En público se le ha llamado «miserable» pero en privado, de todo. No hay adjetivos para calificarle. Este ser abyecto, canalla (véase la RAE) debería ir sin remisión a galeras. Además de traidor, rebelde, prevaricador, cobarde, etc., es un ser indigno, falsario, que mancilla a la nación más antigua de Europa, se caga en ella, pero vive de ella. Es un ex president -dígase presidente- rodeado de estómagos agradecidos, entiéndase ex consellers -en cristiano consejeros- que le ha echado un pulso al Gobierno de España y ha puesto a caldo a nuestro país, él y los suyos, que por los medios europeos somos poco menos que la escoria de Zimbaue.
– Valiente pájaro.
– ¿No habrá cogido una pájara como los ciclistas…?
– No puedo planteármelo. Es un ser indigno. Trincón. Que de la hipotética valentía ha pasado a cagarse por las patas abajo. Él y sus cuates apestan. Los pájaros locos, gran película de Hitchcok, revolotean como las gaviotas y sobreviven a picotazos. Y los que denuncian a España por antidemocrática quieren confiarse a las próximas elecciones autonómicas para salir elegidos. Joder, qué morro. Puigdemont, recordamos, llegó a la barretina del cargo por cesión de la poltrona que ostentaba Arthur Mas; vamos, que todo queda en casa. Ya ven.
Y su coequipier Marta Rovira -de los Carod Rovira de toda la vida- afirma que Rajoy iba a mandar al ejército contra los independentistas advirtiendo que dejarían muertos por el camino. No, bonita, es un decir; se cree el ladrón que todos son de su condición.
– ¿Y qué ha hecho el Gobierno?
– Pues seguramente mandar un oficio a la Fiscalía, que estaba de luto.
Basta ya de cobardías. Los locos catalanes han montado la que han montado, y siguen montando, a sabiendas de que tenemos un Estado genuflexo, débil, inane. Solo los que han pasado por la cárcel saben que en España la justicia -aunque preñada de garantismo- existe. Pero mucho me temo que si este triste episodio se supera, los necios soberanistas saldrán de las prisiones como ratas. Encima, la sebosa locutorcilla de comunión diaria, y de apellido impronunciable, continúa sacándose su carné de progre y no cesa con lo de «la dictadura del franquismo» y propalando el régimen de Franco, que era muy malo, y el que acudía a una manifestación se le encarcelaba. Ella, la pobre, que no había nacido. Pero es lo que se lleva, como la sectaria Julia Otero o la advenediza Isabel Gemio, que poco menos se define de intelectual. Joderrr, qué tía.
Ah, y la roja Marta Rovira tuvo un abuelo franquista. Joder, qué miedo. Son los marxistas de la hoz y el martíni. Los que se cagaron en el general y todos tienen carrera.
