Cuando se habla de ciudades atractivas para vivir o invertir en España, el debate gira en torno a grandes capitales, polos turísticos consolidados y mercados inmobiliarios tensionados. Sin embargo, fuera de ese foco mediático existe una ciudad que lo tiene todo y sigue sin ocupar el lugar que le correspondería: Melilla, recientemente señalada por la revista Viajar como la ciudad más infravalorada de España.
Melilla, la gran olvidada del mapa urbano español
Con poco más de 90.000 habitantes, Melilla es una ciudad compacta. Su ubicación geográfica, singular dentro del territorio español, ha sido históricamente una barrera de percepción, pero también uno de sus grandes rasgos diferenciales.
A diferencia de otras ciudades medianas, ha escapado a los procesos de turismo masivo y sobreexplotación inmobiliaria. Esto se traduce en un entorno urbano más habitable, con menos presión sobre la vivienda, mayor tranquilidad en el espacio público y una relación más equilibrada entre residentes, patrimonio y actividad económica.
Un patrimonio modernista que sorprende incluso a los expertos
Uno de los grandes argumentos que explican por qué Melilla es una ciudad injustamente infravalorada está en su arquitectura. La ciudad alberga el segundo conjunto modernista más importante de España, solo por detrás de Barcelona, un dato desconocido incluso para muchos especialistas.
Más de 200 edificios catalogados se concentran principalmente en el Ensanche, formando un paisaje urbano coherente y reconocible. La influencia de Enrique Nieto, discípulo de Antoni Gaudí, se percibe en fachadas ondulantes, balcones de forja y ornamentación floral que aportan identidad y valor patrimonial.
Melilla La Vieja: historia urbana frente al Mediterráneo
El casco antiguo, conocido como Melilla La Vieja, es uno de los conjuntos históricos más singulares del sur de Europa. Murallas, fosos, aljibes y fortalezas dibujan una ciudad pensada para la defensa y la convivencia, con vistas directas al Mediterráneo.
Este espacio concentra siglos de historia, desde los fenicios, pasando por romanos, árabes y cristianos, visibles en elementos como la Iglesia de la Concepción, la Torre de la Vela o los sistemas hidráulicos históricos.
Una multiculturalidad que se vive en el día a día
Melilla es uno de los pocos lugares de España donde la multiculturalidad no es un concepto teórico, sino una realidad cotidiana. En apenas unos kilómetros cuadrados conviven cuatro grandes tradiciones religiosas y culturales: cristiana, musulmana, judía e hindú.
Esta diversidad se refleja en la proximidad de los templos, en la gastronomía, en las festividades y en la vida de barrio. Desde el punto de vista urbano, esta convivencia aporta riqueza social, identidad diferenciada y cohesión.
¿Qué ver y cómo experimentar la ciudad?
Recorrer el Ensanche Modernista, especialmente el Triángulo de Oro, permite descubrir edificios emblemáticos como el Palacio de la Asamblea, la Casa de los Cristales o la Cámara de Comercio.
A ello se suman paseos por Melilla La Vieja, rutas culturales entre templos de distintas confesiones y espacios verdes como el Parque Hernández, uno de los pulmones urbanos de la ciudad. Cafés, terrazas y avenidas arboladas completan una experiencia urbana tranquila, luminosa y sorprendentemente completa.

