Cayetano Gonzalez

El sucesor

Junto al vasco Iñigo Urkullu fue el gran vencedor en la noche electoral del pasado domingo. Su tercera mayoría absoluta consecutiva en Galicia le catapulta a ser el relevo natural de su paisano Mariano Rajoy, cuando este tenga a bien, o las circunstancias le obliguen, dar un paso atrás y dejar la presidencia del PP, cosa que de momento no parece probable.

Alberto Núñez Feijóo consiguió este domingo un gran triunfo personal y político. Con un panorama político a nivel nacional ciertamente endiablado por la situación de bloqueo institucional que se vive desde hace un año. Con un PP muy castigado en los últimos tiempos por los diferentes casos de corrupción, Feijóo ha conseguido revalidar una cómoda mayoría absoluta. Ni la irrupción con fuerza, por primera vez en unas elecciones autonómicas de En Marea Podemos, ni la amenaza de la presencia de Ciudadanos que le podría haber quitado algún escaño, han hecho mella en el resultado electoral del candidato popular.

Con este triunfo, y aunque él haya dicho en las horas posteriores al recuento electoral, que su compromiso con Galicia es para cuatro años -¿qué otra cosa puede decir al día siguiente de las elecciones?- Feijóo se convierte en el hombre fuerte del PP a la espera del relevo que en algún momento se tendrá que producir de Rajoy. Esto no quiere decir que ese relevo vaya a ser inmediato; dependerá en gran medida de lo que pase en las próximas semanas. Si Sánchez -cosa harto improbable- sobrevive a la crisis que estos días va a tener en el seno de su partido y consigue formar gobierno con Podemos y los independentistas, entonces lo lógico es que Rajoy no quiera seguir en la política siendo el líder de la oposición y en ese caso, sería la hora de Feijóo.

Si por el contrario, hay unas terceras elecciones -algo que tanto el PSOE como Podemos y Ciudadanos tendrían que estar interesados en evitar porque está claro que el que saldría reforzado de ellas sería el PP- y Rajoy consigue ser Presidente del Gobierno, entonces el momento de Feijóo tendrá que esperar a lo que dure esa nueva legislatura para tomar el relevo de su paisano Rajoy. Pero en cualquier caso, con el resultado del pasado domingo en Galicia, la batalla interna en el PP por la sucesión de su actual líder se ha clarificado mucho. La gran damnificada de ello es sin duda la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, cuya aspiración a ser el relevo de Rajoy era algo por todos conocido. Pero así es la política; Feijóo se jugaba el domingo muchas cosas. Si no hubiera obtenido la mayoría absoluta sería hombre muerte, políticamente hablando. Con su triunfo, su meta a corto, medio plazo, está en el Palacio de la Moncloa, aunque de momento tenga que permanecer en el Palacio de Raxoi, que así se llama -que le vamos a hacer- la sede de la Presidencia de la Xunta de Galicia.

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