Debería crearse una comisión ética ajena a las Asociaciones de la Prensa, siempre endogámicas, que avergonzara a los periodistas por prestarle atención y espacios informativos a falsarios, vividores y frikis fabricantes de mensajes anticientíficos que terminan dañando, y quizás ayudando a matar, a la población sugestionable.
Los periodistas nos hemos hecho altavoces de retrógrados, incluso de homicidas, como lo son quienes dirigen esas asociaciones contra la vacunación infantil que han llevado a un niño de seis años en Barcelona a estar ahora entre la vida y la muerte.
De hacerles caso mucha gente, ahora serían miles o millones los niños, como este, en peligro de extinguirse.
Influidos por ellos, sus padres rechazaron inmunizarlo…
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