«¡Sigue apretando, Iglesias Turrión, sigue apretando!»

"¡Sigue apretando, Iglesias Turrión, sigue apretando!"

Pablo Iglesias Turrión, el frasecitas, no está apretando como él pide que aprieten agricultores, sanitarios y okupas. En el fondo es un cagao que demanda a otros lo que no es capaz de hacer él. Porque apretar, lo que se dice apretar, no lo está haciendo ni contra el actual PSOE que le ha regalado el Gobierno de coalición sociocomunista, ni contra Pedro Sánchez Pérez-Castejón que le sienta a su izquierda en el timón del BOE, ni contra el Rey que le recibe en audiencia y preside reuniones, ni contra la guardia civil que custodia su residencia, ni contra la policía que protege sus desplazamientos, ni contra el Ejército que desinfecta “sus” residencias de mayores, le monta instalaciones sanitarias, transporta materiales que le protegen a él y a su mujer, y defiende infraestructuras vitales por las que pasa; ni contra la banca que le da crédito barato para comprar mansiones, ni contra los empresarios que le regalan medios eficaces de lucha contra la pandemia, ni contra la clase media que le ríe cada vez que suelta soflamas en sus teles y por las redes sociales de los capitalistas norteamericanos que estos meses se están forrando . Sí, definitivamente Pablo Iglesias Turrión, el frasecitas, es un cagao y un cuentista.

Porqué vamos a ver. En uno de sus opúsculos universitarios Iglesias Turrión dice que hay que aprovechar las crisis, los momentos de excepcionalidad (“La crisis hace saltar los conceptos existentes, los significados básicos”) para alcanzar las metas. Y resulta que tiene la madre de todas las crisis, una crisis planetaria, una pandemia que diezma la población, se lleva a la tumba a los que más desprecia (Bescansa: si todo el electorado fuese menor de 45 años “Iglesias sería presidente del gobierno desde el año pasado”), paraliza la economía y fabrica pobres por arrobas, y él solo abre la boca los días impares. Porque no me dirá usted, respetado lector, que “apretar, seguir apretando” es escribir el 14 de abril una chorrada en Twitter contra S.M. el Rey para establecer una república “donde el jefe del Estado jamás se vista de militar” y “donde mande el pueblo y no el poder económico”. Una República como la II, antecedente de la Guerra Civil e incapaz de mantener su propia legalidad por la incompetencia de sus dirigentes, el acoso revolucionario de los Iglesias Turrión de entonces, la traición y el engaño entre correligionarios y la complicidad de los separatistas vascos y catalanes. No me diga que apretar, seguir apretando es criticar una sentencia judicial a una de las suyas, siendo vicepresidente del Gobierno (aunque Sánchez le disculpe porque “ habla como secretario general de Podemos”) , afirmando que “en España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso”, en lugar de suprimir el CGPJ, adscribir el poder judicial a su vicepresidencia y cargarse de un plumazo el Estado de Derecho.

No me diga usted que apretar, seguir apretando, es intrigar contra los empresarios y sugerir, solo sugerir, estatalizar algunas empresas privadas para ponerlas al servicio de Podemos y del actual PSOE, en lugar de salir a la calle con los suyos, señalar y ordenar, como hacía su ídolo militar, comandante Hugo Rafael Chávez Frías, “exprópiese, exprópiese” (¿De dónde le vendrá la manía de que S.M. el Rey no se ponga el uniforme militar, si Chávez lo llevaba hasta en el váter? ¿Será porque Iglesias Turrión no ha hecho la mili?). No me diga usted que apretar, seguir apretando es querer sustituir al PSOE como referente de la izquierda, en lugar de arrasarlo y sovietizar España. No me diga usted que apretar, seguir apretando es apoyar en el Senado iniciativas de los proetarras de Bildu contra la monarquía, en lugar de derrocarla con un golpe de Estado rápido, eficaz y un poquitín sangriento para que luego puedan honrar a los camaradas mártires. No me diga que apretar, seguir apretando es insinuar la colectivización de nuestra vida privada, en lugar de decretar la deportación de una parte de la población a los Monegros, de otra al Páramo de Masas, de una tercera al desierto de Tabernas y el resto a empuñar las armas para establecer la III República con él de presidente. No me diga que apretar, seguir apretando, es controlar RTVE, el CIS (con el Caballero de la Tenaza al frente, como ha bautizado a José Félix Tezanos Tortajada en ABC Ignacio Ruiz-Quintano), y un poquito el CNI, dejando sueltos a la mayoría de los medios de comunicación privados, Internet, las redes sociales, las compañías de telecomunicaciones, las fuerzas de seguridad y el Ejército.

No me diga que apretar, seguir apretando, es contar para sus propósitos con el dúo mentiroso Pedro Sánchez Pérez Castejón-Iván el Terrible (el Rasputín de Donosti), y sus mariachis aduladores y paniaguados Adriana Lastra Fernández, Rafael Simancas Simancas, Ana Belén Fernández Casero y resto de la dirección del grupo parlamentario del PSOE en el Congreso. No me diga que apretar, seguir apretando, es ¡continuar aún con los presupuestos generales del Estado del PP! para que no se caiga el tinglado para gobernar en coalición y con el apoyo de unos partidos que le izaron en la investidura y ahora le insultan pero siguen en el teatro para mantener su mamandurria. No me diga que apretar, seguir apretando es hacer lo que está haciendo Iglesias Turrión en este des-gobierno sociocomunista, sabiendo la que organizó con Sánchez por el sacrificio del perro Excalibur (contagiado de Ébola por su dueña y enfermera Teresa Romero), después de que Mariano Rajoy Brey trajese a España en 2014 a los dos misioneros españoles de la Orden de San Juan de Dios infectados de Ébola en Sierra Leona, Manuel García Viejo y Miguel Pajares, que desgraciadamente fallecieron en el Hospital Carlos III y por los que los susodichos ni siquiera expresaron su pésame. ¿Se imagina cómo habrían incendiado las calles si el Gobierno que lidiase la actual pandemia fuese de derechas?

No me diga que apretar, seguir apretando es utilizar la salud pública como coartada para un intervencionismo que obstaculiza los contrapesos del sistema democrático, en lugar de acabar de golpe con el sistema. No me diga que apretar, seguir apretando es invocar ¡en 2020! “los valores republicanos”, ¿qué valores son esos?, ocultando que hay seis monarquías parlamentarias entre los 10 países más prósperos del mundo y que las seis monarquías de la UE (antes siete con el Reino Unido), entre ellas España, están entre las mejores democracias del planeta y encabezan las listas mundiales de justicia social. ¿Por qué no acaba previamente con ellas, con la ayuda de las ejemplares Rusia y China, y las reemplaza por las modélicas repúblicas de Cuba, Nicaragua y Venezuela? Se acuerda cuando decía. “Me emocionaba el comandante Chávez hablando de la revolución bonita, porque el socialismo se construye con una movilización social permanente para la conquista del Estado”. Por cierto, ¿ha leído la obra La hija de la española, de la caraqueña Karina Sainz Borgo? Se la recomiendo.

Sí, definitivamente Pablo Iglesias Turrión es un cagao, un inepto, un frasecitas de marketing que ha llegado a la cima de su incompetencia y al que solo le queda como meta cortarse la coleta y alcanzar la irrelevancia a la que está avocado porque España y la UE es demasiado arroz para el pollo. ¿Se acuerdan de Yanis Varoufakis y Alexis Tsipras? ¿Y de la foto de éste último con Iglesias Turrión el 22 de enero de 2015? Todo en el cuarto trastero

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Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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