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Juan Ramón Moscad Fumadó

9ª Semblanza de Almansa. D. José Delicado Baeza

Ha sido Obispo de Tuy-Vigo y Arzobispo de Valladolid, aquel mozalbete rubio y pecoso, hijo de un ferroviario y una sencilla ama de casa de la calle San Cristóbal. No se le daba mal jugar al fútbol pero decidió entregar toda su vida al servicio de la Iglesia y comunicar a todos que Dios siempre nos perdona y nunca deja de amarnos.

Desempeñó un papel fundamental en la naciente diócesis de Albacete, como brazo derecho del Obispo Tabera. Este hijo ilustre de Almansa jamás ha olvidado a su pueblo ni a su patrona la Virgen de Belén. Y desde la sencillez de su actual retiro en la Casa de las Hermanitas de los Pobres de Valladolid nos bendice a todos sus paisanos, y nos anima a ser buenas personas y a esforzarnos por “mostrar el rostro de Jesús” en nuestra vida.

1-Su origen es una familia humilde de Almansa, ¿puede indicarnos a qué se de dedicaban sus padres?¿En qué calle y barrio nació y vivió?

Mi padre era factor de RENFE. A los 50 años de ejercicio recibió la medalla de oro de mérito al trabajo y me dejó escritos con su excelente caligrafía todos los libros del Nuevo Testamento. Mi madre era “ama de casa”, intuitiva y solícita. Me dejó también, bordada por ella, la casulla de la primera misa, que conservo como oro en paño. Vivíamos en la calle de San Cristóbal.

2-A los 17 años, terminó los estudios de Bachillerato en Almansa. ¿Qué profesores y materias le gustaban más? ¿Por qué razón?

Tengo un recuerdo agradecido a todos los profesores. A D. José Conde, por serlo en mi infancia. Andando el tiempo escribió un librito, “Travesuras y andanzas” (Memorias de un niño contadas por un viejo), para el que pidió aprobación al Obispado de Albacete. El Sr. Obispo me encargó a mí la revisión y le comuniqué la aprobación pedida con mis elogios personales. D. José, al final del libro, añadió “Opinión autorizada”, diciendo que para llevar a cabo el examen de este libro, el que lo había censurado por encargo del Sr. Obispo era un sacerdote que cuando era niño -¡hace años!- entonces el autor le daría consejos paternalmente y, tal vez, le impusiera suaves castigos como profesor, y ahora era este “censor” quien elogiaba esta publicación.

También guardo un recuerdo agradecido a D. José Lloret y, especialmente, a D. Severino Teruel, en cuyo centro privado estudié todo el bachillerato, que entonces eran 7 cursos y lo hacíamos con mucho aprovechamiento porque teníamos que examinarnos en el instituto de Albacete o de Murcia. Creo que me “gustaban” todas las asignaturas, porque de todas teníamos que dar cuenta.

3-Algunos compañeros de estudios lo recuerdan como un chico muy formal y poco dado a las gamberradas, ¿es eso cierto?

Ciertamente, las gamberradas no eran mi fuerte, pero me gustaban las bromas y los juegos, especialmente el fútbol, que practiqué en Almansa y después en Salamanca con el equipo de nuestro colegio universitario. También me gustaba el billar (en casa había una mesa heredada por mi padre), el ping-pong, el ajedrez, las excursiones al pantano, al Mugrón, al santuario de Belén, etc.

4-¿Qué motivos pesaron más en su decisión de entrar en el Seminario de Málaga para hacerse cura?

La amistad con Cristo, que desde los 15 años me estaba llamando, especialmente en las “Misiones” del P. Rodríguez y los ejercicios espirituales que organizábamos con D. José Aguirre, consiliario de los jóvenes de Murcia, diócesis a la que pertenecíamos entonces. Era un sacerdote humilde, entregado y sacrificado, que se desvivió por atendernos y ayudarnos para seguir a Cristo. Él me ayudó en mi discernimiento libre y gozoso sobre mi vocación y el que me recomendó el Seminario de Málaga.

