Comentario literario a «Romancero castellano y otros poemas»

 

Comentario del libro «Romancero castellano y otros poemas», por Antonio Herrera Casado en Nueva Alcarria, 24-4-2020.

 

 

 

El romancero castellano

Y ya acabando esta jornada de libros y lecturas, debo recordar cómo hace pocos días apareció un libro que hubiera venido muy a cuento usar para leerlo, entre unos cuantos más, este Día. Me refiero al “Romancero Castellano [y otros poemas]” que firma Juan Pablo Mañueco, y que aparece en Aache como número 15, y último de la Serie “Cantil de Cantos” en el que este escritor ha plasmado, a lo largo de los últimos años, una inmensa aportación en forma de nuevas estrofas, repaso a los clásicos, recopilación de saetas, homenaje a Gloria Fuertes, lectura de los místicos y muchas otras aportaciones.

Un amplio prólogo del autor explica intenciones yresultados. Dice así Mañueco al empezar su obra: “La base argumental de este libro se encuentra, efectivamente, en el amplio tesoro de los romances viejos castellanos, que aportan la mayoría de los asuntos. Yo sólo les que cambiado o ampliado las letras que la tra­dición nos ha transferido, añadiendo técnicas poéticas contemporáneas. Esta combinación de las viejas tramas y de la añeja estrofa en que van envueltos con los recursos y las metáforas contemporáneas… el lector dirá si está o no lograda en el libro”.

A mí me parece que está muy lograda, y que sus temas, su variedad, su brillantez, su sabia mano que dibuja y pule, ha conseguido un gran libro. Porque en esta ocasión, Mañueco se enfrenta al clásico repertorio de los romances de Castilla, interpretando numerosas piezas, a su manera, con su versificación peculiar, tan personal y con fuerza. Por eso desfilan en estas páginas cosas tan clásicas como “El cura sacrílego”, “El enamorado y la muerte”, “El arriero de Bembibre” o “El sol es de oro, la luna de plata”, revistos y reinterpretados.

Pero también surgen cosas que entusiasman y se aplauden con ganas. Así ese “Romance del caballero de Santiago, don Martín Vázquez de Arce, llamado el Doncel de Sigüenza”, o “El espartero mágico de Tórtola de Henares”, sin olvidar esa preciosa letrilla que baila tras el título de “Romance de la niña y el palacio del Infantado”, apurando la actualidad hasta componer un gran “Romance de la lavanda en Brihuega”.

Además de escritor, de poeta, de inventor de palabras y situaciones, Mañueco se desvela en este nuevo libro, que sale a luz en su “Día Universal”, como un gran amante de Guadalajara. Ah, caramba, si todos cuantos aquí vivimos le tuviéramos a nuestra tierra este cariño, esta admiración arrobada, esta sincera gana de homenajearla.

Apuesto entonces por estos libros, los tradicionales como “El Libro de Buen Amor”, de Juan Ruiz de Cisneros, o los contemporáneos como el “Romancero castellano y otros poemas” de Juan Pablo Mañueco. Porque en ellos se escucha la alegría de la tierra, que -como ha quedado demostrado en estos días aciagos de la peste del siglo XXI- es la única que da sin pedir a cambio, la madre última que nos parió, y nos acoge.

 

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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