Israel de la Rosa: «Ahora que se puede»

Israel de la Rosa: "Ahora que se puede"

Los caminos que conducen al conocimiento están hoy más despejados que nunca, la posibilidad de zambullirse en un inmenso océano de cultura se encuentra hoy más al alcance que nunca. No hay trabas, no hay barreras visibles, no hay muros edificados en los campos abiertos de la información. Se regalan libros en cada esquina, se puede acceder a la más valiosa sabiduría con un movimiento imperceptible de la mano, desde cualquier remoto lugar, repantigados en butacas crujientes de ocasión. Pero la paradoja es terrible, desconcertante, abrumadora: ahora que se puede, nada se hace, nada se aprovecha. Todo se desprecia, todo se aborrece, todo se maldice, todo se ridiculiza.

Ahora que tenemos facilidad para cocinar, nada se cocina. Mil utensilios que destruyen impedimentos, que allanan el pantanoso y antipático contexto culinario: ahora que conocemos las ventajas de este alimento, los beneficios de despreciar aquel otro, ahora que se puede, nada se lleva a cabo. La comodidad se torna monstruo, nos infecta con su burbujeante pereza. Se recortan las jornadas laborales, se dispone de un tiempo precioso para sostener una lechuga bajo el grifo. En cada esquina, una frutería, un vendedor de puerros. Pero tiramos felizmente al monte a lomos del burro, al monte sembrado de frituras y aceites reciclados. Existe una extraña y cegadora alegría en apuñalarnos invisiblemente con venenos repugnantes, existe una asombrosa complacencia en matarnos suavemente: «De algo hay que morir», afirma el bobo, y mañana, aterrado, llevado en volandas por la enfermedad, se convertirá tardíamente a cualquier religión apócrifa.

Ahora que el mundo está más interconectado que nunca, universo flamante y repleto de abrazos virtuales, de comunicaciones inmediatas: mil kilómetros de distancia no son nada, pues un solo guiño, una sonrisa nos enlaza y suprime el abismo vertiginoso de la lejanía. Ahora que se puede, nos hallamos más solos que nunca. Cuanto mayor es la oportunidad de acercarnos, mayor es el ansia, mayor es la torpeza, mayor el ensimismamiento, el aislamiento. Ahora que se puede, nada aprovechamos. Ahora que de mil formas probamos las líneas esféricas de un mundo maravilloso, de otras mil maneras se empecina el idiota en negar la redondez de su hogar. Cuanta más certeza se tiene de las virtudes de una vacuna, tanto más se empeña el necio en desdeñarlas. Ahora que podríamos blindarnos contra el virus de la perniciosa ignorancia, más tozudo se muestra el merluzo en abrazarse a sus fantasías, a sus soberbias y estériles fantasías de merluzo.

Cuanta más ilustración, mayor oscuridad. Cuantas más pinceladas de vívidos colores acarician el lienzo de la cordura, tanto mayor es el estallido de negra desidia. Ahora que se puede, nada se aprovecha, ningún esfuerzo se emplea en mejorar la convivencia, nada nos desvelamos por proteger la armonía. A mayor número de eslabones robustos, mayor y más deplorable la fragilidad de esta cadena, que nada une, que de nada sirve, que arrojamos con desprecio a un rincón penumbroso, y allí, arrumbada, bañada de herrumbre, languidece penosamente. Ahora que se puede, nada.

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Autor

Israel de la Rosa

Israel de la Rosa nació en Elda, Alicante. Es novelista y dramaturgo. Colabora habitualmente en prensa publicando artículos de opinión. Fue guionista de televisión en 1999. Ha escrito veintiocho guiones de largometraje hasta la fecha. Es también autor de más de doscientos relatos breves, que pueden hallarse en su web personal.

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