El hemiciclo imaginario que dibujan las encuestas es cada vez más azul y verde, y cada vez menos rojo.
Y, aunque el desgaste del Gobierno Sánchez tiene muchas causas acumuladas, hay una que se ha vuelto imposible de disimular en las últimas dos semanas: la patética gestión de la invasión de Ceuta y la evidente sumisión de Moncloa a los tiempos y las decisiones de Marruecos, que maneja al marido de Begoña como un pelele, ahondarán en próximos sodneos el hundimiento d ela izquierda.
Ha queda claro que Mohamed VI, según le convenga, abra o cierra la frontera.
Esa percepción ya no es solo un titular de la oposición: lo hemos visto este sñabado 15 de agosto de 2026.
🔴OJO, Melchor León (vicepresidente primero Asamblea de Ceuta, PSOE) se desmarca del gobierno de @sanchezcastejon y del propio delegado del gobierno. Habla de situación límite en la ciudad y no teme su expulsión del @PSOE pic.twitter.com/0ylzV1lVLP
— Miguel Ángel Bernal Sánchez-Rosado (@mabernalsanchez) August 15, 2026
Un giro consolidado hacia la derecha
El último barómetro provincial de Sigma Dos para El Mundo, publicado bajo el titular «PP y Vox ganan ya en 38 provincias y diluyen al bloque de Sánchez a mandar en sólo ocho», sitúa al bloque de derechas entre 196 y 204 diputados, superando la mayoría absoluta con amplio margen incluso en el escenario más conservador.
El Partido Popular obtendría entre 138 y 143 escaños, y Vox sumaría entre 58 y 61, con unos porcentajes de voto en torno al 32-33% y al 17% respectivamente. Juntos, PP y Vox superarían por primera vez en años el 50% del voto a nivel nacional.
El PSOE, por su parte, caería hasta cerca del 26% de los votos, perdiendo entre diez y veinte escaños respecto a las generales de 2023, mientras Sumar y sus aliados verían reducido su grupo parlamentario a un tamaño muy inferior al que le sirvió de llave de gobernabilidad en la pasada legislatura. No es un movimiento puntual: el propio Sigma Dos ya había registrado en junio una caída de ocho diputados del PSOE en un solo mes —hasta los 108 escaños— coincidiendo con la imputación de Zapatero y el estallido del «caso Leire Díez», antes siquiera de que estallara la crisis de Ceuta.
La España de 38 provincias frente a las ocho de Sánchez
El valor añadido del estudio de El Mundo está en la geometría, no solo en el porcentaje: PP y Vox se imponen ya en 38 de las 50 provincias, mientras el bloque de Sánchez solo mantiene el control en ocho, disputándose el resto en situaciones muy ajustadas. En una cámara de 350 diputados, esa distribución territorial pesa tanto como el voto nacional: la fortaleza del PP en provincias grandes y medianas, sumada a un Vox en ascenso en circunscripciones muy ajustadas, amplifica el impacto del voto conservador, mientras el PSOE sufre en provincias que pierden población —y por tanto escaños— sin que el aguante en los grandes núcleos urbanos baste para compensarlo.
- PP: en torno a 140 diputados.
- Vox: entre 58 y 60 diputados.
- PP + Vox: entre 196 y 204 escaños, muy por encima de los 176 necesarios para la investidura.
- PSOE: entre 105 y 110 diputados.
- Sumar y el resto de la izquierda: poco más de una decena de escaños.
Ceuta, el acelerador que faltaba
Si algo distingue este ciclo de sondeos de los anteriores es que ya incorporan, cifra en mano, el efecto de la crisis migratoria. La encuesta de SocioMétrica para El Español, realizada los días 5 y 6 de agosto —en plena gestión de la avalancha del 30 de julio—, sitúa al PP en 149 escaños frente a los 103 del PSOE, con la suma de PP, Vox y UPN alcanzando 207 diputados frente a los apenas 110 del actual pacto de Gobierno. NC Report, por su parte, coloca al PP en el 34,2% y entre 145 y 147 escaños, con un Vox que sube al 18% y roza los 61-63 diputados.
Pero el dato que mejor resume por qué esta crisis concreta duele tanto en Moncloa es otro: según la misma encuesta de SocioMétrica, un 69,3% de los españoles cree que Marruecos está ejerciendo algún tipo de «chantaje» sobre el Gobierno español a través de la frontera. No es una minoría indignada ni un sesgo de la España que ya votaba a la derecha: es una mayoría amplísima y transversal la que ha interiorizado, casi tan rápido como los propios sindicatos policiales, que Rabat decide cuándo abre y cuándo cierra la válvula migratoria, y que Sánchez se limita a reaccionar a lo que Marruecos decide en cada momento. Cuando la ciudadanía comparte el diagnóstico de que su propio Gobierno actúa como un pelele frente a un vecino, ese malestar no se queda en Ceuta: viaja directamente a la intención de voto.
¿Por qué se desploma el PSOE?
Las encuestas apuntan a varios factores acumulados, y la sumisión ante Marruecos es, a estas alturas, uno de los más visibles. Al desgaste habitual de gestión —inflación, vivienda, sanidad, educación, en un clima de polarización creciente— se suma la fatiga de varias legislaturas apoyadas en socios incómodos y decisiones controvertidas en memoria histórica, amnistía y pactos con el independentismo. Pero la crisis de Ceuta ha añadido un ingrediente distinto: la sensación, medida ya en encuestas, de que ni siquiera la soberanía sobre la propia frontera está en manos del Gobierno, sino de la voluntad de Rabat.
A eso se suma la fuga de voto obrero y de clase media baja hacia la derecha, sobre todo hacia Vox: electores tradicionalmente socialistas en barrios obreros y zonas industriales, más preocupados por la inseguridad, el coste de la vida y la percepción de favoritismo hacia ciertos colectivos que por el discurso social clásico de la izquierda. El PP capitaliza el voto moderado que busca estabilidad; Vox, el descontento con una gestión migratoria que la mayoría de españoles ya no percibe como soberana. Mientras tanto, el espacio a la izquierda del PSOE sigue fragmentado: Sumar no ha logrado una marca ni un liderazgo sólidos, y su electorado más joven y urbano oscila entre la abstención y el voto de castigo.
Qué supondría un Gobierno con más de 200 diputados
Si las elecciones confirmaran la parte alta de estas horquillas, con PP y Vox superando los 200 escaños, el margen de maniobra de un Ejecutivo de Feijóo y Abascal sería considerable: reversión o reforma profunda de leyes clave de la etapa Sánchez en memoria, vivienda, educación e igualdad; una reconfiguración de la política territorial con mayor control estatal sobre competencias sensibles; cambios en órganos institucionales —CGPJ, Tribunal Constitucional, RTVE— sin necesidad de ceder nada a terceros; y una agenda económica centrada en bajar impuestos, ajustar el gasto y aligerar la regulación. Ese bloque podría además formar Gobierno sin negociar un solo escaño con partidos nacionalistas, rompiendo una dinámica de pactos que ha sido casi constante en España durante décadas.
Para un PSOE que ya arrastraba el desgaste de las tramas de corrupción —Ábalos y Koldo condenados, Zapatero imputado, Begoña Gómez camino del juicio— y que ahora suma la imagen de un presidente incapaz de controlar su propia frontera sin el visto bueno de Mohamed VI, la pregunta ya no es solo cuánto va a perder en las urnas, sino si le queda margen para reconstruir un relato antes de que llegue la cita electoral. A la vista de estos números, el reloj corre en su contra en las dos direcciones a la vez: la de los tribunales y la de Rabat.
