Xisco Quesada dejó este mundo el miércoles en la Clínica Universidad de Navarra de Pamplona, rodeado del cariño de su familia.
Este joven mallorquín, de tan solo 28 años y padre de dos pequeños, perdió la batalla contra un cáncer de páncreas con metástasis hepática, diagnóstico que le fue comunicado el 5 de junio de 2025. Su fallecimiento pone fin a una historia que superó las fronteras del deporte amateur, convirtiéndose en un relato de valentía que movilizó a miles en las redes sociales.
Lo verdaderamente notable en la vida de Quesada no fue solo su trayectoria como futbolista, sino la forma en que decidió afrontar su enfermedad. Apenas horas después de recibir la dura noticia, tomó la decisión de pedirle matrimonio a su pareja y celebró su boda, un gesto que reflejaba su deseo inquebrantable de disfrutar cada instante. Desde ese momento, sus perfiles en Instagram se transformaron en un diario íntimo donde narraba sin tapujos la evolución del tumor, los efectos del tratamiento, sus temores y también su fortaleza inquebrantable. Con más de 350.000 seguidores, su voz resonó especialmente en Baleares, convirtiéndose en un símbolo de resistencia ante una enfermedad poco habitual entre personas tan jóvenes.
Durante estos ocho meses, Quesada vivió momentos esperanzadores que compartió con la misma honestidad con la que relató sus días más difíciles. En agosto de 2025, un TAC reveló una notable disminución del tumor y las metástasis; él mismo hizo pública esta buena noticia con optimismo palpable. Pero no se limitó a contar su experiencia personal; utilizó su plataforma para visibilizar las dificultades en el acceso a tratamientos médicos y cuestionar cómo algunas terapias eran valoradas según una esperanza de vida considerada “demasiado corta”. Su mensaje era contundente: «mientras hay vida, yo sigo».
Ya en enero de 2026, cuando sus recursos económicos se agotaron, Quesada lanzó una campaña de micromecenazgo que logró recaudar más de 900.000 euros gracias a más de 44.600 donantes. Entre ellos se encontraban figuras como el actor Miguel Ángel Silvestre y el futbolista del RCD Mallorca Antonio Sánchez. Con esa generosidad que lo caracterizó durante toda su lucha, anunció que destinaría entre el 60 y el 70 por ciento de lo recaudado a asociaciones dedicadas a investigar curas para el cáncer de páncreas. Incluso en sus últimos momentos pensaba en los demás.
La noticia sobre su fallecimiento fue comunicada por su familia mediante un mensaje que capturaba la esencia misma de quien fue: «Convirtió el dolor en conciencia, su historia en inspiración y su voz en apoyo para muchas personas que atravesaban momentos difíciles». La ADC San Pedro, club donde jugó y era muy querido por todos, manifestó que «formó parte de esta familia y deja una huella imborrable». Por otro lado, la Federación de Fútbol de las Islas Baleares destacó que «su ejemplo de fortaleza y actitud ante la adversidad será siempre una fuente de inspiración para futuras generaciones del fútbol balear».
Antes del diagnóstico, Xisco Quesada había sido un futbolista amateur jugando para equipos como el San Pedro, Cide y UD Alaró, llevando una vida relativamente anónima en los campos balearicos. El cáncer de páncreas es poco común entre menores de 40 años; representa apenas el 1,5 por ciento del total diagnosticado. Esto explica por qué su enfermedad resultara tan inesperada. Sin embargo, esta rareza amplificó el impacto emocional de su testimonio al poner cara a una patología frecuentemente asociada con personas mayores y cuya tasa de supervivencia a cinco años es inferior al 10 por ciento cuando se detecta en etapas avanzadas.
El legado dejado por Quesada va más allá del dinero recaudado o del número total de seguidores. Su capacidad para mantener dignidad, humor y esperanza mientras documentaba públicamente los estragos físicos provocados por un cáncer terminal inspiró a miles enfrentando sus propias luchas. Demostró que es posible convertir el sufrimiento en generosidad; mostró cómo la vulnerabilidad puede ser una forma poderosa y cómo una vida breve puede dejar una huella duradera. En sus últimos meses en Pamplona, rodeado por sus seres queridos, Xisco Quesada se marchó sabiendo que su voz seguiría resonando; sabía que su lucha había tenido significado y que su legado viviría entre aquellos que lo acompañaron durante este difícil camino.
