Imagina un grupo de pequeños gusanos transparentes nadando a contracorriente en un océano inmenso, como si fueran superhéroes con aletas.
Las angulas, esas crías de anguila que tanto nos deleitan en salsa caliente, no son simplemente una delicia culinaria.
Su historia es una travesía épica repleta de dramas que bien podrían figurar en una película de terror. Nacen en el enigmático Mar de los Sargazos, cruzan el Atlántico durante hasta tres años y desembocan en estuarios como los del Ebro o el Cantábrico, listas para ser fritas. Pero atención, porque su relato incluye cambio de sexo, canibalismo y un viaje final mortal que agota a las adultas.
Todo comienza con un desove masivo en esas aguas profundas del Atlántico. Las hembras, hinchadas como globos, liberan millones de huevos que se convierten en larvas planctónicas, casi invisibles y delgadas como un cabello. Estas leptocéfalos flotan con las corrientes, recorriendo 6.000 kilómetros hasta llegar a Europa.
Al tocar tierra, se transforman en angulas traslúcidas de aproximadamente 7 centímetros, ingresan a ríos y crecen devorando todo lo que encuentran a su paso, incluyendo a sus hermanos menores en episodios de canibalismo que garantizan la supervivencia de los más fuertes.
En agua dulce, muchas experimentan un cambio de sexo –de machos a hembras– dependiendo de las condiciones ambientales; un ingenioso truco evolutivo para maximizar la reproducción. Este detalle lo puedes descubrir más a fondo en el fascinante reportaje sobre su ciclo vital, donde se explica cómo las adultas, tras años acumulando grasa en ríos, inician el regreso al Sargazo. Sus ojos se agrandan, su estómago se cierra y nadan sin alimentarse hasta morir después de reproducirse.
Sin embargo, esta odisea está al borde del colapso. La anguila europea (Anguilla anguilla) ha sido catalogada como peligro crítico de extinción desde 2008 por la UICN, superando incluso al lince ibérico o al panda. En los años 80 llegaban 100 angulas por cada 7,2 hoy; actualmente su llegada a ríos europeos apenas alcanza el 10% de niveles históricos. Diversas causas amenazan a estas viajeras: la sobrepesca insostenible de juveniles –como si solo se pescara crías–, presas que obstruyen ríos, contaminación ambiental, parásitos en la vejiga natatoria y el cambio climático que altera corrientes naturales. El ICES exige establecer cero capturas en toda Europa y el Gobierno español plantea incluirla en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas para prohibir su pesca. En Asturias y Galicia la población es crítica; ya han cerrado pesquerías en el País Vasco y Andalucía. WWF solicita restaurar hábitats y combatir el tráfico ilegal, ya que la escasez incrementa los precios y genera una espiral de extinción: cuanto más raras son, más deseadas se vuelven.
¿Representan un peligro para los humanos?
En absoluto. Estas anguilas no pican ni son venenosas; su único «riesgo» es vaciar tu cartera.
Un kilo de angulas puede costar cerca de 1.000 euros, con subastas iniciales alcanzando los 13.000 euros debido a la escasez –menos de 1.000 kilos fueron pescados en Asturias esta temporada–. Antes eran un plato común; desde los años 80 han pasado a ser un lujo reservado para altos restaurantes y cenas reales. En España se pescan con cedazos en cuencas como las del Deba, Oria y Urola, pero los científicos consideran insostenible extraer juveniles que jamás reproducirán.
Si quieres disfrutarlas sin remordimientos –mientras sea legal– prueba esta sencilla pero deliciosa receta clásica vasca:
- Ingredientes (para 4): 400 g angulas, 4 ajos, guindilla, aceite de oliva y sal.
- Saltea ajos y guindilla en aceite caliente. Agrega las angulas durante 2 minutos, salpimienta y ¡listo!
Este manjar se consume desde hace siglos en el País Vasco, Cantabria y Galicia, donde pescadores las atrapan durante el invierno. Una tradición que genera unos impresionantes 828.000 euros anuales en Galicia pero a costa del futuro de la especie.
Algunas curiosidades que te sorprenderán:
- Las leptocéfalos miden apenas 10 mm al nacer y flotan como hojas secas; es el estadio larval más prolongado del reino animal.
- Los machos adultos rara vez superan los 50 cm, mientras que las hembras pueden alcanzar hasta 1,5 m y pesar hasta 4 kg.
- Durante su viaje final no ingieren alimento: consumen sus reservas de grasa hasta morir tras desovar.
- Son capaces de detectar olores a distancias enormes para regresar al Sargazo exacto donde nacieron.
- En Japón tienen al unagi como rey entre las anguilas; sin embargo, la europea es única por su migración transoceánica.
Un auténtico manjar que podría quedar relegado al olvido si no tomamos medidas inmediatas.

