De todo lo que farfulló Óscar Puente en las dos horas y 19 minutos que duró su rueda de prensa, lo único que me quedó meridianamente claro es que el ministro bocachancla, el socialista Sánchez y este Gobierno infame, que padecemos desde hace más de siete años, se limitarán a ganar tiempo y a echar tierra sobre la tragedia de Adamuz.
Tiene lógica que Puente se hiciera escoltar por el director de Tráfico de Adif y por el de Operaciones de Renfe, para intentar teñir de tecnicismos su comparecencia y distraer al personal.
Pero ninguno aclaró algo estremecedor: ¿cómo es posible que en nuestra red de alta velocidad pueda chocar un tren y permanecer 40 minutos arrumbado en un terraplén sin que nadie, absolutamente nadie, tuviera noticia de ello?
Ahora resulta que la comunicación entre el centro de control y los convoyes depende de que en Atocha tengan a mano el teléfono particular del maquinista.
¿Pero en manos de quién estamos si en la cuarta economía de Europa, en plena era de Internet, con la Inteligencia Artificial haciendo maravillas, haya sido necesario que un ferroviario tuviera que ir a buscar al tren siniestrado caminando por las traviesas con una linterna?
Hay un superviviente de la tragedia que tiene la respuesta a muchos de los interrogantes: el maquinista del Iryo, que es a quien se escucha hablar con Adif y que —a tenor de sus palabras— no se enteró de que había chocado el Alvia con su tren.
Es él quien tenía que haber estado ayer en la rueda de prensa.
Pero lo ocultan, lo esconden y si pudieran lo harían desaparecer.
Está claro que Sánchez y su cuadrilla de maleantes tienen una estrategia mediática para intentar salir indemnes de esta catástrofe, como hicieron en el COVID, el Gran Apagón o la DANA.
Y lo esencial, con el auxilio de los periodistas pesebreros de la Brunete Pedrete, es soltar muchos datos sin sustancia, incluida la tesis de que las ruedas de los trenes son cuadradas y que la masacre era imposible de prever, porque todo estaba fetén.
Entiendo que estos facinerosos vayan a lo suyo, porque les importan un comino los 43 muertos y en lo único que piensan es en seguir chupando del bote.
Lo que no me entra en la cabeza es que la oposición, por parecer sensata, sensible y moderada, les haga el juego y guarde un ‘imprudente’ silencio.