Con un par de cebollitas

“In vino veritas” dice el general Salazar a un aterrorizado traficante e “hijo de papá”, con quien comparte mesa después de haberle torturado cruelmente. Tras beber una larga copa de vino, el joven criminal delata a sus compañeros. Había sido camelado previamente en un bar gay por Benicio del Toro (Oscar como mejor actor de reparto por esta cinta en 2000), a la vez que pedía una Budweiser, la típica cerveza norteamericana de origen checo.

Un whisky escocés con soda es la elección recurrente de Michael Douglas, en el papel de jefe de la lucha antidroga que sufre la tragedia de descubrir que su hija es drogadicta, y aficionada a peligrosas combinaciones de vodka con cocaína. Catherine Zeta-Jones, realmente embarazada, sale de su casa con dos limonadas para ofrecérselas a los policías que vigilan su chalet…

Cebollitas en pantalla. Todas estas escenas corresponden a la película Traffic, una de las dos películas de Steven Soderbergh que estuvieron nominadas como mejor película por la Academia de Hollywood y que finalmente se llevó la de mejor director, junto con otras tres estatuillas. Una película en la que se suceden las referencias al alcohol, aunque su motivo central sea el mundo del tráfico de drogas. Y en una de las primeras apariciones de Michael Douglas, mientras él sustenta su vaso bajo lleno de escocés con hielo, podemos ver las diversas bebidas que toman los invitados en la lujosa recepción en Georgetown: entre ellas, un auténtico Gibson, una variante del Dry Martini fácilmente reconocible por las cebollitas con que se adorna, sustituyendo a la clásica aceituna, y que confiere una gran carga de sutileza a uno de los hallazgos más reconocidos de la coctelería.

Bebidas en las mejores películas del año 2000. Valga esta breve reseña para comentar que, a pesar de que la presencia de los cócteles en el cine no es actualmente tan profusa como lo fue en la época dorada de Hollywood, sigue pudiéndose detectar la continuada presencia del alcohol y de las bebidas en la pantalla. Entre las cinco candidatas a mejor película que compitieron en el año 2000, es sin duda alguna Traffic la que se lleva la palma en este sentido, a pesar de la presencia de algunas cervezas, vasos de té frío, muchas Coca-Colas y cafés en Erin Brockovich, segunda película de Soderbergh en competición (con un brillante papel de Julia Roberts, Óscar a la mejor actriz), a pesar de la escena de la pelea en una taberna que puede observarse en Tigre y Dragón, la película de Ang Lee, de la copa de vino típica de los emperadores romanos que se ve en Gladiador de Ridley Scott, y del poderoso chocolate que ofrece Juliette Binoche, también nominada, hecho con una receta secreta maya y que tantas pasiones desata en Chocolate de Lasse Hallstrom.

Por encima de todas estas bebidas y referencias, un par de cebollitas, en homenaje a Charles Dana Gibson, célebre ilustrador de revistas como Life y creador de la chica Gibson, que subrayan la sutil diferencia entre un Gibson y un Dry Martini, diferencia que sin duda hay que aprender a disfrutar.

LA FÓRMULA.

En vaso mezclador con hielo muy duro, verter un chorrito de vermouth blanco seco y una copa de buena ginebra, revolver y colar a una copa de cóctel previamente enfriada donde se han depositado una, dos y hasta tres pequeñas cebollitas blancas en vinagre.

· La moda actual es hacerlo en coctelera, usando hielo muy duro y agitando con rapidez.

· Para enfriar la copa, ponga en la misma unos cubitos de hielo con agua mientras hace el cóctel, retirando el contenido y escurriendo bien antes de servir el preparado.

· Pruebe a sustituir la ginebra por vodka (Vodkatini) o por tequila (Tequini).

· La proporción de vermouth depende de su gusto: hay quien vierte un poco, revuelve el hielo y tira el vermouth antes de servir la ginebra (así lo hacen en la coctelería De Diego de la calle de la Reina de Madrid), y también quien no pone vermouth en absoluto.

· Hay incluso quien sugiere sustituir el vermouth por Chanel nº 5, aunque queda mejor con angostura (Pink Martini).

· En el libro Cómo tener la casa como un cerdo, P.J. O´Rourke sugiere que lo mejor del Martini es el líquido de las aceitunas: se está hablando del Dirty Martini. Si pone un poco de líquido de las cebollitas en vinagre, tendrá un Dirty Gibson.

· Las cebollitas más populares en Estados Unidos para el Gibson son las McSweet Pickled Cocktail Onions.

· Los americanos suelen llamar humorísticamente al Gibson “Sopa de cebolla”.

LOS POSIBLES ORÍGENES DEL GIBSON.

· El dibujante Charles Dana Gibson se dirigió como cada día a la barra del Players Club de Nueva York, a degustar su habitual Dry Martini. Aquella vez, o a él se le ocurrió pedir al barman, Charles Connolly, que le hiciera un Martini aún mejor, o, como el barman se había quedado sin aceitunas, echó mano sobre la marcha de unas cebollitas que tenía por allí. El caso es que el dibujante preguntó al barman cómo se llamaba el cóctel, y éste respondió sobre la marcha que Gibson, y que era en su honor. Desde aquel día, Gibson, gratamente sorprendido, no bebió nunca más Martinis. Ya sabe que dicen que lo que más halaga a una persona es el sonido de su propio nombre…

· Un Embajador americano, de nombre Gibson, ofrecía cócteles en Londres durante la prohibición, pero él quería cumplir con la ley americana, por lo que se limitaba a beber agua, disimulada con el adorno de una cebollita.

· Una pareja de gemelas de nombre Gibson, durante los años 20 en Chicago, sustituyeron la aceituna por cebollitas, ya que les encantaba la ginebra, pero no las olivas, que detestaban. “Una parejita para la parejita”, decían.

· El bar del Waldorf reclama la paternidad del Gibson, diciendo que lo crearon en 1931 como homenaje al promotor deportivo Billie Gibson.

. Hay una cita en una novela de Paul Morand de 1926, donde se habla de la “única blanca cebolla” del Gibson de Yokohama.

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Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

Juan Luis Recio

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