La implicación de los futbolistas de la Selección española David de Gea e Iker Muniaín en un caso de corrupción de menores lanzada a mediados de junio resultó tan dudosa o falsa que la justicia ni siquiera los interrogará.
Pero el daño está hecho: ambos han sufrido la pena de telediario, oprobio, vergüenza, y en algún caso problemas familiares, agigantados por Pedro Sánchez, que mostró un carácter atolondrado e irreflexivo proclamando públicamente que no se sentía cómodo viéndolos, especialmente a De Gea, en la Selección.
Se ve que habían mancillado el honor de este político tan moralmente ejemplar que es yerno de quien era famoso propietario de saunas gay en Madrid en las que posiblemente el comercio carnal también se da con menores.
El caso de los futbolistas se conoció después de la detención de un actor y director de cine pornográfico, Ignacio Allende, “Torbe”, por emplear supuestamente menores de edad como actrices y prostitutas…
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