Hermosillo

Efrén Mayorga

“Jesús que es esperanza nunca nos invitaría a ser sicarios”: Papa Francisco en México

+Exhorta Papa a jóvenes a evitar ser «mercenarios» del narcotráfico.
+Exige Papa no sacrificar a la juventud
+Es difícil sentirse la riqueza de una nación cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno, posibilidades de estudio y capacitación, cuando no se sienten reconocidos los derechos

¡¡¡No seas egoísta, no seas egoísta!!! Le grita el Papa a un feligrés que lo jaloneaba y exigía un regalo.

Morelia, 16 de febrero de 2016. Momento en que se enoja el Papa después de ser jalado hacia la multitud, al final de la reunión con jóvenes en el estadio Morelos.

++Reacción del Papa por jaloneo, fue “muy humana”, explica Lombardi. Ciudad de México. Federico Lombardi, vocero del Vaticano justificó la reacción que tuvo el papa Francisco al concluir su encuentro con los jóvenes en Morelia, Michoacán, cuando una persona le jaló la mano y lo tiró sobre otro feligrés en silla de ruedas.

“Es una reacción muy humana, muy normal” y agregó que “cualquiera ante una situación similar habría reaccionado de esa forma, más aún después de una larga jornada de actividades”. En las imágenes del incidente se observa que el pontífice se molesta por el jalón y señala a la persona: “¡eres un egoísta, eres un egoísta!”.

Lombardi no negó el enojo que el incidente provocó en el obispo de Roma, y remarcó que después de muchos encuentros en los que “pone todas sus energías en ser cariñoso con todos, y es tomado de una parte por caer, esto realmente es algo que puede hacer algo de nervosidad (nerviosismo)”.

Precisó que tras el percance, a su regreso a la Nunciatura Apostólica el pontífice “continúa su ministerio con el mismo cariño que antes”. Con información de Por Carolina Gómez Mena. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/02/16/reaccion-del-papa-por-jaloneo-201cmuy-humana201d-dice-lombardi-4592.html

++Exhorta Papa a jóvenes a evitar ser «mercenarios» del narcotráfico. El Papa Francisco exhortó a la juventud mexicana a no dejarse atrapar por el narcotráfico ni encandilar por los bienes y el dinero que se puedan obtener al participar de este negocio ilícito. No deben dejarse “sobar el lomo y ser mercancía para los bolsillos de otros”; les demandó no ser “mercenarios” de los grupos delictivos.

“Jesús que es esperanza nunca nos invitaría a ser sicarios”, aseguró ante 85 mil jóvenes reunidos en el estadio José María Morelos y Pavón en Morelia, Michoacán, una de las entidades que más ha sufrido los efectos del tráfico de drogas en el país.

El pontífice dijo a los jóvenes que pese a las amenazas del crimen organizado, la pobreza y marginación, la falta de empleo digno, el atropello de sus derechos y la carencia de oportunidades de estudio, no deben olvidar que “ustedes son la riqueza de México”. E insistió en el punto: “los mayores tesoros de esta tierra mexicana tienen un rostro joven, son ustedes la riqueza de esta tierra, y cuidado que no dije la esperanza, dije la riqueza (…) La riqueza hay que transformarla en esperanza ustedes son la riqueza que hay que transformar en esperanza”.

Subrayó que “entiendo que muchas veces se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos expuestos continuamente a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror. Es difícil sentirse la riqueza de una nación cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno, posibilidades de estudio y capacitación, cuando no se sienten reconocidos los derechos que terminan impulsándolos a situaciones límites. Es difícil sentirse la riqueza de un lugar cuando por ser jóvenes se los utiliza para fines mezquinos seduciéndolos con promesas que al final no son reales, son pompas de jabón”.

Remarcó a los jóvenes que existen más y mejores formas de vivir que siendo “mercenarios” del crimen organizado. “¡Es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte!”.

Dijo que es de la mano de Jesús, la cual los llamó a tomar y no soltar, aunque caigan, “que podemos decir que es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes aquí es en la pobreza y en la marginación, en la marginación de oportunidades, en la marginación de espacios, en la marginación de la capacitación y educación, en la marginación de la esperanza”.

