Hermosillo

Efrén Mayorga

¿Por quién dobla La Campana?

Celso Piña reconvirtió ritmos que no eran suyos y se ganó un lugar en la cultura popular. Murió el miércoles 21 y su música queda presente. Sencillo, respetado, querido, ganándose la vida desde niño como tortillero, tendero, intendente en un hospital, lírico en la música, Celso Piña Arvizu (Monterrey, 1953) constituyó un fenómeno de la cultura popular.

Querido entre roqueros, admirado entre estrellas del pop, apapachado por los músicos norteños, venerado por los amantes del ska, vitoreado por gente del pueblo y quien también con su música amenizaba las fiestas de postín, Celso Piña reconvirtió lo colombiano para fundirlo en un gusto universal.

Ayer domingo Agencia Reforma publico este artículo que hoy retoma Zócalo de Saltillo, Coahuila,

Ojalá resulte de su interés la lectura:

¿Por quién dobla La Campana?
Aunque ese músico auténtico estaba rodeado de símbolos postizos.

Bautizó a su grupo en los albores de los 80 como Ronda Bogotá, que si bien remite a la capital de Colombia, nada tiene que ver con el origen de los ritmos que interpretaba primordialmente: la cumbia y el vallenato, oriundos del Caribe y la Costa Atlántica, la zona de Santa Marta y Valledupar, al norte de Colombia.

El mote del «Rebelde del Acordeón» tampoco era original. En realidad lo ha ostentado desde décadas Alfredo Gutiérrez, ídolo de Celso, y uno de los mejores acordeonistas colombianos e intérprete del vallenato.

Tampoco Celso Piña fue el primer introductor e intérprete mexicano de vallenato colombiano. Antes estuvo Miguel Laure Rubio, de El Salto, Jalisco, conocido como Mike Laure, quien en los 60 no sólo incursionó en los ritmos colombianos, sino trascendió como un pionero de la fusión de estos con el rock y el pop.

Para muestra dos botones: el vallenato titulado «039» creado por Alejo Durán Díaz, donde relata cómo una bella muchacha que conoció en una lancha cuando viajaba por el río San Jorge, al llegar a tierra tomó un auto y lo único que el cantante vio a lo lejos fue la placa del taxi con los tres dígitos 0-3-9.

Se la llevó el maldito taxi/ aquel cero 39/ Ay, lo que me duele, lo que me duele, /Lo que me duele, Válgame Dios, /0-39, 0-39, 0-39, se la llevó

La canción compuesta y grabada en 1959 por Durán fue recuperada por Laure en 1966 bajo una singular modalidad. Su grupo de rock Los Cometas (en remedo de Bill Halley) incorporó el acordeón, la guacharaca y, con los sonidos de la guitarra eléctrica, el bajo, y la batería inmortalizó el éxito de Durán.

Otra muestra es «La Banda Borracha», de Alfredo Gutiérrez, éxito vallenato en Colombia que Laure grabó igualmente en 1966 con el sello roquero-cumbiero de Los Cometas.
Laure fue definitivo en la transformación de la música tropical popular mexicana que retomó un Rigo Tovar o el Acapulco Tropical e incluso Los Xochimilcas entre los 70 y los 80.

Sin ello no puede explicarse el surgimiento —y temporal estancamiento— de Celso Piña, repetidor de esa fusión de ritmos, pero apegado a lo clásico: acordeón y percusiones en el más puro estilo vallenato.

Celso pasó una veintena de años en el ostracismo sin saber que su influencia, a su vez, sería decisiva para grupos como El Gran Silencio, surgidos igual que Piña de los barrios populares de Monterrey, creadores del Chúntaro Style, una fusión de rock, cumbia, norteña y ska. En la marea de la fusión roquera-tropical, Celso encontró su espacio sin romper con su credo. Colaboró con jóvenes a los que les llevaba una década de edad y logró su propio lugar sin abdicar.

La suya fue la convergencia con esa corriente en los tiempos en los que la música comenzaba a compartirse de otra manera; en la crisis de las disqueras y los músicos arrebatados en su promoción y en su medición de éxitos por el pirataje de la música y las nuevas oportunidades que daba el internet para la difusión y apropiación.

Lo que desafió Celso Piña en su terruño fue precisamente el uso del acordeón, mítico y sagrado en el Norte mexicano para la polca y la redova. Desastre y gloria. La incomprensión y el rechazo porque osaba desafiar la historia, el mito, la raíz.

