ARTÍCULO PUBLICADO EN ‘EL DEBATE’

Girauta no se guarda nada contra la ‘pija comunista’ Mónica García

Una visita ministerial a Ceuta, una columna sin tapujos y un retrato político que combina clase social, ideología y espectáculo mediático

Mónica García, ministra de Sanidad y Juan Carlos Girauta, eurodiputado de VOX
Mónica García, ministra de Sanidad y Juan Carlos Girauta, eurodiputado de VOX

La escena es familiar: una ministra llega a una ciudad caracterizada por la presión migratoria, las cámaras la siguen, las redes sociales hierve y, al día siguiente, un columnista se prepara para afilar su pluma. Esta vez, Juan Carlos Girauta, eurodiputado por VOX y colaborador frecuente de El Debate, titula su artículo de hoy «Mónica, pija estupenda» y lanza una dura crítica política en la que la figura de Mónica García se convierte en representación de una manera de entender el poder y la presunta superioridad moral.

En la columna publicada el 17 de agosto de 2026 en El Debate, con el título Girauta no se guarda nada contra la ‘pija comunista’ Mónica García, el autor elabora una tesis clara: la visita de la ministra a Ceuta no sería un acto de empatía o reparación, sino un ejercicio de exhibicionismo político de una izquierda acomodada, desconectada del sufrimiento que alega representar.

La visita a Ceuta y el inicio de la crítica

Girauta inicia su texto con un tono que mezcla ironía y desdén al describir la atmósfera ceutí y el despliegue ministerial. La pieza gira en torno a una idea central: la distancia entre la experiencia de los sanitarios que enfrentaron la oleada migratoria y la escenificación de la ministra durante su visita posterior. En uno de los fragmentos claves, el autor menciona: «Ha sido muy emocionante la visita de la ministra Mónica a Ceuta», una frase que sirve como un pasaje crítico, impregnada de sarcasmo y distancia respecto al entusiasmo oficial.

De aquí en adelante, la columna se apoya en la propia narración para ofrecer un retrato de Mónica García como figura política. Girauta la sitúa en un entorno privilegiado, enfatizando una biografía que, a su juicio, simboliza a cierta izquierda de clase media alta, que convierte el compromiso social en una especie de estilo de vida. En uno de los segmentos más reveladores, sintetiza esa trayectoria con su propia fórmula: «En Ma-me-mi-mo-mu (madre, médica, ministra, Mónica y mujer) se recrea una trayectoria conocida: la pija consumada que no es tonta del todo». Ahí se encapsula la columna: un juego de palabras, ironía y una acusación directa de clasismo invertido.

La construcción del personaje: la «pija comunista»

La figura de Mónica García se presenta en el texto como una combinación de activismo moral y privilegio social. Girauta le otorga el apodo de «pija comunista», una etiqueta que sintetiza la crítica ideológica y de clase. Su objetivo es mostrarla como alguien que se coloca en una posición superior, tanto en el ámbito político como en el mediático, mientras reclama una superioridad ética.

El autor utiliza enumeraciones y repeticiones para reforzar este retrato. La secuencia «madre, médica, ministra, Mónica y mujer» no solo es un recurso fonético; actúa como resumen de los atributos con los que, según él, la ministra se presenta ante la opinión pública. En otro momento relevante, la columna analiza la habilidad de esta nueva clase dirigente para apropiarse del discurso de los vulnerables sin compartir sus circunstancias materiales. Aunque la pieza no se adentra en el ámbito académico, conecta con debates reconocibles sobre la izquierda posmoderna, el papel de las élites y la performatividad del compromiso.

El texto sugiere que el poder de figuras como García radica tanto en su rol institucional como en su capacidad para manejar el relato mediático. Así, la visita a Ceuta se interpretaría no como una reparación de un dolor anterior, sino como una oportunidad para reforzar una imagen pública bien cultivada: la de la dirigente que interactúa con los afectados, escucha, se indigna y regresa a Madrid fortalecida en su estatus de referente moral.

Política, espectáculo y clase social: claves que emergen de la columna

Del artículo se pueden desprender al menos tres ejes de lectura que Girauta deja implícitos y que el análisis ayuda a estructurar:

  • La crítica a la política-espectáculo, donde la visita ministerial actúa como escenario y el sufrimiento de los sanitarios de Ceuta como mero decorado.
  • El retrato de la izquierda de clase alta, encarnada en la figura de la «pija comunista» que aboga por los desfavorecidos desde una posición privilegiada.
  • La denuncia de una supuesta superioridad moral, convertida en herramienta de poder más que en brújula ética.

En el núcleo del artículo, Girauta vuelve a la idea de que esta nueva élite progresista navega con facilidad entre platós, redes y actos públicos, mientras construye un relato de víctima o de resistente. En un fragmento especialmente elocuente, hace referencia a esa figura femenina y política que domina el discurso público: «la pija consumada que no es tonta del todo», reiterando la fusión de inteligencia, estrategia y simulación que, según él, caracteriza a la ministra.

La columna, analizada desde esta perspectiva, no se limita a un ataque personal, sino que intenta retratar una forma de hacer política en España: la de quienes convierten cada visita, cada crisis y cada controversia en un nuevo capítulo del relato que las sostiene, mientras el territorio que pisan —en este caso Ceuta— se reduce a un mero telón de fondo.

Un cierre en clave de personaje

En los últimos compases del texto, Girauta mantiene el tono y concluye la figura que ha delineado a lo largo de su columna. La ministra ya no aparece solo como protagonista de un episodio específico, sino como arquetipo de una generación de dirigentes que, desde la comodidad de su biografía, se adueñan del lenguaje de la precariedad y la lucha. La fórmula Ma-me-mi-mo-mu se mantiene presente como una especie de marca personal, un emblema verbal que resume su crítica y que, al mismo tiempo, subraya hasta qué punto la contienda política contemporánea se libra también en el ámbito del relato y las etiquetas.

De este modo, la columna deja tras de sí la imagen de una Mónica García convertida en personaje literario y político, y de una Ceuta que, por unas horas, fue escenario de una visita que pretendía ser emocionante y resultó, al menos para Girauta, el guion perfecto para una historia de poder, clase y pretensión.

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