Les pidió que “no se dejen desvalorizar, no se dejen tratar como mercancía” ante el influjo de los cárteles de la droga. “Es cierto, capaz que no tendrán el último carro en la puerta, no tendrán los bolsillos llenos de plata, pero tendrán algo que nadie nunca podrá sacarles que es la experiencia de sentirse amados, abrazados y acompañados. Es la experiencia de sentirse familia, de sentirse comunidad”.

En el mismo sentido añadió: La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar todo, incluso el cariño de los demás. La principal amenaza es creer que por tener un gran carro sos feliz” y puntualizó “¡Sin carro, sin la plata, pero con la cara en alto!”.

El obispo de Roma insistió a los jóvenes en que deben entender que valen mucho, que importan y por lo tanto no deben mirar hacia caminos que no conducen a nada. Jesús “nunca nos mandaría al muere, sino que todo en él es invitación a la vida. Una vida en familia, una vida en comunidad a favor de la sociedad. Ustedes son la riqueza de este país, cuando duden de eso miren a Jesucristo, el que desmiente todos los intentos de hacerlos inútiles, o meros mercenarios de ambiciones ajenas”. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/02/16/exhorta-papa-a-juventud-a-evitar-ser-mercenarios-del-narcotrafico-5630.html

++Exige Papa no sacrificar a la juventud

Morelia, México (16 febrero 2016).- Los jóvenes mexicanos no pueden ser sacrificados al mandarlos a morir ante la falta de oportunidades, advirtió el Papa Francisco.

«Ser joven en México es la mayor riqueza y, por lo tanto, no puede ser sacrificado», denunció en su encuentro con la juventud en el estadio «José María Morelos y Pavón» de Morelia.

«Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, sino que nos llama discípulos, nos llama amigos. Jesús nunca nos mandaría a muerte, sino que todo en Él es invitación a la vida», dijo. Con información de Irene Savio www.reforma.com

++VIDEO y TEXTO: Homilía de la Misa del Papa con sacerdotes y religiosos en Morelia

MORELIA, 16 Feb. 16 / 11:34 am (ACI).- El Papa Francisco llegó a Morelia para presidir una Misa con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en el estadio Venustiano Carranza, en el quinto y penúltimo día de su visita a México. A continuación el texto completo de la homilía que pronunció:

Hay un dicho entre nosotros que dice así: «Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas», porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas»; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida. A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración.

Y Pablo a su discípulo predilecto Timoteo, cuando le enseñaba o le exhortaba a vivir la fe, le decía acuérdate de tu madre y de tu abuela. Y a los seminaristas cuando entran al seminario muchas veces me preguntaban Padre pero yo quisiera tener una oración más profunda, más mental. Mira sigue rezando como te enseñaron en tu casa y después poco a poco tu oración irá creciendo como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende como en la vida.

Jesús quiso introducir a los suyos en el misterio de la Vida, en el misterio de su vida. Les mostró comiendo, durmiendo, curando, predicando, rezando, qué significa ser Hijo de Dios. Los invitó a compartir su vida, su intimidad y estando con Él, los hizo tocar en su carne la vida del Padre. Los hace experimentar en su mirada, en su andar la fuerza, la novedad de decir: «Padre nuestro». En Jesús, esta expresión no tiene el «gustillo» de la rutina o de la repetición, al contrario, tiene sabor a vida, a experiencia, a autenticidad. Él supo vivir rezando y rezar viviendo, diciendo: Padre nuestro.

Y nos ha invitado a nosotros a lo mismo. Nuestra primera llamada es a hacer experiencia de ese amor misericordioso del Padre en nuestra vida, en nuestra historia. Su primera llamada es introducirnos en esa nueva dinámica de amor, de filiación. Nuestra primera llamada es aprender a decir «Padre nuestro», como Pablo insiste, Abba.

¡Ay de mí sino evangelizara!, dice Pablo. ¡Ay de mí! porque evangelizar -prosigue- no es motivo de gloria sino de necesidad (cf. 1 Co 9,16).

Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros consagrados, consagradas, seminaristas, obispos, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros. No queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: «Padre nuestro». ¿Y qué es la misión sino decir con nuestra vida, desde el principio hasta el final como nuestro hermano obispo que murió anoche, que es la misión sino decir con nuestra vida: «Padre nuestro»?