5-¿Puede contarnos los sentimientos que experimentó el día de su ordenación de sacerdote? ¿Fueron distintos a los de su ordenación de Obispo y Arzobispo?

Esa alegría interior profunda, mezcla también de sorpresa, pero de confianza en el Señor. Una especie de abandono en sus manos, porque Él me conocía desde siempre, a pesar de mis defectos y pecados, y me sigue conociendo y amando. Nunca se me ha enturbiado esa confianza en su amor misericordioso, sino que es toda mi razón de ser.

En la presentación del libro “Qué es ser Obispo hoy” (1971), ya decía, por el encargo que me hicieron para escribirlo, qué osadía era mayor, ¿escribir acerca del oficio episcopal o aceptarlo? También me hacía la pregunta por el enfoque posible: ¿planteamiento doctrinal o manifestar lo que sentía en esas circunstancias de mi episcopado recién estrenado en la diócesis de Tuy-Vigo (1969).? Y me decidí por esta segunda opción diciendo: “Hablaré de lo que me parece que debe ser, de lo que quisiera para mí, de lo que digo a los míos. Y que Dios me perdone”.

6-En la recién estrenada diócesis de Albacete, fue un estrecho colaborador del Obispo Tabera, ¿qué recuerdos conserva de su notable personalidad?

La cercanía entrañable y, por diversos motivos, inolvidable. Él fue el primer obispo de la diócesis de Albacete, recién creada (1950), y yo el primer sacerdote de esta diócesis que ordenó precisamente en mi pueblo, Almansa (1951), ciudad a la que tanto le debo. En la parroquia de la Asunción recibí el bautismo, la primera comunión, la confirmación, el sacramento de la reconciliación. Por eso, Mons. Tabera quiso ordenarme de sacerdote en el mismo lugar y, finalmente, siendo él Cardenal, en 1969, también allí de obispo, en la plaza de este templo de mi memoria agradecida. Lo digo en la “Introducción” al libro de Ramón Carrilero, “El episcopado del cardenal Tabera Araoz en la diócesis de Albacete (1950-1968)”.

7-Casi sus primeros veinte años de cura transcurrieron en Albacete capital. ¿Le han atraído más las responsabilidades diocesanas del Seminario, Consiliario de obreros jóvenes y adultos y Vicario de Pastoral que las propias de un Párroco de pueblo o aldea?

Lo que siempre me ha atraído ha sido el ministerio pastoral que el Obispo me encomendaba, porque en el fondo intuía también a la Providencia. Lo cual no quiere decir que prescindiese del diálogo con las personas a las que quería servir ministerialmente y, por consiguiente, con el mismo obispo.

Tengo gratísimos recuerdos del seminario de Albacete, recién fundado, de D. José Mª Larrauri, entonces rector, y últimamente obispo emérito de Vitoria, recientemente fallecido; de D. Alberto Iniesta, entonces seminarista, y de tantos otros alumnos y formadores, para mí inolvidables, aunque algunos de ellos ya han terminado el camino de peregrinación hacia la Casa del Padre. Lo mismo podría decir de los miembros de la HOAC, cuyos rostros también recuerdo por su testimonio ejemplar y su celo apostólico. De la parroquia de la Purísima, de la que fui coadjutor con D. Rafael Pastor, párroco venerable y gracia providencial para mis primeros pasos sacerdotales.

Ya, en el año 1962, publiqué el libro “Parroquia y laicado”, en cuya introducción decía. “A los curas que no saben qué metas proponer a los seglares y a los seglares que no saben cómo colaborar con los curas”. Después, en 1969, este libro tuvo una 2ª edición más amplia, subtitulada “Sugerencias para una colaboración de los seglares después del Concilio”, prologada por D. Mauro Rubio, entonces obispo de Salamanca. También fui capellán de la Adoración Nocturna, colaborador con los Cursillos de Cristiandad, que tenía admirables colaboradores, ejemplares y entregados, encuentros que producían mucho fruto apostólico. Asimismo fui profesor de Religión en el Instituto, Vicario General de Pastoral que, con la ayuda de D. Manuel Ballesta colaboramos también en los encuentros de formación de los sacerdotes de las parroquias y arciprestazgos, etc.

