Ante la guerra de guerrillas que nos han declarada los islamistas a todos y a cada uno de nosotros deberíamos responder rápida e individualmente en defensa de las víctimas que vemos cercanas.
Como Ignacio Echeverría, nacido hace 38 años en Ferrol, estudiante y residente en Madrid y otras capitales europeas y abogado en la “City” londinense, asesinado este sábado al defender con su monopatín a una mujer anónima a la que acuchillaba un terrorista.
Frente a esta heroicidad vemos a masas en estampida porque alguien grita “Alá es grande”, como en la Semana Santa sevillana o en una plaza de Turín, donde el pánico provocó mil heridos durante la final de la Champions League. Nadie se arrojó sobre los provocadores para entregarlos a la policía…
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