Los griegos llevaban 10 años intentando conquistar Troya. Se desesperaban buscando la forma de superar las formidables murallas que la defendían, Ulises, el astuto Odiseo, cuando los ánimos de sus compañeros y de Menelao, rey espartano que inició la guerra para recuperar a su mujer Helena secuestrada por Paris hijo del rey de Troya, estaban por los suelos, su poderosa y astuta mente no dejaba de buscar la fórmula que le abriera las puertas de Troya. Y la idea le vino de boca de la diosa Atenea que, convertida en brisa se la susurró al oído.
Ulises, en connivencia con Atenea explicaron a Epeo el feocio, el mejor carpintero de Esparta, la obra que debía realizar. Así nació el caballo que sería la ruina de Troya.
En el imaginario colectivo y desde hace siglos, Caballo de Troya se entiende como una metáfora sobre un acto de astucia y engaño utilizado en cualquier ámbito en el que alguien se infiltra con malas intenciones para hacer daño, alcanzar un fin o lograr un objetivo. En el contexto político se utiliza para describir una táctica aparentemente inofensiva o que, incluso parece beneficiar a quien es aplicada, para infiltrarse en un grupo, organización, gobierno o país con el objetivo de socavarlo desde dentro.
En términos de informática hemos acuñado la palabra troyano para aquellos programas que se disfrazan de legítimos y que, simulando ser algo inofensivo, son solo una tapadera que oculta su verdadera y maliciosa intención.
Caballos de Troya se están infiltrando de continuo en Europa y desde hace años. Concretamente en España la entrada de caballos de troya se ha acentuado en los últimos meses de una forma casi insoportable. La diferencia entre el ingenio que Ulises diseñó para entrar en Troya superando, mediante la astucia y el engaño, sus ciclópeas murallas y los ingenios que utilizan los que quieren entrar y ocupar Europa, está en el nombre: el Caballo de Troya recibe en toda Europa el nombre de cayuco.
Volviendo a la leyenda, los troyanos cayeron en el engaño de Ulises. Los griegos les dijeron que, tras 10 años de sufrida lucha, abandonaban y en reconocimiento a la valentía del pueblo troyano, les hacían el regalo de un caballo de madera antes de marcharse. Los griegos simularon desmantelar el campamento y abandonar el asedio. Los troyanos celebraron la marcha y abrieron las puertas introduciendo el magnífico caballo en su ciudad. Por la noche, cuando toda la ciudad dormía, del vientre del caballo salieron los soldados griegos y, abriendo las puertas a sus compañeros, entraron y se apoderaron de Troya.
Aquel caballo de apariencia inofensiva destruyó un reino, estos cayucos de apariencia inofensiva que llevan dentro de su vientre las penurias, la vulnerabilidad, las penas, las miserias de los que buscan la oportunidad de una nueva vida, ocultan sin que ellos lo sepan, las verdaderas intenciones de quienes, manipulando los sentimientos de los que huyen de la miseria y la miopía de una Europa que no ve o no quiere ver el virus troyano que desde hace años está infiltrado, buscan esquivar las murallas de nuestro continente para cumplir su sueño ancestral: conquistar Europa
MAROGA