8-Ahora que ha pasado tanto tiempo, ¿qué juicio le merece aquella época en que la Iglesia española –en general- y el régimen franquista se llevaban tan bien?

Era una época de transición en la que se hacía necesaria la comprensión para una progresiva reconciliación, sin ocultar la verdad evangélica, incluso en la cuestión social. Yo no recuerdo entonces enfrentamientos con nadie, aunque no todo fuese aceptado, sino algunas cosas recibidas con recelo. Por ejemplo, la publicación de mi libro “Mater et Magistra para todos” fue una recopilación de temas para una campaña de predicación e instrucción popular en la diócesis de Albacete, publicados en el Boletín Oficial del Obispado por encargo del Sr. Obispo. Por eso decía en la “Introducción” del libro que esta publicación puede ayudar en la campaña de Acción Católica, recién lanzada, que para estos años es doble: preparar los ánimos de todos para llevar a la práctica con la mayor fidelidad y prontitud el espíritu y la letra del Concilio Vaticano II y elevar la conciencia social, política y privada, de los españoles según las directrices de la encíclica de Juan XXIII, “Mater et Magistra”.

9-¿Tiene algún tipo de relación con tantos y tantos sacerdotes y seminaristas a los que impartió retiros y charlas y fue su consejero y guía espiritual?

Sí, he seguido dando ejercicios espirituales en las distintas diócesis españolas. Todo ello deja el recuerdo de la amistad sacerdotal y de la común ayuda que todos necesitamos. Tenemos un lugar para este encuentro, incluso diario, la mesa eucarística en comunión con Cristo, a quien representamos especialmente y cuya misión realizamos con la ayuda del Espíritu Santo, incluso en el perdón de los pecados, como Él mismo nos asegura en el Evangelio de San Juan.

10-Estuvo de Obispo de la diócesis de Tuy-Vigo unos seis años, ¿le costó aclimatarse al temperamento y modo de ser de los gallegos?

No, todo lo contrario. Llevo en mi corazón esa primera diócesis que me confió la Iglesia. A veces me piden que vuelva para dar muchas tandas de ejercicios o participar en celebraciones eclesiales.

11-Sabemos que ha escrito más de 20 libros y ha publicado infinidad de cartas pastorales y semanales, así como ha impartido múltiples conferencias y homilías. ¿Qué temas le han interesado profundizar y divulgar entre los cristianos?

Cristo en su “misterio pascual”, pero como experiencia viva, en relación con el Padre, de entrañable e infinita misericordia para con todos nosotros, y el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que nos enseña y recuerda todo lo que Cristo nos dice. Esto no es una nube de humo, sino una necesidad y una experiencia posible al alcance de todos los bautizados si sabemos responder a su llamada.

Juan Pablo II, al comenzar el nuevo milenio, nos dijo que no basta sólo hablar de Cristo doctrinalmente, sino que es necesario “mostrar su rostro”, como pedían aquellos griegos a Felipe: “queremos ver a Jesús”. Esto necesita fe y oración para ir calando en la profundidad del misterio, a fin de descubrir el rostro del Hijo, el rostro doliente y el rostro del Resucitado.

12-Dos de sus libros son “¿Qué es ser obispo hoy?” y “Sacerdotes esperando a Godot”. ¿Cómo definiría a un obispo hoy día y a un sacerdote?

Fundamentalmente, el que vive como los Apóstoles, que se consideraban pecadores perdonados pero con la necesidad de convertirse progresivamente, para conocerle mejor y ser colaboradores que no desentonen sino que incluso, con su gracia, puedan mostrar su rostro. Pero sin olvidar las obras de caridad y entrega a todos, especialmente a los necesitados, a los que no terminamos de llegar nunca, y por eso nuestras limitaciones nos confunden.

