TRAS EL EFECTISMO, TOCA GOBERNAR

Gobierno Sánchez: «Y después del festival televisivo… ¡niñas, al salón!»

Con quienes le llevaron a La Moncloa exigiendo el pago inmediato de las facturas políticas, Sánchez no va a vivir una legislatura pacífica

Gobierno Sánchez: "Y después del festival televisivo... ¡niñas, al salón!"
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE). EP

Presentó la moción de censura para expulsar a Mariano Rajoy y para gobernar, no para fingir que gobierna con unos cuantos gestos ideologizados

UNA vez conocido el golpe de efectismo mercadotécnico del Gobierno de Pedro Sánchez, y una vez que los diecisiete ministros han tomado posesión de sus cargos, comienza la hora de gobernar.

El PSOE no lo tendrá nada fácil por dos factores: primero, por su exigua minoría en el Congreso, ya que tratar de gobernar con 84 escaños es un auténtico ejercicio de aventurerismo; y segundo, porque la imagen en política es importante, pero no lo es todo.

Este 7 de junio de 2018, Pablo Iglesias, cooperador necesario de una moción de censura que podría hundir a Podemos en la irrelevancia, auguró un «calvario» para Sánchez porque se ha dedicado a «sonreír» al PP y a Cs, y ha olvidado en veinticuatro horas quien lo ha llevado a La Moncloa.

También, la nueva ministra de Hacienda tuvo que desdecirse de su pensamiento real de acabar con el «privilegio» del cupo vasco, y hubo de moderar su discurso ahora que está al frente de un Ministerio.

A su vez, Junts per Catalunya cuestionó al ministro de Cultura, Màxim Huerta, por «xenófobo» y por sus comentarios de «odio» contra el proceso independentista catalán.

Y para completar, ERC exigió a Sánchez la inmediata libertad de los presos preventivos del proceso separatista, y le advirtió de que, en caso contrario, «deberá atenerse a las consecuencias».

El chantaje de quienes defenestraron a Mariano Rajoy para aupar a Sánchez es una evidencia, y es indiciaria de que la legislatura puede generarle un enorme desgaste.

De hecho, la complicación para la aprobación definitiva de los Presupuestos puede no venirle a Sánchez solo de la mano del PP y de su «venganza» a la traición del PNV.

La aprobación de las cuentas públicas puede complicársele porque sus socios de moción exigen resultados inmediatos a sus demandas y chantajes. Los fuegos artificiales de un Gobierno ampliamente elogiado por buena parte de la opinión pública tendrán poco recorrido porque tanto la imagen como la gestión de un Ejecutivo siempre desgastan, inevitablemente.

Con 84 escaños de 350, y con quienes le llevaron a La Moncloa exigiendo desde el primer momento el pago de las facturas políticas pendientes, Sánchez no va a vivir una legislatura pacífica.

A estas alturas de nuestra política, ya sobra la ingenuidad de apelar al «diálogo», los «acuerdos» y el «entendimiento» como retórica de su discurso. Sánchez ni siquiera tendrá tiempo para gozar de un mínimo periodo de gracia y cortesía parlamentaria, porque ni las urgencias de la embarrada política de hoy en día lo permiten y porque es de sobra conocido que se trata de una legislatura que agonizará en meses en una permanente atmósfera electoral.

Sánchez ha diseñado un Gobierno socialmente afable. Pero presentó la moción de censura para expulsar a Mariano Rajoy y para gobernar, no para fingir que gobierna con unos cuantos gestos ideologizados.

Ahora le toca cumplir con sus promesas o su presidencia quedará ampliamente deslegitimada.

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