Santiago López Castillo

La inocencia del PP

La inocencia del PP
Santiago López Castillo. PD

Son más inocentes que un cubo. Con más moral que el Alcoyano, que perdía por 10-0 y quería remontar en el último minuto, Albiol y Andrea Levy se fueron a la Audiencia Nacional para denunciar la quema de banderas y fotos del Rey con motivo de la celebración de la Diada. Ahora es tarde, no hay remedio… que dice una copla popular. Llevamos cuarenta años de desafío separatista y el Estado, en vez de intervenir, recula. Si es culpable el Gobierno del Partido Popular por su dejación, no lo es menos el PSOE cuando estuvo en el Tripartito con Maragall, Moriles y Montilla y Carod Rovira de nefando recuerdo.

La asociación cívica de Cataluña, huérfana del Estado Central, que defiende la unidad de España, revindicará el 12 de octubre, fiesta nacional, en tiempos Día de la Raza, la Patria entera, no la aldea con barretina y los respetabilísimos castellets. En estas décadas, se ha quemado con profusión la bandera de todos los españoles, la foto del monarca de todos los españoles y se ha retirado de las instituciones títulos y estatuas del Jefe del Estado. ¿Qué se hizo? Nastic de plastic, que dicen los castizos madrileños. Nada de nada, que canta ese gran grupo músico-vocal castellano llamado Café Quijano.

El Ejecutivo, para no crispar, ha ido pasando la bola al Constitucional, como si la historia de la nación más antigua de Europa hubiera de pasar de mano en mano. De negociado a negociado. La burocracia pedorra, mire, no se admite. De ahí que el bueno de Albiol -uno de los mejores valedores del PP- proteste ante los poderes públicos por los sucesos del 11-S. No le sirve de nada. Los mossos, casualidad, casualidad, no han identificado a los autores porque obedecen órdenes políticas de la Generalidad y se desmarcan del Ministerio del Interior aún siendo la institución primera en recabar las responsabilidades de la autonomía, ay, falsario Jordi Jané, que mucho te conocí.

Y luego sigue lo de siempre. Ahora toca Rita Barberá, a los leones. Sin presunción de inocencia. Salen -ya era hora- los socialistas Chaves y Griñán, a los que
sus feligreses votan llenos de corrupción. 600 millones de euros robados al erario público no es ninguna tontería. El mayor latrocinio de la democracia y sin ella. Encima, sus conmilitones los arropan, aplauden y veneran. Pasa lo mismo que los catalanes de la Generalitat independentista. Que lo mismo acogen por igual a Mas que a Homs que
a Carmen Forcadell, presidenta del parlamento catalán. Los peperos, en cambio, después de no pocas indignidades, sálvese el que pueda, zurran la badana a la ya ex compañera Barberá y ha tenido que salir el bellotari extremeño Ibarra para defenderla esgrimiendo su presunción de inocencia (40 años entregada a su partido es por lo menos motivo de respeto).

Entre tanto, a Pedrito el Hermoso, o sea, el empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés, no se le oye ni se le adivina y eso que se ha pasado la vida insultando y degradando -siempre en tono faltón, valga la redundancia- a Mariano Rajoy y sus cuates. El próximo a lapidar es Javier Arenas. Pero éste posee la verborrea andaluza, algo similar a la del argentino Valdano, que siempre es un dique de contención como advirtiera el ex presidente de la CEOE José María Cuevas.

Estamos instalados en el club de la comedia. Qué pena.

¿Conclusión? Ninguna. El independentismo sigue su curso. La justicia, esa ironía del destino, se pliega a lo políticamente correcto. Mueve el rabo señalando la estela de la insumisión.

 

-ardor socialista Chavez y Griñan
– leña al fuego con Rita Barberá.

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