HISTORIA DE ESPAÑA Y MEMORIA DE LA REALIDAD que yo he vivido entre mediados del XX y el primer cuarto ya largo del XXI
REGÍMENES BAJO LOS QUE HE VIVIDO Y ALABANZA DEL MENOS MALO DE ELLOS, QUE ES EL PRESENTE ¡TAN IMPERFECTO!,
en ninguno de los cuales mandé aunque sí pagué impuestos que tuve, a cambio de servicios peores a lo que sostuve, aunque sí he tenido libertad de expresión con este de 1978 (en diferentes grados según periodos, que van desde el bastante al inicio de la Transición al todavía suficiente de estos momentos), aunque nunca en mi vida he creído los grandes bulos que prometen todos los políticos para hacer ellos siempre lo que les conviene, y donde nunca pude elegir actos de gobierno –que sería la democracia-, pero ahora al menos puedo elegir la tendencia de quienes vivan mejor que los meros subordinados.

Yo fui escolar en una escuela donde el maestro nos reprimía con una vara cimbreante de mimbre, o de chopo u otra rama flexible
que pudieran chasquear ante los ojos asustados de los niños,
aunque, por lo general, no mataban a nadie,
y la leche en polvo que habían traído los americanos para mejorar la alimentación de la infancia española,
era amarilla y sabía a leche lo justo, sin excesos.
Mandaba el cura en el pueblo, y el alcalde
que obedecía al Gobernador Civil que vivía muy lejos.
Después fui yo el profesor en una España que decidió empezar y casi terminar la democratización
por las aulas de enseñanza
-por las estructuras de gobierno no, allí sigue el verticalismo de siempre, aunque se puede elegir la tendencia del grupo piramidal que mangoneará todo a su antojo y provecho, primeramente, y luego ya veremos-,
decidieron y casi concluyeron la “democratización” por la enseñanza, como digo,
de forma que las Enseñanzas Medias en esos tiempos de la Transición,
comenzaron a ser unos lugares en que la disciplina
escaseaba tanto como los salarios, que no podía decirse que fueran buenos.
Leímos en clase los libros que yo indicaba y fui feliz
interpretando en lectura con ellas y ellos,
mis alumnos, las obras geniales de Antonio Buero Vallejo…
Por ejemplo:
¡“Las Meninas”… qué delicioso cuadro de costumbres de la España del Imperio,
a través del universo
velazqueño,
y de su cuadro más universal y más local, y más luminoso y más bello…!
Todo ello
traído a la colación de los días presentes, como siempre hacía alegórico el genio
llamado Antonio Buero
Vallejo,
el asombroso autor teatral alcarreño,
que en el siglo XX sólo puede ser comparado o incluso superado en ese tiempo
por el otro formidable universo
valleinclanesco…
¡Buero,
que amén de eso
me demostró una vez que le entrevisté para un libro que era un grandísimo y muy humano caballero!
Por esas fechas empecé ya a escribir en serio,
revistas, periódicos, libros enteros,
¡ya se podían decir las cosas mucho más a las claras que Buero,
pero peor que él, pues ya digo que el trágico de nuestro tiempo
de nacimiento alcarreño
era un genio!
Un día incluso, ironías de la Historia, faltando ya Don Antonio,
me dieron a mí el Premio Regional Antonio Buero
junto con el Premio Cela y Cervantes, para que no me quejara de premios,
Y escribí y escribí y escribí
y trabajé y pagué impuestos, e impuestos e impuestos.
Recibir, siempre he recibido menos,
que lo pagado como sufrido pechero,
y lo entiendo…
¡Los gobernantes siempre se quedan con una ingente tajada de dinero
público para sus asuntos corporativos, de partido y de dar extras económicos al compañero,
al conmilitón que le ha ayudado a asaltar el público granero
y a quedarse con lo mejor para el placer y el disfrute del que disfruta del gobierno!
¡Es tan placentero
y tan erótico –según dicen- que al súbdito se le siga saqueando
y sacando tributos –ya lo dice la palabra:- impuestos
con la sola condición de al vasallo llamarlo ahora ciudadano!
Cuando cambian los gobernantes, los subordinados sólo cambian el nombre del dueño,
aunque ahora ya les llamen ciudadanos a los eternos
pecheros, fritos y ahogados a impuestos…
Sí, eso es lo que he visto y lo que pienso.
Y como lo he visto y lo he pensado lo escribo en esta ráfaga de viento.
Cambiar el nombre de las cosas y de los conceptos
para que todo siga siendo
igual que antes del falso movimiento
es lo habitual en el político y constante terreno,
Lo demás, es la Revolución, que además no cambia lo sempiterno:
los nuevos gobernantes también se acabarán corrompiendo
y exprimirán a los de abajo con abusivos y excesivos impuestos.
Eso es siempre la política, cuando nada real ni concreto puede decidir el pueblo.
Como ahora, que sólo se puede escoger tendencia entre unos y otros sacadineros.
Como con el dictador gallego,
cuando aún podía escogerse menos.
como con los dictadores de nuestro tiempo algo más dictablandos
pero tan ansiosos por el dinero
público como aquellos.
Tunos, tunos todos ellos o si no no se dedicarían a adular al pueblo,
sin dejarle ninguno que los votos en blanco se tradujesen en el Congreso
en escaños vacíos, que eso
sí que sería una moción de censura a la corrupción puesta como poder a disposición del pueblo.
En fin, no me quejo.
Aunque parezca que sí, no me quejo…
Puedo escribir los versos más descriptivos esta noche
y saber que todo ello es cierto…
Pero que hoy no vendrá la policía a mi domicilio
por haber escrito lo cierto.
El viento
de la vida gira y pasa, y noto que todo aquello
ya va quedando muy lejos.
Los tiempos
cambian… pero no, los gobiernos
son siempre los gobiernos…
más blandos, más duros o más tiernos,
pero que ninguno de ellos
deja que decida nada relevante el pueblo,
y siempre le da menos
servicios de lo que les cobra en impuestos.
¡Se lo reparten los gobernantes entre ellos!
Eso es todo de cuanto quería explicaros hoy sobre mi tiempo.
Otro día seguiremos.
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