Una película irregular que trata sobre una familia común donde la hija lo único que quiere es un perrito de regalo de cumpleaños y lo que recibe es un cerdito muy simpático, que se lo regala el abuelo.
Lo mejor es cómo va cambiando la relación de la niña con el abuelo, un personaje rompedor que aparece en la casa después de muchos años desaparecido llevando una maleta misteriosa y un viejo banjo en bandolera.
Lo peor es que está demasiado inmersa en politizar sibilinamente su contenido, dándole a los personajes que comen carne cara de malos-malísimos y que tienen la culpa de todo; y a los vegetarianos como lo mejor del mundo y los salvadores de esta tierra. Hasta el pobre Oink no cesa de tirarse ventosidades, ese horrible metano que contamina el planeta y es parte del problema del calentamiento global…

El progenitor es un pusilánime y la progenitora gestante es enérgica y segura de sí misma. Su malvado padre la abandonó de pequeña y es la tía la que se hace cargo de la casa. No quieren animales pero luego los vegetarianos aman al cerdito Oink, al que no dudan en amaestrar, y los carnívoros solo lo quieren para aprovecharse de él. Vamos, como si el guion lo hubiese escrito el mismísimo creador del movimiento Woke de Estados Unidos.
Aun así es entretenida y, sabiendo que el contenido es `prowokeliano´, esta muy bien hecha y pasas un buen rato.
2 ★★