Haga lo que doña Lola,
mejor baila sola
que con don Pomposo;
que siempre carga pistola
y también machete
y es muy afrentoso.
Música de mi norte
con acordeón
y con bajo sexto,
porque hay redova pa’l bailazo,
y sin miedo a la pistola
que siga el taconazo.

La canción «El Taconazo» fue uno de los emblemas de la música norteña, a la vez que una de los atisbos de fusión musical. Eulalio González, Piporro, fue el monstruo artístico que la hizo famosa encaramado en un estilo que daba tarjeta de identidad y acta de nacimiento a los regios. Si alguien dijo musicalmente cómo eran los regios fue El Piporro.

Desafiar con el uso del acordeón para propósitos distintos al taconazo era demasiado. Para empezar, en el acordeón norteño no suelen utilizar los bajos, los botones ubicados en el lado izquierdo del acordeón cuyo uso es fundamental en la interpretación del vallenato. Pequeño detalle.

«Y esta música, ¿por qué no se toca en vivo? ¿No pos quién la va a tocar? Pus yo la voy a tocar compadre. Y ahí está».

Así dice la voz en off de Celso Piña antecediendo los acordes de «Cumbia sobre el río» en el disco «Barrio Bravo» grabado en el 2001 donde incursiona para el gran público más allá de Monterrey.

La clave en «Barrio Bravo» fue alternar con Pato Machete y Blanquito Man, con «Cumbia sobre el río», o Rubén Albarrán de Café Tacvba, con «Aunque no estés conmigo» y «Cumbia poder» con El Gran Silencio. El disco también incluyó un vallenato clásico como «Gitana», de Roberto Calderón, hecho éxito por «Los Betos».

Piña lo grabó con Lupe Esparza de Bronco.

Al aflojar Celso en su tradicionalismo y vincularse con músicos de ska, rock, ranchera, pop, irrumpió en el gusto juvenil roquero y popular. Pronto se convirtió en un personaje indispensable en festivales como Vive Latino o el Cervantino y en animador inequívoco de las fiestas y reventones.

Del ostracismo a la universalidad. Su acordeón era el eje de la tocada a la que subordinaba todos los demás, artistas encumbrados o músicos principiantes.

Entre 2000 y 2018, Celso grabó 25 discos, amalgamado con los ritmos y los artistas de lo diverso. Entre 1980 y el 2000, como el ermitaño del Cerro de La Campana, en vallenato o cumbia pura apenas grabó cinco.

En 2004, quiso añadirle a su rebeldía un toque político y grabó «Hasta siempre», de Carlos Puebla, la oda al Ché Guevara. Pero, la «rebeldía» no podía ser tanta para compañías disqueras que increíblemente se espantaban con el tema en pleno siglo 21. La letra dice en una de sus estrofas finales: Seguiremos adelante / como junto a ti seguimos / y con Fidel te decimos: / «¡Hasta siempre, Comandante!».

A Piña le obligaron a omitir «y con Fidel te decimos» para simplemente cantar » y cantando te decimos».

En ese disco, cuya portada dibuja el rostro de Celso con una boina al estilo Ché, incluyó el vallenato «039» entre otras rolas.

Entre 2005 y 2009, en la espuma el éxito, Celso Piña recicló canciones y se dedicó a grabar recopilaciones. En 2005, grabó «20 grandes éxitos» y en 2007 la primera y segunda entrega de álbumes titulados «Doce grandes éxitos». La fórmula de las disqueras para sobrevivir en la venta.

Pero, Celso Piña tocaba por igual en grandes conciertos como en bares de mala muerte. Justamente, el concierto del Auditorio Nacional para celebrar sus 30 años de artista, en 2012, sirvió para un disco en vivo de gran trascendencia. Ahí invitó a su padre Isaac al escenario para cantar una de sus composiciones. Su padre le compró al Celso adolescente un acordeón viejo que según él contaba, apenas lo estiraba y venían resoplos, expulsiones de aire y volar de cucarachas. Ahí con ese cacharro aprendió, pegándolo con Diúrex e imaginando el éxito. Siempre le quedó agradecido a su padre por ese regalo que le cambió la vida.

Celso Piña Arvizu, famoso por tocar lo que otros, pero por hacerlo distinto y con una alegre manera de compartirlo, es ya una leyenda de la música popular. Siendo original, sin serlo; siendo auténtico montado en los remakes. Siendo sencillo y poco pretencioso sobre una simple filosofía que repetía en cada concierto: la música es música. Con información de http://www.zocalo.com.mx/reforma/detail/por-quien-dobla-la-campana

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