Los obispos critican nuevamente las políticas migratorias de su país

La Iglesia en México insta a las autoridades a no ‘señalar con el dedo a los inmigrantes’

La Iglesia en México insta a las autoridades a no 'señalar con el dedo a los inmigrantes'
El presidente Andrés Manuel López Obrador. EP

La Iglesia sigue apostando por el fenómeno inmigratorio. Los obispos de México han salido nuevamente en defensa de los inmigrantes ante las políticas migratorias del país. Los prelados han instado en a las autoridades a usar las manos para acoger a los inmigrantes y no para señalarlos como problema.

Bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se han visto triplicadas las deportaciones en sus primeros meses al frente del Ejecutivo. De 5.717 de diciembre de 2018, han pasado a 14.970 en abril, hasta sumar un total de 45.370 personas deportadas.

«Las políticas antiinmigrantes no solo van en abierta oposición al Evangelio. Estos caminos nos encierran en nuestro propio egoísmo disfrazado de seguridad y nos amarran en el desprecio», han señalado desde la archidiócesis de México.

En un editorial del semanario católico Desde la fe, han destacado que «puede ser fácil señalar con un dedo a quienes dejan su lugar de origen, pero ¡qué difícil es abrir la mano completa para darle la bienvenida y después abrazarlo!». No en vano, el texto se titula «Apuntar con el dedo vs. tender la mano». «Este camino sí es humano, este camino genera riqueza cultural, crecimiento social, crea puentes y supera abismos», han asegurado.

La archidiócesis de México se suma así a una serie de críticas al Gobierno desde la Iglesia mexicana. En junio, por ejemplo, la Conferencia Episcopal hizo público un mensaje denunciando el despliegue en la frontera de miles de efectivos de la Guardia Nacional para contener el flujo migratorio y evitar con ello la imposición de aranceles a los productos mexicanos por parte de Estados Unidos. «Si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un muro no podemos convertirnos nosotros mismos en ese muro», afirmaban.

Las migraciones –apunta el editorial de Desde la fe– han formado parte de toda la historia de la humanidad. «Sin duda el inmigrante siempre genera problemas y retos», han reconocido los obispos. Pero han recordado que «quien deja su lugar de origen jamás lo hace por mero gusto y placer».

Lo empujan más bien conflictos locales, persecución, inseguridad u otros problemas persistentes que afectan a su vida y les empujan a buscar mejores condiciones. Y acogerlo, además de un desafío, «también da origen a oportunidades y riquezas que trascienden la geopolítica».

Dentro de estas oportunidades, el semanario ha afirmado que el mandato evangélico de acoger al forastero «es una invitación para sanar una globalización enferma de miedo, para seguir creciendo en la oferta y en la aceptación de lo ajeno». Y ha concluido que «nadie es tan humano como cuando se abre a la humanidad del otro: he aquí una gran ventaja de la migración, sea cual sea su origen, sea cual sea su futuro».

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Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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