Decisiones. Luis Enrique toma el mando. Tras una última temporada de vergüenza colectiva –el banquillo del Barcelona se convirtió en el hazmerreír de toda Europa- el asturiano pidió la palabra.
La propuesta del club para el mercado de verano que acaba de echar el cierre era doble. Primero, apostar el presupuesto -120 ‘kilos’- a un fichaje galáctico. David Alaba era el elegido. Una operación que no habría bajado de los 90 millones. Con el resto atacar una segunda opción.
Segundo, optar por llegadas de menor calidad. Fichajes ‘low cost’. Jugadores que aterrizarían en el Camp Nou para tapar una de las principales carencias del equipo: el banquillo.

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