EL SEXTO SENTIDO

EL SEXTO SENTIDO

 

Ojos para ver; para oír, oídos; olfato

Para oler; paladar para el gusto; y para el tacto,

Manos y pies: para cada función, su aparato,

Añadiendo que, para tocar, son dos: ¡exacto!;

Con uno o varios a la vez, pasamos el rato

Que nos toca vivir en este mundo; es un pacto

Con la naturaleza, que la fe y la ciencia

No se ponen de acuerdo en explicarlo: ¡paciencia!;

 

Pero, además, existe el Sexto Sentido,

Que pudiera ser que su aparato fuera el seso,

Pero lo cierto es que no es bien conocido;

Lo que se sabe es que llega, y con exceso,

Más allá de donde el seso siente su latido;

Actúa a veces como un perro sabueso,

Y en alguna ocasión, como un pájaro herido;

Tampoco la fe y la ciencia se ponen de acuerdo

Si en el alma es un halcón, o en el cuerpo, un cerdo;

 

En lo que no hay duda alguna es que esta vida,

Sin algún sentido corporal es acogida

Con resignación, como flor en secano nacida;

Pero sin el sexto sentido, -vela encendida

Que alumbra la noche de esa gente sin brida,

Que vive de la Política-, la tienen jodida;

Si la gente de bien celebra su bienvenida,

Los Políticos … ¡más lamentan su despedida!.

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Autor

Salvador Monzó Romero

Salvador Monzó Romero cuenta la feria según le ha ido y según le va, siempre ante la pantalla de la Televisión, reivindicando desde su sillón-bol, un tanto escorado a la derecha, su derecho a la crítica mordaz y ácida, pero con carácter moralizante.

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