El sábado me levantaré a las cinco de la mañana por tercer día consecutivo y, al igual que mañana y pasado mañana, tendré una jornada laboral complicada y larga, de unas diez u once horas. Así las cosas, el mejor plan que se me ocurre no es precisamente llegar a casa, quitarme el buzo de trabajo, ducharme, vestirme de persona normal y salir corriendo a una manifestación en Madrid. Pero eso es exactamente lo que voy a hacer. Y lo voy a hacer por dos motivos: el primero es porque me lo han pedido varios amigos y amigas que, muy a su pesar, pertenecen a una asociación a la que les gustaría no pertenecer: la Asociación de Víctimas del Terrorismo. .
El segundo es porque creo hacen muy bien en pedirlo, ya que con lo que hemos aprendido de experiencias pasadas, pero aún muy recientes, perciben lo mismo que yo: que algunos políticos tienen las manos sucias, muy sucias, de tanto hacer manitas con asesinos.
Que algunos jueces están poniendo sus togas perdidas de tanto arrastrarlas por los estercoleros más nauseabundos. Y por último que un faisán revolotea descontrolado por este país, dejando un tufo horrible y sin que nadie nos de una explicación. Todo lo anterior hace que esto apeste a una segunda entrega de negociación/proceso de paz y que mucho nos tememos que de una manera u otra, y con el Gobierno haciéndose el despistado, ETA volverá a los ayuntamientos y nosotros les pagaremos para que nos sigan extorsionando, matando y haciendo la vida imposible. El cuento de nunca acabar.
Así pues, y para que el Gobierno no se nos despiste otra vez -y a la oposición no se le ocurra ni plantearse hacer algo parecido, si algún día llega al poder- espero que el sábado seamos un montón en las calles de Madrid para recordarles que somos muchos los que no pensamos despistarnos ni un poquito, y que vamos a protestar cuantas veces haga falta, pues ya sabemos por experiencias pasadas lo caros que nos salen esos despistes.
Negociación no, legalización tampoco. A por ellos. Sin salirse un milímetro de lo que marca la ley, pero con toda la fuerza del estado de derecho, que es más que suficiente para correrles a gorrazos.
Como pone a las puertas del infierno «Perded toda esperanza», ese y no otro mensaje es el que hay que enviarle a ETA. Y ya verán, señores del Gobierno, lo bien y lo rápido que lo pillan. Ellos y los futuros candidatos a treinta años de cárcel.
Lo contrario es marear la perdiz, o mejor dicho, el faisán.
Nos vemos el sábado.
