Hay enfermos que a pesar de contar con todas las atenciones médicas y humanas desean morir, y otros sumidos en el dolor y el abandono que quieren seguir viviendo, pero a los que les aplicarán la próxima legislación sobre la eutanasia porque por su situación física son incapaces de expresarse.
Esas situaciones y las intermedias las pasaremos algún día bajo una ley que permitirá que matemos o que nos maten si se cree que nuestra situación y cercanía de la muerte es irreversible, o si nuestro sufrimiento, incluido el psicológico, parece insoportable.
Un párrafo del juramento hipocrático, vigente desde hace 2.400 años y que recitaban los médicos aún durante parte del siglo XX dice: “Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna”.
La eutanasia y el aborto son conquistas del laicismo frente a las religiones dominantes en nuestra cultura judeocristiana, para la que ambas intervenciones iban contra la sacralidad de la vida…
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