La expectativa de unas elecciones inmediatas en Venezuela se ha desvanecido.
El nuevo secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha enfatizado que las urnas solo llegarán en una “tercera fase” de una transición que debe pasar previamente por la estabilización económica y la normalización civil del país.
La hoja de ruta, presentada en Washington tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, combina presión militar, control sobre el petróleo y una transición política guiada desde el exterior.
En este contexto, los mensajes de los líderes chavistas y las primeras cifras sobre la operación militar alimentan una atmósfera tensa que aleja cualquier posibilidad de un regreso rápido a la normalidad institucional.
Por ahora queda claro desde Washington: las elecciones no están descartadas, pero tampoco serán inmediatas. Antes habrá que atravesar este largo corredor repleto de estabilización económica, ajustes necesarios y reordenamiento político, donde Estados Unidos mantendrá firmeza total sobre el timón.
Lo esencial no es solo quién votará ni cuándo; sino quién tendrá voz al momento de escribir esas reglas cuando finalmente lleguen nuevamente las urnas a Venezuela.
Una transición en tres etapas: estabilizar, recuperar… y luego votar
El planteamiento de Marco Rubio es claro: primero se debe estabilizar el país, luego reactivar la economía y solo al final se abrirá la puerta a unas elecciones supervisadas internacionalmente.
Rubio describe así el esquema:
- Fase 1 – Estabilización
- Evitar “el caos” tras la caída de Maduro.
- Mantener un bloqueo y control riguroso del petróleo venezolano mediante una “cuarentena” que permite a Washington quedarse con cargamentos bloqueados por sanciones y decidir cómo se utilizan esos fondos.
- Reforzar el orden público y asegurar el funcionamiento básico del Estado para evitar un colapso institucional.
- Fase 2 – Recuperación
- Reactivar la economía garantizando acceso “justo” al mercado para empresas estadounidenses, occidentales y de otras naciones.
- Fomentar un proceso de reconciliación nacional: liberación de presos políticos, amnistías y regreso de dirigentes opositores exiliados.
- Reconstruir la sociedad civil y abrir espacios políticos controlados.
- Fase 3 – Transición
- Consolidar la transformación política hacia un gobierno democrático.
- Ubicar en esta etapa final el calendario electoral, que aún carece de fecha o diseño institucional claro.
En su versión divulgada por medios estadounidenses, Rubio evita comprometerse a plazos concretos y señala que algunas fases “se solaparán”, lo que deja un amplio margen para ajustar cada etapa según evolucione la situación sobre el terreno. Desde la Casa Blanca, Donald Trump ya ha descartado comicios a corto plazo e insiste en que el país debe “recuperar su salud” antes de ir a votar.
Detrás del calendario: petróleo, control y temor al “caos”
La decisión de situar las elecciones en una tercera fase responde a tres preocupaciones fundamentales para Washington:
Evitar un vacío de poder incontrolable
Tras la detención de Maduro en un operativo nocturno en Caracas el 3 de enero, existe un temor declarado sobre un colapso del Estado y los servicios básicos si se provoca un cambio político abrupto.
El mensaje recurrente de Rubio es claro: “No queremos que [Venezuela] caiga en el caos”.
Asegurar el control del petróleo venezolano
El plan incluye una “cuarentena” naval y la incautación de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, que Estados Unidos pretende vender, gestionando directamente los ingresos.
El objetivo declarado es que ese dinero “beneficie al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen”, pero este esquema otorga a Washington un control sin precedentes sobre la principal fuente de riqueza venezolana.
Analistas consultados por medios internacionales apuntan que EE.UU. busca obtener un acceso privilegiado al petróleo venezolano, desplazando así la influencia de Rusia y China en el sector energético.
Rediseñar el mapa político interno
La figura central de Delcy Rodríguez como presidenta encargada ha sorprendido tanto a parte de la oposición como a aliados occidentales, quienes esperaban un respaldo más claro hacia figuras como María Corina Machado.
Según expertos citados por medios informativos, Washington busca utilizar a Rodríguez para contener a los sectores más radicales del chavismo y prevenir sabotajes a infraestructuras clave.
En términos prácticos, el calendario electoral queda subordinado al cumplimiento de estas prioridades. Rubio sostiene que serán “los venezolanos quienes transformarán su país”, aunque el margen real para esa transformación dependerá del manejo durante esta prolongada intervención.
