Rodrigo Rato no tiene piedad

El título es duro, muy duro; pero todo apunta a que responde a la realidad. Rodrigo Rato, tras su fuga del FMI, cuyos motivos a estas alturas ya no es probable que los desvele, y tras buscar algunas apetitosas colocaciones, ha ido a parar a la presidencia de Bankia, el banco resultante del descalabro de algunas cajas.
Ha llegado a la presidencia de Bankia y parece ser que se ha llevado alguna sorpresa que otra, lo que también demuestra que no comenzó las cosas con la debida seriedad, dado que en aquel momento dio por ciertas, alegremente, cosas que no lo eran.
El problema no es que fue engañado, sino que al sentirse como tal quiso desprenderse de la colaboración de quien considera responsable del engaño, que no es otro que José Luis Olivas, y para ello dejó caer, por decirlo de algún modo, al Banco de Valencia, sin tener en cuenta los perjuicios que podía causar a sus trabajadores y accionistas.
Da la impresión de que Rodrigo Rato sólo piensa en sí mismo y en sus intereses, y da la casualidad de que es conocido como político y a los políticos se les supone vocación de servicio a los demás. A la vista de esta revelación, mejor sería que no volviera a la política.
Con respecto a los avatares banqueros, no hay nada nuevo. En España no parece posible tener seguridades de nada. Uno puede confiar todo lo que quiera en los organismos supervisores, en el Banco de España, en el ministerio de Hacienda, en la CNMV, o en las Loterías del Estado, porque al final siempre viene a ocurrir lo mismo. En el caso de Banca Catalana, por ejemplo, en donde tantos vieron desaparecer sus ahorros. Tampoco encontraron amparo en ninguna parte quienes los tenían invertidos en el Banesto. Cada vez que ocurre una cosa de estas, como ahora en el Banco de Valencia, queda de manifiesto la indefensión de los pequeños accionistas. Para Rodrigo Rato, este banco no es más que un peso que se ha quitado de encima. Y con su petición de que haya un banco malo puede que busque que los contribuyentes le quitemos otro peso todavía más grande. La solución ideal podría ser que Rajoy lo mandara de embajador a Australia.
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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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