Como presidente del Gobierno español debo expresarle, querido Carles Puigdemont, mi admiración por su perseverancia al reclamarme desde que accedió a la presidencia de la Generalidad catalana hace año y medio que negocie con usted un referéndum para independizar Cataluña de España.
Día tras día, hora tras hora, rogándome que le conceda la ruptura de nuestro país con la pasión de quien pide la mano de una señorita catalana para cercenársela, pues pedir la mano y no todo el cuerpo la mutila, como pasa en la tribu de las mujeres mancas; claro que ellas se vengan extirpándole a los hombres sus gónadas, lo que extingue la nación cultural de ambos.
Su obsesión le ha llevado a reclamarme, indirectamente, que envíe tropas y artilugios bélicos a Cataluña. Su pregunta “¿Va usted a usar la fuerza?” no es retórica, s un sobrentendido como cuando entre ustedes y sus amigos empresarios hacían gestos místicos para preguntarles “¿Nos da solo el 3, o llegan al 20% si les concedemos la obra?”…..
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