo, pero ignorábamos por dónde podían ir los tiros. Hace unos días, el enigma quedó medio resuelto con la aparición del enigmático texto del del sistema antihackeo. Se trata de una orden ministerial que sustituye a la de 2013, para reforzar la seguridad de los procesos electorales, evitando la difusión de noticias falsas o casos de espionaje, en vista de que ha habido, supuesta manipulación electoral en otras partes del mundo. Para ello se ha creado un “Subcomité de seguridad de la información para la difusión de resultados provisionales en procesos electorales”. Las negritas son mías. Veamos cómo era hasta ahora. Se cerraban los colegios electorales, una hora después en Canarias y empezaba el escrutinio, cuyos resultados iban apareciendo en una web, y los medios iban informando de manera casi simultánea, tantos escaños este, tantos el otro, ahora sube este, baja el otro, se hunde el de más allá, así hasta el final. En los últimos años, con las nuevas tecnologías era un abrir y cerrar de ojos, y se nos hacía corto. Y aunque eran datos provisionales, pendientes del voto por correo y algún reajuste, ley d’Hont , etcétera, se sabía esa noche quién había ganado las elecciones. Sin embargo, esta dinámica, en virtud de la nueva ley antihackeo podría no ser así el 28 de abril, en virtud de las atribuciones del nuevo Subcomité creado ad hoc, el cual tiene la facultad de suspender “LA TOTAL O PARCIAL PRESTACIÓN DEL SERVICIO [de difusión], si es informado de deficiencias graves de seguridad que pudieran afectar a la satisfacción de los requisitos establecidos”. Es decir, que podemos quedarnos sin INFORMACIÓN DEL RESULTADO ELECTORAL hasta más ver. ¿Y cómo saber que el hackeo es cierto y no se trata de una maniobra para cocinar resultados? ¿Si esto ocurre, quién estará presente para que no se manipulen los datos y se perpetre un fraude electoral? ¿La gente puesta a dedo por Sánchez? Es cierto que el texto contempla auditorías previas y posteriores y trabajitos para que los burócratas y Tezanos de turno barajen a su antojo. Supongo que los partidos afectados recurrirían o habría que repetir elecciones. Pero, mientras tanto, Sánchez seguiría en el Falcon. Esto nunca ha ocurrido y desconozco cuáles pueden ser las consecuencias. No sé si alguien lo sabe. Me causa más miedo Sánchez que los hackers, y no es una hipérbole. Porque no me fío. Y es que cuando la izquierda se mete a elaborar medidas de este tipo siempre es movida por un afán de control. Todas estas medidas seguro que son una garantía en manos de políticos responsables, pero de Sánchez y de su equipo de estrategas no podemos fiarnos. Han conseguido a pulso esta desconfianza por parte de los ciudadanos.

Mi hermana Mani, que es una gran analista, me dijo hoy por wasap hablando de estas medidas extremas: “Ahora entiendo yo las encuestas del el CIS. Están preparando el terreno”. Y con esto lo decía todo.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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