El clemente Mozart, por J.C.Deus

Está a punto de morir, lo hará tres meses después. Ha empezado a escribir el Requiem y va a estrenar La flauta mágica. Acepta el encargo del emperador Leopoldo II para su coronación como rey de Bohemia. La revolución en Francia afila las guillotinas y acaban de caer presos Luis XVI y María Antonieta, hermana de Leopoldo. Le imponen el tema y el libreto y le dan poco tiempo para realizar su trabajo. Wolfgang, que no se amilana ante nada, se escribe toda una ópera en cuatro semanas. Una ópera para ensalzar hasta tal punto la clemencia como virtud principal de los gobernantes, que resulta no sólo imposible para la época sino imposible para el género humano. Agobiados por el desacontento de las masas, atemorizados por la traición de muchos nobles y burgueses, forzados a aparecer dialogantes en vez de tiranos, ilustrados en vez de absolutistas, los reyes europeos no están para discursos pacifistas, y la emperatriz María Luisa tachará la obra de ‘porquería alemana’ tras su fracaso en el estreno.

El Teatro Real está presentando la ópera La clemenza di Tito, de Wolfgang Amadeus Mozart, en sólo tres sesiones para establecer un puente de unión entre la primera y la última de las grandes óperas del compositor; esto es, entre el Idomeneo que cerrará la presente temporada, y esta La clemenza. que pocos afortunados podrán ver en esta versión semiescenificada pero tan bien realizada que no se echan de menos despliegues más rimbombantes.

Con dirección musical de Víctor Pablo Pérez, que ha obtenido con este título grandes éxitos en los festivales Mozart de Madrid y A Coruña, y con escena y figurines de Marco Carniti, esta nueva producción cuenta con un excelente y equilibrado reparto, con cantantes que han hecho de los papeles que interpretan en esta ópera su tarjeta de visita. Es el caso especialmente de la mezzosoprano búlgara Vesselina Kasarova; pero también de su compatriota y temperamental soprano, Alexandrina Pendantschanska, o del tenor italiano nacido en Alemania Roberto Saccà. Junto a ellos intervienen dos voces españolas en ascenso, la mezzosoprano navarra Maite Beaumont y la soprano vasca Ainhoa Garmendia. Ambas confirman que son valores ciertos con gran futuro.

Estrenada en el Teatro Nacional de Praga el 6 de septiembre de 1791, Mozart llevaba ya años sin escribir óperas serias cuando, a finales del úiltimo verano de su vida, el empresario Guardasoni le encargó una obra para celebrar la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia. El libreto debía ser el de La clemenza di Tito, un drama escrito por Pietro Metastasio casi 60 años antes, en 1734, y esta vez adapado por Caterino Mazzolà, el poeta oficial de la corte del Elector de Sajonia. Un drama del que se hicieron decenas de versiones musicales en aquellos años en centroeuropa.

Pese a la rigidez del marco impuesto y al hecho de que, por la premura de tiempo, Mozart confíe la elaboración de los recitativos a su discípulo Franz Süssmayr, responsable también de la terminación del Réquiem, el genio creó una obra musical excepcional en la que ni uno solo de los personajes queda sin tener grandes oportunidades, con una sucesión de arias realmente fantástica. Cada ópera famosa tiene su punto fuerte, y el de esta clemencia mozartiana está en sus seis papeles y especialmente las dos sopranos y las dos mezzosopranos -en su tiempo dos castrados-, todo un completo muestrario de la voz femenina operística.

El libreto original glosa la bondad del emperador romano Tito, que acaba perdonando a la pareja de conspiradores que ha querido asesinarle. Una pareja formada por su prometida y su lugarteniente, ni más ni menos. Es Vitellia, hija del emperador destronado por el padre de Tito, quien despechada porque éste planea casarse con otra, incita a su rendido admirador Sesto a que lo mate. Como casi siempre, el malentendido será el protagonista principal de la trama, en la que el protagonista masculino resulta no sólo clemente sino patéticamente indeciso en sus amores y más cristiano que el mismo Cristo, que recomendaba ofrecer al agresor la otra mejilla. Tito cree que es el mejor método de gobernar, pero no ha pensado así ningún gobernante desde el principio de los tiempos.

Se asegura generalmente que Mozart creó una obra llena de humanidad, con unos personajes que anuncian ya en sus conflictos la sensibilidad romántica. Resulta misterioso, sino simplemente ilógico, que la corte de Leopoldo impusiera tal tema con tal tratamiento en tal momento para tal acto. Mozart que ya había ensalzado las nuevas ideas de ligertad, igualdad y fraternidad, se volcará en resaltar la clemencia de este emperador romano, un dubitativo personaje para una época turbulenta. ¿Perdonaría usted a su novia que encargara a su mejor amigo su muerte, perdonaría al hombre que goza de su total confianza que llegue a apuñalar a quien confunde con usted mismo? Es el mensaje casi póstumo de Mozart. No es un mensaje masónico, terrenal; es un mensaje religioso, budista además de cristiano. Lo envuelve en una música sublime y se lo lanza a sus patrones Leopoldo y María Luisa. No les gustó, por supuesto. Demasiada clemencia, entonces y ahora.

Teatro Real
16, 18 y 20 de mayo

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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