A este Padre nuestro es a quien rezamos con insistencia todos los días: y que le decimos en una de esas cosas no nos dejes caer en la tentación. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos -de ayer y de hoy- no cayéramos en la tentación. ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al presbiterado, al episcopado, que tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. ¿Y qué le vas a hacer?, la vida es así. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar.

Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación.

Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la «madera» de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, y tampoco todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta acá.

Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).

Agradezco, paréntesis, al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de él. Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta.

El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa:

Papá. Padre, papá, tata, abba. Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.

Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación, no nos dejes caer en la tentación de la asedia, no nos dejes caer en la tentación de la pérdida de la memoria, no nos dejes caer en la tentación de olvidarnos de nuestros mayores que nos enseñaron con su vida a decir: Padre Nuestro.

https://www.aciprensa.com/noticias/santa-misa-con-sacerdotes-religiosas-religiosos-consagrados-y-seminaristas-31564/

++Este es el mensaje íntegro de su homilía:

“Hay un dicho entre nosotros que dice así: ‘Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas, porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas’; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida. A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración.

“Y Pablo a su discípulo predilecto Timoteo, cuando le enseñaba o le exhortaba a vivir la fe, le decía: ‘acuérdate de tu madre y de tu abuela’. Y a los seminaristas cuando entran al seminario muchas veces me preguntaban: ‘Padre, pero yo quisiera tener una oración más profunda, más mental’. Mira sigue rezando como te enseñaron en tu casa y después poco a poco tu oración irá creciendo, como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende, como en la vida.

“Jesús quiso introducir a los suyos en el misterio de la vida, en el misterio de su vida. Les mostró comiendo, durmiendo, curando, predicando, rezando, qué significa ser Hijo de Dios. Los invitó a compartir su vida, su intimidad y estando con Él, los hizo tocar en su carne la vida del Padre. Los hace experimentar en su mirada, en su andar la fuerza, la novedad de decir: ‘Padre nuestro’. En Jesús, esta expresión no tiene el ‘gustillo’ de la rutina o de la repetición; al contrario, tiene sabor a vida, a experiencia, a autenticidad. Él supo vivir rezando y rezar viviendo, diciendo: ‘Padre nuestro’.

“Y nos ha invitado a nosotros a lo mismo. Nuestra primera llamada es a hacer experiencia de ese amor misericordioso del Padre en nuestra vida, en nuestra historia. Su primera llamada es introducirnos en esa nueva dinámica de amor, de filiación. Nuestra primera llamada es aprender a decir: ‘Padre nuestro’, como Pablo insiste, Abba.

“‘¡Ay de mí si no evangelizara!’, dice Pablo. ¡Ay de mí! porque evangelizar no es motivo de gloria, sino de necesidad.

“Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina; ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros consagrados, consagradas, seminaristas, obispos; ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros. No queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: ‘Padre nuestro’. ¿Y qué es la misión sino decir con nuestra vida, desde el principio hasta el final, como nuestro hermano obispo que murió anoche. Qué es la misión, sino decir con nuestra vida: ‘Padre nuestro’?

“A este Padre nuestro es a quien rezamos con insistencia todos los días, y que le decimos en una de esas cosas: ‘No nos dejes caer en la tentación’. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos ‒de ayer y de hoy‒ no cayéramos en la tentación. ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad, sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al presbiterado, al episcopado; qué tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

“Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio: la resignación. ¿Y qué le vas a hacer?, la vida es así. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras ‘sacristías’ y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar.

“Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación.

“Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la ‘madera’ de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, y tampoco todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta acá.

“Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: ‘Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer obispo de Michoacán’ (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).

“Agradezco, paréntesis, al señor cardenal arzobispo, que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de él. Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como ‘el español que se hizo indio’. La realidad que vivían los indios purépechas descritos por él como ‘vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos’, lejos de llevarlo a la tentación y de la asedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de ‘respiro’ ante esta realidad tan paralizante e injusta.

“El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del ‘Tata Vasco’, que en lengua purépecha significa:

“Papá. Padre, papá, tata, abba. Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.

“Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación, no nos dejes caer en la tentación de la asedia, no nos dejes caer en la tentación de la pérdida de la memoria, no nos dejes caer en la tentación de olvidarnos de nuestros mayores que nos enseñaron con su vida a decir: Padre Nuestro.”
http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/02/16/1075486

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