Hermann Tertsch tiene claro que en el debate del 7 de diciembre de 2015 en Atresmedia ganó Pablo Iglesias porque el resto de candidatos y los periodistas no le preguntaron lo que debían, es decir sus relaciones con dictaduras criminales y los generosos pagos recibidos a cambio de hacer la vista gorda:
El pasado lunes se celebró un debate con cuatro políticos en televisión que generó ríos de tinta y rellenó horas y horas de todas las televisiones ávidas de chatarra política para sus interminables espacios de tertulias y agitación. Llamó mucho la atención a algunos que no fuera Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno, que se excusó con las muchas ocupaciones que tiene un gobernante, para después reconocer que no tenía nada que hacer a esas horas. Salvo que hubiera Liga de fútbol. No se lo reprocho. Los cuatro participantes mostraron un nivel muy escaso de interés, valor de entretenimiento y originalidad. Aquello fue un latazo. Y los periodistas implicados, aunque de nivel muy desigual entre un profesional y una favorecida, también demostraron que la inanidad no es cosa exclusiva de los políticos, sino mal común de la subcultura del consenso del pensamiento débil.
Apunta que:
Las preguntas necesarias sobre reto globalizador, inmigración, identidad, religión y libertad, igualitarismo y sus consecuencias, miseria educacional, odio y agitación revanchista, resentimiento y cultura empresarial, separatismo, totalitarios y sus cómplices, arbitrariedad y leyes de género, justicia y separación de poderes… todas esas cuestiones no existieron. Lógico, porque nadie se atreve a discrepar… Y cuando alguien se atreve, como Ciudadanos al proponer una revisión de la insufrible, arbitraria, injusta, ineficaz y contraproducente ley de violencia de género, se le echan todos encima y todos, utilizan los mismos medios y mecanismos torticeros de acusación y manipulación.
Así, el único que salió beneficiado en el debate fue el que está dispuesto a recurrir a la demagogia y las consignas más soeces del resentimiento internacional y la envidia patria, el enemigo de las libertades que nunca se encuentra enfrentado a defensores de las mismas, Pablo Iglesias. Lo que resulta más lamentable no es ya que el ultra Iglesias, defensor y en su día asalariado de un régimen criminal y totalitario, salga bien parado de un debate con tres representantes de partidos democráticos. Lo peor es que los tres se avinieran a discutir sin más con quien es parte de un movimiento internacional enemigo de nuestras libertades y nuestra democracia. Que ha cobrado y obedecido a un régimen totalitario extranjero como el venezolano y mantiene una cooperación mediática y dependencia económica con otro enemigo de la civilización, de los valores occidentales y constitucionales como es el régimen clerical totalitario de Irán.
Concluye que:
Nadie se preguntó allí en voz alta, ni los periodistas ni los miembros de los otros tres partidos, si un socio de organizaciones que persiguen y matan a quienes discrepan, merece estar en pie de igualdad en un debate político con tres partidos democráticos. Nadie le preguntó a Iglesias cuál es su actual relación con la televisión HispanTV, cuánto dinero recibe, cuánto recibió en su día de Venezuela y cuáles son sus actuales relaciones y las de sus amigos Monedero y compañía, con quienes tienen en una mazmorra en aislamiento a Leopoldo López. Y torturan a estudiantes hasta causarles daños irreversibles en cárceles subterráneas como la terriblemente célebre de «La tumba».
Nadie le preguntó a Iglesias cuáles fueron las aportaciones de actuales dirigentes de Podemos a la guerra psicológica e infiltración y acoso de los estudiantes que son torturados. Nuestros políticos democráticos parecen todos sujetos al guión de la inanidad forzosa. Quien se sale del mismo es sometido a un acoso en el que gentes del PP utilizan retórica de Zapatero, el zapaterismo de puré de Pedro Sánchez se convierte en ultraizquierda y Albert Rivera no sabe dónde poner las manos no vaya a llamar la atención. Todos desnortados. Y, como siempre que se pisotean principios y el sentido común y de justicia, se benefician los peores.

