Desde malta encuentros

Juan Ramón Moscad Fumadó

La honradez como bandera en Almansa

Hace unas pocas fechas, concretamente el día 12 del pasado mes de marzo, DME me publicaba un artículo que llevaba por título “Un ejemplo a seguir”, en el que reflejaba la trayectoria humana y literaria de un buen amigo, nuestro paisano Miguel Ángel Carcelén Gandía.

Durante mi larga trayectoria profesional -fueron más de 30 años con el uniforme y algo más de 10 en la Reserva- he conocido a personas ejemplares, dignas, heroicas, solidarias, honradas pero también a infames, viles, hipócritas y falsos cristianos. De todos he aprendido algo, como es lógico suponer, pero solo he querido guardar en la memoria a aquellos que me demostraron que había que seguir su ejemplo, que la humanidad caminaría coja si su ejemplar labor no nos sirviera de acicate para seguir laborando por el bien común.

Todo esto viene a cuento porque acabo de conocer a dos de esas personas que merecen se les tribute un homenaje de agradecimiento por su ejemplar comportamiento, por su honradez.

El sábado, día l del actual, mi esposa y mi cuñada se hallaban en el Mercado Central y en un momento determinado la hermana de mi mujer se apercibió que había perdido el monedero. En su interior portaba casi 400 euros y varios documentos, entre ellos el D.N.I., la Tarjeta de la Seguridad Social, la del Centro de Mayores de Alicante, la Tarjeta dorada de Renfe y algunos más.

Me relataron lo sucedido y fuimos al cuartel de la Guardia Civil para presentar la correspondiente denuncia ya que para que se le expida el duplicado de todos esos documentos hay que presentar el justificante que demuestre su pérdida o sustracción.

El Suboficial jefe de la Policía Judicial nos aconsejó esperar hasta el lunes por si aparecía el monedero, de lo cual yo personalmente dudaba porque el dinero es muy goloso y llegué a sospechar que quien lo encontrara se apoderaría de los billetes y tiraría a una papelera lo demás. Piensa mal y acertarás, dice un refrán.

Pero me equivoqué, para bien de mi cuñada y para el de las personas honradas que gracias a Dios siguen existiendo.

Al siguiente día, domingo, sobre las 13,00 horas me llamaban del cuartel para decirme que un hombre se había personado allí y había hecho entrega del monedero y, pásmense ustedes, con el dinero y todos los documentos. Le dije al guardia que me llamó que hiciera el favor de pedirle a esa persona que le diera su nombre y, al ser posible, su teléfono porque deseaba agradecerle personalmente su rasgo de honradez.

Fuimos aquella misma tarde al cuartel y recogimos el monedero y una nota con el nombre de la persona que lo había entregado y su teléfono. Llamé varias veces y no conseguí contactar con él pero ya, sobre las 23,30 horas, conseguí hablar con este hombre y le dije que me gustaría entrevistarnos para agradecerle su gesto.

Quedamos para el lunes, día 4, por la mañana en la puerta del Centro de Mayores de la Plaza de Santa María. Me acompañaron mi esposa y mi cuñada y a la hora prevista se presentó este honorable hombre.

Nada más verle me di cuenta que en su figura se reflejaba la honradez del hombre de bien: pequeño de estatura y pulcro -con 88 años a sus espaldas- que resultó ser un sencillo jubilado que estuvo trabajando más de 40 años en la Cerámica Collado y con una pensión de mileurista.

Este ejemplar ciudadano se llama Antonio Monje Mejías y su esposa -que fue la encontró el monedero- Piedad Blanco Gabaldón. Un matrimonio de los de antes, de los que deberían servirnos de ejemplo, de los que son incapaces de hacer lo que el 95% de las personas hubiera hecho al encontrarse el monedero y el dinero: coger los billetes y tirar en una papelera el billetero con sus documentos.

Dialogamos durante un buen rato, tomando un café, y cada vez, escuchándole, me convencía más de que delante de nosotros había un hombre de bien, un honrado trabajador jubilado incapaz de una mala acción, se lo impedía su elevado concepto de la honradez.

Y, como no, vinieron a mi mente los rostros de varios sujetos, infames, mentirosos e hipócritas que están en el extremo opuesto al de este hombre ejemplar. Seres que encima pasean su mala conducta y su asqueroso comportamiento para con sus congéneres. Estoy convencido que hay más de los que se parecen al señor Monje que a los otros, pero suenan menos porque la honradez no da dividendos.

Cuando le dije que su gesto me iba a servir para redactar un artículo y que lo publicase este foro, me dijo que no lo hiciera, que no tenía importancia, que lo hubiera hecho cualquier otra persona, pero le dije que acciones como la suya no se dan todos los días y que siempre es conveniente airear la honradez para orgullo de los suyos y de todas las personas sensatas y honradas, que son muchas gracias a Dios.

Al despedimos, mi esposa y mi cuñada besaron al ya amigo y yo lo abracé efusivamente. Desde aquel momento cuento con un nuevo amigo, de los que jamás te apuñalarán por la espalda.

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Autor

Juan Ramón Moscad Fumadó

Ing. Técn. Industrial, Diplomado Empresa y Licenciado en CCEE y EE. Valencia. Tutor de Uned de Almansa. Ha trabajado en CTNE Barcelona y en Citesa (Alicante). Desde 1981 trabajó en la Central Nuclear de Cofrentes (Iberdrola) hasta 2014. Ha escrito libros de relatos: "Viajar es un placer, pero, viajar también te escalda" y "Stada Nova: La fórmula" en Editorial Trafford (Canadá), entre otros. Ha editado su CD "OTRAS FORMAS DE AMOR", como cantautor, etc

Juan Ramón Moscad Fumadó

Ing. Técn. Industrial, Diplomado Empresa y Licenciado en CCEE y EE. Valencia. Tutor de Uned de Almansa. Ha trabajado en CTNE Barcelona y en Citesa (Alicante). Desde 1981 trabajó en la Central Nuclear de Cofrentes (Iberdrola) hasta 2014.  Ha escrito libros de relatos: "Viajar es un placer, pero, viajar también te escalda" y "Stada Nova: La fórmula" en Editorial Trafford (Canadá), entre otros. Ha editado su CD "OTRAS FORMAS DE AMOR", como cantautor, etc

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