El reciente apagón digital que ha afectado a millones de personas en todo el mundo se ha convertido en el caldo de cultivo perfecto para que gurús de toda índole encuentren su oportunidad de oro. En las últimas 48 horas, las redes sociales que han logrado mantenerse operativas se han inundado de mensajes apocalípticos, teorías conspirativas y llamados a la «revelación» por parte de autoproclamados expertos que aseguran tener todas las respuestas ante esta crisis global.
«Empieza la era de Lucifer», «El gran reseteo ha comenzado» o «Este es el principio del fin del sistema tal como lo conocemos» son solo algunos de los mensajes alarmistas que circulan en plataformas como X (antes Twitter) y en los foros alternativos que han ganado popularidad tras el colapso de los principales servicios digitales. La situación recuerda peligrosamente a otros momentos de crisis colectiva, como el famoso «apagón» de protesta de Wikipedia y Google en 2011, cuando miles de páginas «cerraron» con carteles de protesta generando una avalancha de reacciones.
El lucrativo negocio del miedo
Detrás de estos mensajes alarmistas se esconde un lucrativo negocio. Los expertos en comunicación digital señalan que estos influencers del apocalipsis han encontrado en el caos la oportunidad perfecta para aumentar su base de seguidores y, por ende, sus ingresos. La estrategia es simple pero efectiva: ofrecer «respuestas exclusivas» a preguntas que la población se hace en momentos de incertidumbre.
«Es el círculo vicioso de la comida basura informativa: no podemos dejar de consumirla porque está diseñada para que nos pase exactamente eso», explica un análisis reciente sobre el fenómeno de la desinformación digital. «Pero pensamos que es una debilidad moral nuestra, una vergonzosa y humillante falta de voluntad».
Estos gurús digitales han perfeccionado sus técnicas de captación siguiendo metodologías probadas en el mundo del marketing digital. No es casualidad que muchos de ellos utilicen estrategias similares a las desarrolladas por expertos como B.J. Fogg, quien en 2007 creó el famoso curso conocido como «The Facebook Class» en la Universidad de Stanford, donde enseñaba a sus alumnos a diseñar aplicaciones adictivas que consiguieran «enganchar al mayor número de usuarios posible».
El auge de «FinTok» y los nichos de influencia
El fenómeno no es nuevo. En los últimos años, hemos visto cómo han proliferado nichos específicos de influencers que capitalizan momentos de crisis para ganar relevancia. Desde el auge de FinTok, muchos creadores de contenido han encontrado su lugar en nichos específicos como asesores financieros, expertos en independencia financiera o gurús del movimiento FIRE (Jubilación Anticipada e Independencia Financiera).
Estos creadores de contenido enfrentan el desafío constante de captar la atención en un mundo digital saturado. Como señala Ravi Handa, influencer con casi 40.000 seguidores que habla sobre independencia financiera: «La disminución de la capacidad de atención de los espectadores sigue siendo una preocupación vital para los creadores de contenidos, ya que la mayoría de la gente probablemente sólo mire el título de un vídeo antes de alejarse».
En el caso del reciente apagón, esta dinámica se ha intensificado exponencialmente. Los gurús apocalípticos han encontrado un filón en la ansiedad colectiva, ofreciendo desde «kits de supervivencia digital» hasta cursos para «prepararse para el colapso definitivo».
Curiosidades y datos sorprendentes del fenómeno
La crisis ha dejado algunas situaciones tan alarmantes como curiosas. Entre los datos más llamativos destaca el surgimiento de más de 500 nuevas cuentas en plataformas alternativas que se presentan como «profetas del apagón» en las primeras 24 horas tras el incidente. Algunos de estos nuevos gurús han conseguido hasta 50.000 seguidores en cuestión de horas.
Un caso particularmente llamativo es el de un influencer que, tras predecir supuestamente el apagón tres días antes (con un mensaje deliberadamente ambiguo), ha multiplicado por diez su base de seguidores y ha lanzado una criptomoneda llamada «BlackoutCoin» que ha recaudado más de 2 millones de dólares en menos de un día.
Otro dato sorprendente es que las búsquedas de términos como «bunker antitecnológico», «cómo vivir sin internet» y «preparacionismo digital» han aumentado un 8.000% en los motores de búsqueda que siguen operativos. Paralelamente, las ventas de libros sobre supervivencia y manuales de autosuficiencia se han disparado en las librerías físicas, que han visto un inesperado repunte de clientes.
El poder de los algoritmos y la responsabilidad de las plataformas
El fenómeno de los gurús apocalípticos no sería posible sin la complicidad de los algoritmos que rigen las redes sociales. Estos sistemas, diseñados para maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios, tienden a favorecer el contenido que genera reacciones emocionales intensas, como el miedo o la indignación.
ByteDance, la empresa propietaria de TikTok, ya fue criticada en el pasado por crear un algoritmo que alimentó el peligroso «desafío blackout» (apagón), que tuvo como víctima directa a una niña de 10 años. Este tipo de incidentes demuestra el poder y la responsabilidad que tienen las grandes tecnológicas en la propagación de contenidos potencialmente peligrosos.
La situación actual plantea serias preguntas sobre la regulación de estos espacios digitales. Como señala un reciente análisis sobre el poder de los magnates tecnológicos: «En el fondo, lo que buscan [algunos líderes tecnológicos] es eliminar contrapesos y trabas a la implantación de una agenda ultra en lo político y ultraliberal en lo económico».
La respuesta de los expertos y las autoridades
Ante la proliferación de estos mensajes alarmistas, numerosos expertos en comunicación y autoridades han salido al paso para desmentir las teorías más descabelladas y ofrecer información contrastada sobre las causas reales del apagón global.
Los reguladores financieros también están intensificando claramente su campaña para mantener a raya a los ‘influencers’ que aprovechan situaciones de crisis para promocionar inversiones dudosas o esquemas piramidales. En algunos países, las penas por difundir información financiera engañosa pueden llegar hasta los dos años de prisión y multas ilimitadas.
Mientras tanto, periodistas especializados en verificación de datos trabajan contrarreloj para desmentir las teorías más extravagantes. «La desinformación se propaga seis veces más rápido que la información veraz en momentos de crisis», explica un experto en comunicación digital. «Y en situaciones como esta, donde la incertidumbre es máxima, el terreno es especialmente fértil para los vendedores de humo».
Un fenómeno que trasciende lo digital
Lo más preocupante de esta situación es que el fenómeno ha trascendido el ámbito puramente digital. En varias ciudades se han reportado reuniones improvisadas de seguidores de estos gurús, que han comenzado a organizarse en comunidades «offline» para prepararse para lo que consideran «el inevitable colapso definitivo».
En Detroit, ciudad que vio nacer a figuras contraculturales como el músico Rodriguez (quien pasó del anonimato a la gloria de forma inesperada), han surgido grupos que promueven el abandono total de la tecnología y el retorno a formas de vida preindustriales.
El fenómeno recuerda a otros momentos históricos en los que crisis tecnológicas o sociales han dado pie al surgimiento de movimientos milenaristas o apocalípticos. La diferencia es que, en la era digital, la capacidad de estos mensajes para propagarse y generar comunidades es exponencialmente mayor.
Mientras los técnicos trabajan para restablecer completamente los servicios afectados por el apagón, la sociedad enfrenta otro desafío igualmente complejo: cómo inmunizarse contra esta epidemia de desinformación que amenaza con dejar secuelas mucho más duraderas que el propio fallo tecnológico.
