De vergüenza ajena.
Y no me refiero sólo a los cuatro mamarrachos y las tres fieras corrupias que han salido a la calle a protestar por la captura de Maduro.
Están todos esos tontos de baba, de Podemos, Sumar, ERC, Bildu y aledaños que han aparecido compungidos en X, a los que unas cuantas chavalas venezolanas —de bastante buen ver por cierto— les han dado ya lo suyo en redes sociales.
Pero es que después tenemos a La Sexta, un océano de ecuanimidad si se compara con la vomitiva TVE, donde montan programas preocupados por las duras condiciones del Metropolitan Detention Center de Brooklyn, donde han metido al tirano chavista.
Y lagrimean, porque el socio de Zapatero compartirá encierro con ‘El Mayo’ Zambada, capo del Cártel de Sinaloa y con 1.300 facinerosos, porque no funciona muy allá la calefacción, el rancho es de poca calidad, se violan de vez en cuando a uno en las duchas y se va mucho la luz.
Está bien que los de Ferreras se preocupen por la salud y el bienestar del financiador de Podemos, pero es que nunca han dedicado un programa a El Helicoide, sede del siniestro SEBIN, centro de detención notorio por torturas sistemáticas contra disidentes y donde todavía hoy agoniza un millar de presos políticos.
Ni a El Helicoide, ni a las espantosas torturas denunciadas en su informe a la ONU por la socialista chilena Michelle Bachelet, ni a los 2.500 estudiantes arrestados tras el robo de las últimas elecciones.
Del inefable Sánchez, que se vuelve a alinear —esta vez muy acojonado— con los comunistas chinos, el ruso Putin, los yihadistas de Hamás y los ayatolás iraníes, no voy a decir de momento palabra.
Tampoco de Zapatero, que ha vuelto esta mañana al Monte del Pardo, pero no a correr o conspirar con los ladrones de Plus Ultra, sino a pedirle al Cristo que Delcy Rodríguez no cante.
Porque como se descubra el pastel, termina el diabólico y multimillonario ‘Bambi’ durmiendo en la prisión de Brooklyn. Él y unos cuantos más del PSOE.
Para entender lo que está haciendo Trump y por qué ha dejado temporalmente a Delcy en el poder en Caracas, no está de más echar un vistazo al desastre en que se convirtió Irak tras el derrocamiento de Sadam Husein.
A los pocos días, en mayo de 2003, entrevistamos Enrique Serbeto y yo, en Babilonia, al teniente general Ricardo Sánchez, comandante de las fuerzas terrestres norteamericanas y gran jefe aliado.
Y al alimón, le manifestamos nuestro estupor ante la decisión de Bush de disolver todos los servicios policiales y de inteligencia de Sadam y mandar al paro a medio millón de militares, incluyendo a los 80.000 elementos de la Guardia Republicana.
Argumentamos Serbeto y yo, con escaso éxito, que lo razonable, por maquiavélico que suene, era mantener las estructuras del viejo régimen, purgando a algunos de los mandos, pero manteniendo a los más dúctiles, para evitar que el país se sumiera en el caos, los ajustes de cuentas, el descontrol y la violencia.
Supongo que eso está en el pensamiento de Trump y sobre todo de Marco Rubio, su poderoso secretario de Estado, que es quien manda en Venezuela desde la madrugada del 3 de enero.
No quisiera equivocarme, pero me da que Trump no quiere meter un solo marine en Venezuela y que Delcy, la de las maletas con oro o drogas y los encuentros furtivos con Ábalos en Barajas, seguirá en el cargo hasta que se convoquen elecciones, ya sin cubanos, rusos y chinos en Caracas y con sus garras en PDVSA.
Y que Diosdado Cabello, por cuya cabeza ofrece la DEA la friolera de 10 millones, terminará en el MDC Brooklyn, compartiendo jabón con Maduro en las duchas del presidio.