A LA OLMA VIEJA DE GUADALAJARA,
que dio nombre a una plaza y hoy es su mejor escultura contemporánea.
No entre hoja, flor, rama… el tiempo en ti bebe,
centenaria olma a cuya plaza llego,
mas tu fruto sí existe y no es el fuego,
aunque áspid del mal ya a tu tronco cebe.
Otra vida, tras siglos, tienes luego,
que muestra tu edad en flor fue muy breve,
pues viendo tu alzada, nadie se atreve
a negar que etapa aun haya en tu apego.
Mano diestra semejan hoy tus ramas
a lo azul del cielo alzada en altura;
doble horquilla en dedos, con las que apura
el tirachinas del cielo, al que llamas.
Y otro menor dedo, pulgar, que augura,
después de tanto, que ahora lo que amas
en plaza, urbe, orbe, alma, mundo… y lo aclamas
es ser ya madera izada a escultura
que mejor peina vientos en la Alcarria
y eleva mano diestra con más gracia.