13-Como Arzobispo de Valladolid, dinamizó toda clase de organismos eclesiales para favorecer la participación de sacerdotes y laicos. ¿Hay alguna actuación de la que no se sienta plenamente satisfecho?

No hay ninguna actuación de la que me sienta plenamente satisfecho. La insatisfacción comienza por uno mismo. El Señor nos recuerda que hay que ser humildes y pobres, no autosuficientes. Pero aún así, ¿quién es humilde y pobre para creer que tiene derecho a considerarse de los que viven el espíritu de las bienaventuranzas? El desearlo, sin embargo, intentando limpiar el corazón de esos apegos de autosuficiencia egoísta, aunque parezca que no lo consigue, ya es una experiencia de esta promesa de Jesús: “¡dichosos!”.

14-Podría definirnos con algunos epítetos a los Papas que ha conocido: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI?

Juan XXIII: pobre y humilde pero audaz y valiente. Pablo VI: fiel hasta el sufrimiento en su responsabilidad, pero intuitivo y dialogante. Juan Pablo II: débil físicamente en la última etapa, pero testigo martirial en vida que llenará los tiempos mostrando el rostro de Cristo. Benedicto XVI: la razón y el corazón en perfecta comunión eclesial y evangélica en su testimonio del amor de Dios.

15-Viendo su trayectoria vital en la Iglesia española y hasta en la Conferencia Episcopal da la impresión de que es un hombre más teórico que práctico, más contemplativo que de acción, ¿corrobora esa definición de su carácter?

No sé qué soy más o qué soy menos. Lo que sí sé es que el Señor me conoce, ha tenido paciencia conmigo y confío en que seguirá teniéndola hasta el final de mi vida. A pesar de eso, no olvido lo que dice la Sagrada Escritura acerca de la necesidad de amar siempre a Dios y al prójimo, y que las omisiones en el amor al prójimo son los pecados más frecuentes, y algunos, los más graves, como nos recuerda Jesús en el Evangelio de San Mateo. Por eso, las definiciones personales han de atenerse, más que a criterios psicológicos, a este baremo de la caridad. Pero uno no sabe hasta dónde llega este amor en la vida. Hay que confiar siempre.

¡Muchas gracias por estas palabras y, más todavía, por toda su vida entregada al servicio de la Iglesia!

Cyrano de Bergerac, 21 de Abril de 2009 (Fecha del 34 aniversario de su nombramiento como Arzobispo de Valladolid).

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Autor

Juan Ramón Moscad Fumadó

Ing. Técn. Industrial, Diplomado Empresa y Licenciado en CCEE y EE. Valencia. Tutor de Uned de Almansa. Ha trabajado en CTNE Barcelona y en Citesa (Alicante). Desde 1981 trabajó en la Central Nuclear de Cofrentes (Iberdrola) hasta 2014. Ha escrito libros de relatos: "Viajar es un placer, pero, viajar también te escalda" y "Stada Nova: La fórmula" en Editorial Trafford (Canadá), entre otros. Ha editado su CD "OTRAS FORMAS DE AMOR", como cantautor, etc

Juan Ramón Moscad Fumadó

Ing. Técn. Industrial, Diplomado Empresa y Licenciado en CCEE y EE. Valencia. Tutor de Uned de Almansa. Ha trabajado en CTNE Barcelona y en Citesa (Alicante). Desde 1981 trabajó en la Central Nuclear de Cofrentes (Iberdrola) hasta 2014.  Ha escrito libros de relatos: "Viajar es un placer, pero, viajar también te escalda" y "Stada Nova: La fórmula" en Editorial Trafford (Canadá), entre otros. Ha editado su CD "OTRAS FORMAS DE AMOR", como cantautor, etc

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