Diario de un NO nacionalista

La burbuja del President

La burbuja del President
Artur Mas. BC

Artur Mas es el principal representante del Estado en Cataluña, es y lo sigue siendo hasta que las urnas lo apeen de dicho cargo, así es la grandeza de la democracia española, tolerante hasta con quien le niega, hasta con quienes no respetan ni la ley que les legítima con ser lo que son, hasta con quien pisotean el estado de Derecho en pos de pesadillas identitarias, estrictamente leal hasta con quienes hacen bandera de la deslealtad, hasta con quien traicionan a quienes dicen representar.

Si a los generales romanos se les recordaba su finitud y humanidad con la máxima «memento mori», a los políticos que en democracia confunden representados con súbditos habría que decirles y exigirles que cumplan con su obligación, que abandonen sus obsesiones dogmáticas, sus burbujas justificativas, que dejen de tratar de secuestrar a la población, que no se comporten como agitadores políticos o como aprendices de brujo, que no traten a la ciudadanía como si fuesen de menores de edad o adolescentes, ni por supuesto como afectados por una especie de síndrome de

Estocolmo sociológico.

Porque lo ocurrido en el Camp Nou no solo es una cuestión de falta de respeto, educación o de manipulación política, no solo hablamos de una forma absurda e idiota (idiota desde su sentido etimológico y como se entendía en la antigua Grecia) de ejercer la liberad que nos garantiza nuestro ordenamiento jurídico y nuestra democracia, ni siquiera hablamos de ese comportamiento pueril de una masa que se sabe a salvo de responsabilidades, que necesita sentirse aceptada y adaptada al grupo, a la tribu, al clan…

Esta es una estrategia más de un poder institucional que hace las veces de revolucionario pero que ha institucionalizado (desde una perspectiva sociológica) formas que colindan y sobrepasan una mínima ética democrática, cabria recordar una campaña puesta en marcha por la Generalitat y apoyada por los medios de comunicación escrita subvencionada y adepta al Régimen nacionalista en la que se regalaron cientos de miles de pegatinas con el CAT para cubrir la E de España en las matrículas de los coches, a la segunda multa, a la primera sensación de que en democracia los derechos, las libertades y las responsabilidades son algo que recaen en el individuo…toda esa combatividad, toda esa fuerza de la masa, se quedó en eso, en la nada tras las primeras sanciones.

De ahí partieron las nuevas apuestas, las macro-manifestaciones autoreferenciales, los conciertos en los que se pedía libremente la libertad -una clara contradicción autoperformativa-, la utilización y manipulación de los símbolos, de la Iglesia, de los actos, de las instituciones, todo buscando el anonimato del grupo que azuce los miedos y los sentimientos de pertenencia aparentemente indoloros y sin consecuencias.

En estos contextos vemos al que debería ser el representante de todos los catalanes comportarse como un hooligan amansado, satisfecho de estar -solo- con los que el cree que son los suyos, riéndose del resto de catalanes, de esa mayoría de catalanes de la Cataluña real, gesticulando como si de un fan quinceañero se tratase, alimentando su ego a costa de un enorme precio democrático, alguien, alguien cercano, algún amigo del President debería haberse acercado a su oído para decirle (políticamente) «memento mori» la democracia y nuestros derechos están muy por encima de tus delirios nacionalistas.

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