Un pastor protestante de Belfast, Irlanda del Norte, James McConnell, está procesado y podría ser condenado a seis meses de prisión por afirmar en un sermón que difundió en el boletín electrónico de su iglesia que el islam no es una religión de paz sino “pagana” y “satánica”.
No le vale como atenuante que los fondos de sus feligreses atiendan a 1.200 niños musulmanes en Kenia y Etiopía, ni siquiera que pida el mismo derecho que los mahometanos para decir lo que piensa, como Raied Al-Wazzan, director del Centro Islámico de Belfast, que lo acusó de “propagar odio religioso” y provocó su procesamiento.
Poco antes, Al-Wazzan había anunciado con orgullo en su mezquita que “Mosul es la ciudad más pacífica del mundo desde que fue conquistada por el Estado Islámico”.
La ciudad iraquí tenía casi dos millones de habitantes, de los que 120.000 eran cristianos; muchos fueron ejecutados por los terroristas islamistas, incluso niños, las mujeres hechas esclavas…
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