La narrativa chavista: resistencia frente al recuento de víctimas
Mientras Washington presenta su estrategia como un plan ordenado hacia la transición, el chavismo intenta reconstruir su relato como resistencia ante lo que consideran una agresión externa.
En su programa “Con el mazo dando”, el dirigente chavista Diosdado Cabello, señalado por la oposición como uno de los arquitectos principales de la represión, ha respondido desafiante a los ataques estadounidenses y a la captura de Maduro. A través del espacio televisivo, Cabello advierte que cualquier decisión estadounidense para bombardear instalaciones en Venezuela “se les va a revertir”, presentando esta operación como un acto bélico con consecuencias políticas y sociales inminentes.
Este discurso cumple varias funciones:
- Reafirmar cohesión interna dentro del aparato chavista.
- Delegitimar a la nueva autoridad provisional vinculada con Washington.
- Mantener viva la idea de una lucha antiimperialista que todavía resuena entre ciertos sectores poblacionales.
A su vez, las primeras cifras provenientes de las estructuras policiales del antiguo régimen buscan reforzar esta narrativa. El responsable policial ha calificado públicamente la operación militar llevada a cabo por Donald Trump como “bárbara” e informa sobre unos 100 muertos y otro número similar de heridos durante los ataques y acciones para capturar a Maduro, según sus propios datos.
Esta cifra carece de verificación independiente y contrasta con la información más limitada ofrecida por Washington, centrada principalmente en destacar el éxito táctico mientras minimiza las bajas entre sus tropas estadounidenses. Sin embargo, este relato sobre daños humanos ya sirve como combustible político.
Dudas en el Congreso estadounidense y escepticismo internacional
El plan dividido en tres fases no solo genera debate dentro de Venezuela; también provoca fricciones en Washington.
Legisladores demócratas que asistieron a sesiones informativas clasificadas han expresado no haber recibido un “plan detallado” para lo que sucederá después, más allá del control del petróleo o presencia militar.
Algunos senadores advierten sobre los riesgos inherentes a repetir errores cometidos en Irak y Afganistán: prolongar sanciones económicas sin contar con una salida política clara puede ser contraproducente.
Incluso entre republicanos críticos hay quienes reconocen que “no sabemos qué pasará después” e insisten en que el plan deberá adaptarse conforme evolucione la situación sobre el terreno.
Fuera de Estados Unidos crecen las inquietudes:
- ¿Hasta qué punto responderá esta transición realmente a las demandas del pueblo venezolano o estará más alineada con las prioridades energéticas estadounidenses?
- ¿Qué garantías existen para asegurar que una oposición fragmentada e históricamente golpeada pueda competir en igualdad durante futuras elecciones?
- ¿Quién definirá finalmente el marco legal para esos comicios: la actual presidenta encargada, supervisores internacionales o algún órgano mixto?
Sin respuestas claras ante estas interrogantes, muchos gobiernos u organizaciones ven las promesas electorales dentro de esta tercera fase como aplazadas sine die.
Hacia dónde puede evolucionar el tablero venezolano
En las próximas semanas, cómo se desarrolle este plan dividido en tres fases será determinante para los tiempos políticos en Venezuela. Algunos factores podrían resultar cruciales:
Gestión del petróleo incautado
Si estos recursos comienzan a traducirse en mejoras visibles —abastecimiento adecuado, aumentos salariales o servicios básicos— podría cambiarse notablemente la percepción social respecto a esta intervención.
Sin embargo, si se percibe este control externo como expolio, discursos como los defendidos por Diosdado Cabello podrían ganar fuerza, especialmente entre barrios populares o sectores nacionalistas.
Relación entre Delcy Rodríguez y oposición
La capacidad de Rodríguez para negociar amnistías o permitir regresos seguros será clave para otorgarle credibilidad a esta fase de recuperación.
Un bloqueo o deriva autoritaria podría prolongar indefinidamente tanto esta fase como retrasar las elecciones.
Presión internacional
Gobiernos regionales y europeos demandan mayor claridad respecto al horizonte electoral; tendrán márgenes suficientes para condicionar ayudas económicas o reconocimiento diplomático según avance este proceso.
La forma como se investiguen las víctimas civiles durante esta operación militar también influirá notablemente sobre cómo sea vista la legitimidad detrás de dicha intervención.
